jueves, 11 de febrero de 2016

El camino de los dioses de Antonio Cabanas

El autor ha realizado estudios de egiptología, lengua egipcia y escritura jeroglífica. Trabaja como piloto de transporte de Iberia. Desde 1990, es miembro de la Asociación Española de Egiptología.
Sus novelas, que tratan directa o indirectamente con temas egipcios, están escritas de forma sencilla y minuciosa, con análisis social de la época y dosis de aventura e incluso suspense.
Esta novela, sumamente entretenida y erudita, es absolutamente recomendable.





martes, 12 de enero de 2016

Don Emanuele Ruspoli, por su bisnieto Carlo Emanuele Ruspoli

Este artículo fue publicado en el Volúmen XVI del año 2013 de los Anales de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía.


Tercera página del volúmen, 

Separata con el artículo 
Primera página del artículo


Este es el texto original:

En Palacio Ruspoli  hay expuesto un lindo cuadro con dos elegantes señoras, todas revestidas de un crujido de sedas y de una nube de encajes: la madre, princesa de Liechtenstein, coge de la mano a su hija de 15 años, princesa Leopoldina Khevenhüller Metsch, ambas peinada a la moda de la reina María Antonieta de Francia, de la que fueron contemporáneas, con unas grandes pelucas. La joven Leopoldina se casó con Francisco Ruspoli, tercer príncipe de Cerveteri, viudo y doce años mayor que ella. Los chismorreos de la familia afirman que la noche de boda, Francisco se había vestido cómodamente, con una chaqueta de cámara y fumando en el estudio su inseparable puro, cuando su criado de confianza vino y le dijo: «Excelencia, me permito recordaros que la princesa os espera en su cuarto.» «Gracias, José, por habérmelo recordado.» contestó el príncipe que sin prisa apagó el puro, se arregló y alcanzó la joven esposa. Ella quedó en seguida embarazada y luego en secuencia dio a luz nada menos que siete hijos, el último de los cuales nació en el año 1800 y fue llamado Bartolomé.
Palacio Ruspoli en el siglo XVIII

Palacio Ruspoli en la actualidad
En aquellos años, Napoleón I  estuvo luchando en su primera campaña victoriosa contra los austriacos en la Italia del norte. Las familias de la aristocracia romana habían alcanzado poder y riquezas sirviendo durante siglos a la Sede Apostólica, por ello consideraban a Napoleón como un peligroso alborotador contra el orden constituido. Su cobardía fue tal que fingían ignorarle y no pronunciaban siquiera su nombre. Dado que pertenecía a una noble familia vinculada al papa, el joven Bartolomé no fue autorizado a interesarse a ideologías políticas. Pero sus padres no se ocuparon directamente de su educación, de la que estuvieron a cargo preceptores de confianza, durante las horas de estudio. Así que, recorriendo el palacio, el joven escuchó los discursos de la servidumbre y de los visitantes y paulatinamente empezó a formar su idea, aún indefinida, sobre Bonaparte y sobre los principios de libertad, igualdad y fraternidad. Su sentido de independencia y su curiosidad fueron ignorados por sus padres y sus preceptores. De aquí nació, aunque vagamente,  aquel embrión de liberalismo y de democracia y por consiguiente aquel espíritu del italiano rebelde contra el Estado de la Iglesia, que posteriormente impregnó las acciones de la rama Ruspoli de Poggio Suasa, de la que justamente Bartolomé es el jefe de línea.
Para complacer a su padre, Bartolomé se incorporó en el ejército pontificio y, al alcanzar el grado de capitán, fue enviado para mandar el presidio de la ciudad de Ancona. Y allí cometió el primer acto de insubordinación hacia la familia, casándose por amor con Carolina Ratti. Carolina fue una hermosa y dulce criatura, pero no pertenecía a la grande aristocracia y sobretodo no era la mujer elegida por los futuros suegros, tal como se acostumbraba en aquella época. Pero, como ocurre a menudo, resultó ser un excelente matrimonio y la pareja se mantuvo unida durante  toda la vida. En seguida después sucedió otro episodio aún más discutible: la plaza de Ancona fue sitiada por el ejército franco-piamontés, y en lugar de oponer resistencia, Bartolomé abrió las puertas de la ciudad al enemigo. Convocado ante un Consejo de Guerra, se defendió con éxito declarando: « El enemigo contaba con 2000 soldados y 100 cañones, mientras que yo mandaba 200 hom-bres sin artillería. Mi conciencia me impuso evitar la destrucción de la ciudad y la masacre de la población.» Tal vez su alma se sintió en aquel momento más italiana que pontificia, no obstante su decisión fue considerada savia, dadas las circunstancias y entonces le fue asignado el mando del castillo del Santo Ángel en Roma . Era la emblemática fortaleza vaticana  y cárcel de los presos políticos. Pero cuando le pidieron de confirmar la orden de ejecución de un patriota romano, no quiso seguir adelante. Prefirió dejar el mando, presentó su renuncia al servicio de la Sede Apostólica y se marchó de Roma para enrolarse en  el ejército piamontés para participar en las guerras del Resurgimiento italiano. Carolina, que en aquel momento estaba embarazada de Emanuele, le animó y le apoyó moralmente. Transcurrieron más de veinte años, Bartolomé se portó con honor, fue condecorado repetidamente y al final, herido y paralítico en ambas piernas, quiso ser llevado a primera línea en una silla de ruedas. Con este valor mereció una última medalla, pero al mismo tiempo ¡ay! su fiel sirviente no obtuvo ningún reconocimiento, ¡mientras empujaba la silla, medio muerto por el miedo!
La vida de Doña Carolina no fue fácil, pues vivió en Palacio Ruspoli en Roma, salvo alguna visita secreta a su marido en el Norte, porque fue mujer de un gibelino en una familia de fe güelfa. En este ambiente creció también su hijo Emanuele, nacido el 30 de diciembre de 1837, obligado a mostrase sumiso y obediente con los primos, mientras asimilaba de su madre con orgullo las hazañas de su padre patriota. Carolina dispuso de un apartamento dentro del palacio donde se alojó ella con sus hijos. Fue una buena madre, tuvo una visión reformadora en la formación de sus hijos, a los cuales acudió ella sola asumiendo todas las responsabilidades de su educación. Su marido estaba lejos y habiendo elegido Italia, no podía regresar a los Estados Pontificios, Francisco, tercer prín-cipe de Cerveteri murió en 1829 y le sucedió su nieto Juan, nacido en 1807. El nuevo jefe de la familia fue entonces coetáneo de Bartolomé y Carolina y afortunadamente demostró siempre afecto por su dulce tía, que con el pasar del tiempo fue cada vez más aceptada en la familia por sus cualidades de discreción y de bondad de ánimo. Emanuele creció por lo tanto en un ambiente familiar sereno y tuvo una infancia tranquila. Aprendió a leer y escribir de su madre y luego fue enviado al mejor colegio de Roma de los Jesuitas , donde adquirió conocimientos de italiano, latín, historia, geografía, matemática y ciencias naturales, demostrando ser un excelente estudiante, rápido, disciplinado e inteligente. Los Jesuitas no olvidaron, como es natural, los estudios religiosos que le impartieron en la Congregación Mariana de los Nobles. Esta tenía su sede en la Capilla de los Nobles contigua a la Iglesia de Jesús, por lo que el colegio, la iglesia, la capilla y el seminario ocu-paban una manzana entera de la ciudad.
Luís, hermano mayor de Emanuele, era aficionado a la equitación y seguía la caza del zorro en el campo romano, actividad deportiva y venatoria instituida desde 1838 por un noble inglés, Lord Chesterfield, residente a Roma por razones de salud. Emanuele nunca fue socio de la sociedad romana de la caza del zorro, pero montando uno de los hermosos caballos de silla de las cuadras de palacio, recorría el Corso hasta la plaza del Pueblo y extra muros la vía Flaminia hasta uno de los puentes romanos más antiguos e importantes sobre el Tíber, llamado entonces puente Mollo  y actualmente puente Milvio, por el nombre del magistrado Molvius que autorizó su construcción en mampostería en el siglo IV o III antes de Cristo. Allí frecuentó una escuela de natación y de remo, fortificando su cuerpo. Su semblante fue alto y delgado, porque había crecido de prisa y con el deporte había logrado una complexión atlética. Su nariz, etrusca típica de la familia, los ojos oscuros y  alegres, su pelo ondulado de color moreno cobrizo, le habían convertido en un hombre muy guapo.
En 1855 se inscribió a la facultad de jurisprudencia en el Studium Urbis de Roma , donde cursó tres años de estudios y trabó amistades peligrosas. En aquellos años en efecto toda la península estaba atravesada por movimientos irredentos: hombres de pensamiento, seguidos por numerosos patriotas, formaron dondequiera sectas secretas, que se llamaron de los carbonari . En ellas se conspiraba contra los señores que gobernaban los múltiples pequeños estados que dividían a Italia, originando manifestaciones y movimientos sediciosos. También en Roma hubo un intento de crear la República romana, que fracasó míseramente y fue ahogado en la sangre. Emanuele era el hijo de un patriota italiano que luchaba contra Austria, aliada de la Iglesia, así que no le fue difícil introducirse en el ambiente de los carbonari romanos. Hasta aquel momento, había demostrado su espíritu del resurgimiento solo una vez en el teatro Argentina, donde se representó una opera lírica de Verdi, con la presencia del gran compositor. En efecto la muchedumbre había largamente aclamado y Verdi se había deliberadamente  unido a las voces que decían “Viva Verdi”,  astutamente haciendo alusión al hecho que las iniciales que formaban el nombre del compositor podían interpretarse así: “Viva Vittorio Emanuele Re D’Italia”. Pero la situación se convirtió de repente en mucho más compli-cada, pues la policía del gobierno pontificio tenía informadores en todas partes y sin dificultad había localizado a Emanuele, junto con sus amigos Caffarelli, Pianciani, Savelli y otros como miembros de una secta secreta de los carbonari. Por suerte la familia Ruspoli tenía también sus propios informadores ya que Juan, que ocupaba un alto cargo de la Iglesia, se dio cuenta de estos indicios y en seguida avisó a Doña Carolina. Ella no se perdió de ánimo y fue en seguida a visitar su amiga la duquesa de Gramont para pedir su ayuda. El duque de Gramont era embajador de Francia ante la Sede Apostólica y tal vez no hubiera autorizado una intervención, pero no fue informado, porque la duquesa estuvo en todo, proporcionando a Emanuele una librea de la embajada. Así disfrazado, con una bolsa de táleros atada a la cintura, Emanuele montó a caballo y salió al galope de los Estados de la Iglesia para reunirse con su padre en un lugar más allá del río Po. La vida de Emanuele así tomó un cariz decidido: desde una infancia y una juventud mimada,  porque había crecido en un tranquilo ambiente familiar, hasta de repente el comienzo de una serie apremiante de acontecimientos azarosos, atrevidos, heroicos, amorosos, políticos tales de superar la capacidad de imaginación de un genial novelista.
Bartolomé, feliz y orgulloso de volver a ver a su hijo determinado a seguir sus hue-llas, le exhortó a alistarse como simple artillero en el ejercito piamontés y la sangre de lejanos antepasados reapareció, pues Emanuele se convirtió en un combatiente audaz y valiente. No luchó durante mucho tiempo como soldado raso, ya que se ganó la promoción a oficial en el campo de batalla por los meritos adquiridos. Durante un bombardeo austriaco, su batería de  obuses de campaña quedó sin oficiales: muertos el capitán y el teniente y gravemente herido el tercer oficial. Había que ajustar le tiro para luchar contra el fuego de los cañones enemigos, pero excepto por los oficiales, ningún subordinado entendía de trayectorias y de alcances de tiro. Emanuele había destacado entre los demás artilleros por su educación superior y fue natural que ante el enfureci-miento de la batalla, le fue pedido que tomara el mando de la batería. Entonces mandó elevar unos grados más los obuses para no golpear el campo de batalla, sino más atrás, la batería de los cañones austriacos. La maniobra tuvo éxito y la artillería enemiga fue silenciada.  Fue así que le promovieron a teniente en el acto y posteriormente le or-denaron ir a Turín para un curso de seis meses en la Escuela de Estudiantes para Oficiales. Cuando regresó al frente, participó al sitio y la conquista de Civitella del Tronto, ganando una medalla al valor. Sirvió al ejército durante cuatro años luchando las batallas del Resurgimiento y estas experiencias sirvieron para formar su carácter disciplinado, duro y autoritario. Fue entonces cuando su padre Bartolomé, que debido a la explosión cercana de una granada había sufrido una grave lesión que le había dejado paralítico de cintura para abajo, lo mandó trasladar al mando de la segunda división, gracias a sus méritos como heroico combatiente y gran patriota que le habían ganado la amistad del general duque Eugenio de Carignano, un Saboya primo del rey Víctor Emmanuel II. Al comando de la división, Emanuele se encontró nuevamente con su padre que no veía hace mucho e intentó disimular su emoción, así como su horror al verle tan disminuido. Bartolomé se dio cuenta y sintió una gran ternura: pero eran hombres fuertes y valientes, así que se abrazaron y empezaron a relatar sus reciprocas aventuras militares. Después de esto, fueron recibidos por el general. Este, después de los saludos habituales, así habló a Emanuele: «Capitán Ruspoli, estoy informado de su currículo militar y me complacen el sentido de disciplina, honor y bravura que usted ha demostrado en cada ocasión. Pero, sin quitar nada a sus méritos militares, considero que en este momento puede usted ser más útil a su país de una forma distinta, más delicada y probablemente más difícil. Me explico: el presidente Minghetti me ha pedido de elegir un oficial digno de una misión de confianza. No puede emplear un diplomático, en efecto, debido al máximo secreto de la misma misión. El País necesita una persona que tenga los requisitos siguientes: oficial en licencia, soltero, inteligente, posiblemente aristócrata y sobretodo bilingüe: su padre me ha informado de su conocimiento perfecto del francés. Si usted acepta, le concederé en seguida la licencia y le enviaré en seguida a Turín, donde el presidente Minghetti en persona le informará de todos los pormenores.» Emanuele se sintió orgulloso y curioso. Pero, por encima de cualquier otra consideración era un buen patriota, dispuesto a servir a su país de cualquier modo le fuera pedido. Así que contestó: « Agradezco, señor general, sus expresiones de estima y me declaro dispuesto para servir a la Patria hoy y siempre con todas mis capacidades.»
Así que, mientras que Bartolomé volvía a Roma con Carolina, disfrutando del in-dulto concedido por el papa Pío IX por intercesión de Juan Ruspoli, Gran Maestre del Sacro Hospicio Apostólico, Emanuele se presentó ante el presidente del Consejo de ministros Marcos Minghetti, que hacia poco había sucedido al Conde de Cavour, el gran político artífice de la unidad nacional, diplomático genial y gran tejedor de alianzas. Minghetti había recogido de Cavour y desarrollado la siguiente idea. Rumania había sido recientemente unificada y logrado su independencia bajo la guía del príncipe Cuza-Voda, quien reinaba sobre Valaquia y Moldavia, pero Transilvania, más de la mitad del territorio nacional, estaba todavía bajo el control del emperio Austro-Húngaro. Mientras que el rey Víctor Emmanuel II, con la ayuda militar de los franceses, luchaba en el frente occidental para liberar la Lombardía y el Veneto del dominio de Viena, una acción combinada en el frente oriental habría cogido el emperio entre dos fuegos,  obligándolo a  desplazar divisiones, a prolongar las distancias, a tener que resolver difíciles problemas de abastecimientos, a aligerar de una vez la presión sobre el frente italiano. Naturalmente una insurrección de los disidentes rumanos de Transilvania tenía que estudiarse atentamente sea por sus aspectos políticos que por los estratégicos. Tal vez el príncipe Cuza-Voda ya había pensado en esta posibilidad. Minghetti sabía que era necesario conquistar la confianza del príncipe y conocer sus intenciones en gran secreto, es decir, sin recurrir a los acostumbrados canales diplomáticos. De tal forma Viena no se hubiera enterado de una trama que podría haberla dañado seriamente. Si el príncipe se hubiera demostrado receptivo, entonces habría que resolver el problema de las ayudas al movimiento insurrecto de los rumanos de Transilvania. Llegado a aquel momento, se hubiera apelado a las cancillerías de media Europa. ¿Por qué habían elegido a Emanuele para esta misión secreta? Porque un príncipe romano podía llegar a Bucarest como un rico turista, conocer a los personajes más significativos, conseguir así el prestigio para obtener una audiencia con el príncipe Cuza-Voda  y lograr ganar su confianza. Emanuele aceptó sin dudas la misión que Italia le confiaba, recibió entonces una carta personal del rey Víctor Emmanuel II para entregar directamente en las manos del príncipe Cuza-Voda y fue provisto de un elegante guardarropa de hábitos civiles, divisa y cartas de crédito. Nadie, ni siquiera de su familia, pudo estar al corriente de la misión. Emanuele era un lector asiduo deseoso de incrementar su cultura, por lo que se proveyó de una pequeña biblioteca que incluía libros de historia, de ciencias políticas y de poesía. Cuando estuvo listo, se embarcó en Génova directo a Salónica y desde allí, a través de Grecia y Bulgaria llegó a Rumania. Fueron en total doce días de viaje, la mitad por mar y la otra en carruaje. El viaje preveía un día de parada en el Pireo, que le permitió visitar la Acrópolis de Atenas. Recordando sus estudios clásicos, recorrió de nuevo las huellas de la ciudad de Péricles y quedó fascinado por las ruinas que hoy todavía son testigo de la grandeza de una cultura que dio origen a nuestra civilización. El atravesamiento de Bulgaria fue de escaso interés, pero al final alcanzó la orilla meridional del Danubio, el río más largo que hubiera jamás conocido y que cruzó con el trasbordador que conectaba Giurgiu a Rose. En primavera el campo le pareció acogedor, muy verde por los campos de trigo aún sin dorar por el sol y lleno de flores de los albores de ilimitados frutales. Sin embargo Bucarest, sobre todo en su periferia meridional, le pareció como un suburbio muy amplio, con casas la mayoría de madera de dos o tres plantas, alineadas a lo largo de calles estrechas y tortuosas.  Pero al llegar al centro de la ciudad, descubrió al contrario, un fervor de obras, con numerosas construcciones de mampostería de estilo neoclásico. Los arquitectos e ingenieros de la nueva Bucarest habían cursado sus estudios en la Ecole Polytechnique de Paris y se inspiraban en ejemplos franceses contemporáneos. Así también la gente de buen nivel social estaba impregnada de la cultura francesa y hablaba perfectamente aquel idioma. ¡Se puede decir casi que el rumano se utilizaba solo para dar órdenes a la servidumbre! Para Emanuele había sido reservado un apartamento en el Bucuresti Grand Hotel , elegante y decorado con gusto, que estaba localizado casi en frente del palacio real. La llegada del ilustre huésped despertó curiosidad e interés, no solo porque era extranjero, en aquel tiempo había muy pocos por Bucarest, sino porque era europeo, un rebelde romántico y un perseguido político. Digno vástago de la sangre errante de Mario Escoto, Emanuele no se preocupó para nada y en seguida se convirtió popular con la buena sociedad de Bucarest, que se consideraba occidental, pero tenía marcadas características orientales. Además el hecho que Emanuele no podía regresar a su ciudad porque la policía pontificia le habría detenido en seguida, despertaba una fuerte emoción. En aquel país griego-ortodoxo un católico en contra del papa era muy admirado y respetado casi como un héroe. En palacio real  Emanuele se enteró que el príncipe no podía concederle audiencia hasta su regreso a Bucarest, pues estaba ocupado con un viaje de dos meses por las provincias del reino. Después de largas dominaciones del imperio Otomano antes y de los Hasburgo después, las provincias liberadas carecían completamente de los servicios esenciales y estaban muy mal administradas. Apenas se había empezado un proceso para crear la estructura administrativa del nuevo estado y la pobreza de la clase campesina hacía serpear aquí y allá movimientos sediciosos. El príncipe Cuza-Voda era amado por ser artífice de la independencia y con su presencia y sus promesas,  inflamaba los ánimos y despertaba el orgullo nacional. Pero Emanuele no tardó en comprender la situación y darse cuenta de la dificultad de su misión. Mientras, no obstante, tenía que aparentar como un rico turista, así que él, hermoso y atrevido, se convirtió en el soltero más cotizado de Bucarest. No se puede afirmar que fuera insensible a los contactos femeninos, pero, aún en el caso de que coqueteara, siempre estuvo precavido de no involucrarse. Así pasaron los dos meses y el príncipe Cuza-Voda regresó a Bucarest. Emanuele logró la audiencia y tuvo al fin un encuentro privado con el príncipe. El soberano leyó con atención la carta del rey Víctor Emmanuel II, mostrándose en seguida muy cordial y a disposición del huésped italiano. Con la premiosa que hubiera podido dedicarle solo una media hora, el encuentro se prolongó con una conversación franca como la reservada para los amigos. El rey le expresó: «Rumania, habiendo con-seguido su independencia, atraviesa momentos dramáticos. Necesito un largo periodo de paz para construir el Estado. Como nación, nos falta de todo. Nuestro tesoro está triste-mente vacío. Somos un país agrícola con amplias posibilidades productivas, pues el trigo y la fruta podrían alimentar una importante exportación, pero hoy  esto es imposible, porque antes tenemos que conquistar los mercados internacionales. ¿Se da cuenta, príncipe Ruspoli, que la cosecha de manzanas se utiliza en parte para alimentar cerdos y en parte se deja pudrir en los árboles, porque lo necesario para consumo interno solo necesita una parte mínima? No, no necesitamos ayudas militares. Necesitamos de la confianza de los grandes países europeos que nos ayuden con inversiones técnicas y financieras, a construir carreteras y ferrocarriles, una red de comunicación telegráfica y por último contribuyan a la creación de astilleros en Costanza, tan pronto como hayamos conseguido la anexión de la Dobrugia. Rumania, príncipe Ruspoli, es mi apuesta con el destino. Mas yo no aflojo en mi empeño: algún día esta será una gran nación.»   «Alteza» contestó Emanuele « he entendido bien el mensaje y por lo que está en mis posibilidades, no dejaré de trasmitirlo a nivel político. Pero no se que ayuda puede ofreceros mi patria, que está combatiendo duramente para unificar la península y crear a Italia. Yo mismo, después de esta vacación en vuestro entrañable país, ¡tengo que regresar al ejercito para cumplir hasta el final con mi deber!» Su misión no había obtenido el efecto esperado, pero Emanuele no tenía nada que reprocharse. Así que, al regresar al hotel, empezó a escribir tarjetas de agradecimiento y despido a las decenas de personas de la mejor sociedad local que había frecuentado durante su estancia en Rumania, cuando recibió una invitación inesperada de la princesa Catherine Conaki-Vogoridès para una breve estancia en su castillo de Sinaia  en las laderas meridionales de los montes Cárpatos. De origen griega, con pelo y ojos muy negros, con una piel de marfil, con un cuerpo espléndido de porte real, Emanuele se había fijado en Catherine desde su primer encuentro. Se habían visto varias veces durante las recepciones y habían hablado largamente: ella quiso saber todo de la vida de Emanuele, y él, tal vez con un poco de vanidad, siendo además un buen conversador, no se había hecho de rogar para relatar algunos episodios. Pero se sabe, ¡tenía solo veinticinco años y un pasado tan azaroso! « ¿Por qué no prolongo mi estancia de una semana o dos? » pensó, sabiendo que no se perdería la invitación ni por todo el oro del mundo. Y así, con un ligero equipaje, se presentó en el castillo de Sinaia. Construido al final del siglo XVIII, era un término medio entre una residencia de campo y un castillo, inmerso en una selva enorme de alerces y abetos. La decoración interior delataba el origen de la familia Conaki proveniente de la Anatolia: había frescos de personajes masculinos con turbantes, con pantalones blancos abultados, con babuchas de punta curvada con pompones de varios colores, con barba y bigotes enormes que les hacían parecer a personajes salidos de “Las mil y una noche” y luego de peonajes femeninos que parecían odaliscas veladas, con un fondo de jardines llenos de flores y de fuentes. «El Oriente no se junta tan fácilmente al Occidente, pues la fantasía aún forma parte de sus vidas », pensó Emanuele. En el castillo había otros invitados, dos parejas que Emanuele había conocido en Bucarest. Catherine hacía los honores de casa, habiendo dejado el marido y sus dos hijas en su residencia de la ciudad. Ella deseaba, de vez en cuando, separarse de la familia, yendo a su castillo cerca de los Cárpatos, para templar su cuerpo y su espíritu. Pero esta vez tenía en su mente un proyecto muy claro, porque estaba locamente atraída por Emanuele. En cuanto a él, no era el tipo para tiernas languideces: el amor por una mujer, por muy intenso que fuera, en el pasado nunca le había distraído de su independencia y de sus proyectos como patriota y combatiente. También en aquel momento tenía sus programas, anhelando un futuro político en una Italia unificada. Después de la anexión del reino borbónico de las Dos Sicilias, solo faltaban a la unión de Italia una parte del Veneto y el Lacio, que, junto con Umbría era lo que quedaba de los estados de la Iglesia. Emanuele no veía el momento de reanudar su lucha hasta la victoria final. En el castillo reinaba una atmósfera de cuento. La noche tarde, después que los otros huéspedes se retiraran, Catherine y Emanuele quedaron solos ante las vivas llamas de la chimenea. Él sintió surgir dentro un sentimiento nunca probado antes por aquella extraordinaria criatura. ¿Acaso se trataba del ambiente exótico? No supo decirlo, solo se enteró se ahogaba en un mar de placer y que nada le importaba más. Así que se relajó y pronto alcanzó una satisfacción de los sentidos nunca experimentada antes. Desde aquel día Catherine se convirtió no solo en su amante, sino también en su amiga y compañera: tenía el don de saber como volver completa la existencia de un hombre, pues sabía crear una perfecta armonía. Ella se ofreció a Emanuele en alma y cuerpo y decidió en aquellos días dejar a la familia para empezar una nueva vida a lado de su príncipe romano. Arrolla-dos por la pasión, ambos actuaron impulsivamente. Indiferente al escándalo, la primera dama de Bucarest dejó a su marido, sus pequeñas hijas y su país para seguir a Emanuele, que a su regreso en Italia reanudó la vida militar y fue enviado al frente. Catherine fue siempre una perfecta compañera y siguió a su hombre hasta en las campañas de guerra, de acuerdo con una tradición oral de la familia, se cortó su largo pelo negro y se vistió de ordenanza para estarle cerca bajo la tienda. Vivieron pues durante muchos meses como José y Anita Garibaldi. Pero todo ello afortunadamente terminó, ya que en 1864 el marido de Catherine falleció. Ella entonces se convirtió a la fe católica y en junio de aquel año se casó con Emanuele. Durante su breve vida conyugal dio a luz a Constantino en 1865, Eugenio en 1866, Mario en 1867, Catarina en 1868 y Margarita en 1870. Y murió de fiebres puerperales después del último parto en febrero de 1870. Esta infeliz mujer había agotado su vida en pocos años, sacrificando todo para su gran amor. Una mujer verdadera, con toda aquella ternura, sensualidad, volubilidad, calor y terco amor que formaron parte de ella. Para Emanuele fue un ser único y quedo desconsolado al recordar su breve y tormentosa existencia. Pero, respetuoso de la disciplina militar, siguió con su vida de oficial del ejército piamontés y formó parte brillantemente de la división Médicis en la guerra del 1866 y todavía seguía luchando a la muerte de Catherine. Después del matrimonio, Emanuele no había podido ofrecerle la ciudad de Roma y un digno puesto en aquella sociedad. Solo Dios sabía cuanto habría deseado hacerla conocer en su ambiente, pero era un exiliado político y había tenido que establecer la residencia de la familia en Senigallia a la orilla del mar Adriático, donde poseía un palacio y donde se reunía con su mujer para encuentros amorosos rápidos y vertiginosos. Cada año Catherine volvía a Bucarest para ver a sus hijas del primer matrimonio y para cuidar de sus intereses patrimoniales, pero el resto del tiempo lo dedicaba enteramente a los hijos de Emanuele, que crecían sanos y fuertes criándose en la finca de San Lorenzo en Campo  en la finca que llevaba el nombre de Poggio Suasa por una antigua ciudad de época romana, cuyas ruinas todavía se podían advertir. Emanuele estuvo presente en el  nacimiento de su quinta hija Margarita, que causó una gran preocupación al médico que la ayudaba. Fue un parto difícil y la madre agonizó entre los brazos de su adorado marido que la asistía con el corazón desgarrado por el dolor. Su Catherine había fallecido y el sintió que nunca habría podido amar a alguna otra mujer con el mismo arrojo. Los tres hijos varones tenían respectivamente cinco, cuatro y tres años, Catarina de un año y medio y Margarita de solo dos semanas. ¡Cuantos angustiosos problemas para un joven viudo! Pero las dificultades de la vida habían ya formado aquel carácter fuerte, que muchos lastimaron, de hombre poco flexible y de excesiva dureza.  Y en aquel momento fue justamente su carácter que le ayudó, estando solo con cinco hijos para componer antes de volver a su regimiento al término de su licencia. ¿Acaso trasladar los hijos a Roma? Imposible pensar en esta solución, en Senigallia había personal de servicio, elegido cuidadosamente por Catherine, la niñera para la recién nacida y un excelente superintendente para el control de la casa. Entonces pidió a su madre de reunirse con ellos y ella aceptó con cariño porque se trataba de una breve estancia en el Adriático ya que la anexión de Roma era, según decían, inmi-nente.
Emanuele regresó entonces a su batallón, con la seguridad de haber resuelto sus problemas domésticos lo mejor posible, justo a tiempo para participar a la marcha victoriosa del ejercito piamontés para la conquista de la Ciudad Eterna. Napoleón III había retirado de Italia las tropas francesas, que habían flanqueado los piamonteses en las victorias de Solferino y de Magenta, porque la Francia estaba duramente comprometida con el flanco alemán. Pero, aunque este flanco no hubiera existido, tal vez hubiera intentado detener un ataque al poder temporal de los pontífices. No obstante no pensó así Víctor Emmanuel II , que quiso completar cuanto antes la unificación de la península. En efecto, superada una endeble resistencia del ejército pontificio, la armada piamontesa tuvo vía libre y se presentó delante de los muros de Roma. Dado que los defensores de la  ciudad rehusaron abrir sus puertas, el comando piamontés decidió abrir una brecha a cañonazos. El 20 de septiembre de 1870, elegido un lugar a unos cien metros de la Puerta Pía, insigne monumento arquitectónico creado por la fantasía de Miguel Ángel y que de ninguna manera podía ser dañado, fue puesta en posición una batería de obuses, que con poco cañonazos abrió la histórica brecha. No hubo esparcimiento de sangre. Las tropas pontificias se rindieron y las piamontesas entraron y ocuparon la ciudad hasta la orilla izquierda del Tíber, mientras que los soldados aún fieles al papa se refugiaron en la orilla opuesta manteniendo el control del Vaticano y del castillo del Santo Ángel, con la autorización implícita del mando piamontés. Junto con los primeros Bersaglieri, entró por aquella brecha también el mayor de artillería Emanuele Ruspoli, con un nudo en la garganta por la emoción. Volvía en efecto a su ciudad once años después de haber huido de ella como perseguido político. Reveía calles y plazas queridas para su memoria, en medio a un jolgorio de muchedumbre, que le apretaban por todas partes para un abrazo afectuoso y pensó: «He aquí mi ciudad, tengo que dedicar mis energías para renovar esta ciudad que está por convertirse en capital de la joven nación italiana.» Todavía no tenía ganas de encontrarse con su primo el jefe de la familia y Gran Maestre del Sacro Hospicio Apostólico, aunque deseaba volver a abrazar a su padre. En lugar de ir a palacio, siguió así deambulando por las calles sin una meta en particular. En todas partes la gente le saludaba y aclamaba el uniforme italiano, demostrando con cuanto anhelo habían esperado la liberación. De repente Emanuele se encontró delante del Círculo de la Caza: este círculo, fundado por los socios de la caza del zorro el año anterior, estaba atestado de hombres de cada edad, que comentaban el día histórico que estaban viviendo. Emanuele no era socio, pero al aparecer delante la entrada con el glorioso uniforme, fue convidado a entrar y subir a la planta superior donde los socios más jóvenes le aplaudieron, mientras, a decir la verdad, los mayores, testarudamente papistas, prefirieron ignorarle. Entre los jóvenes, Emanuele vio algunos amigos de la infancia, que le sofocaron con preguntas, manifestando su entusiasmo por la unificación de Italia, le sentaron en el salón de la hospedería, le entretuvieron largamente y quisieron retar al ganador a una partida de cartas. Transcurrió así la tarde y cuando los amigos le invitaron para cenar les dijo que tenía que ir a su casa. Ya era tarde cuando se presentó en palacio Ruspoli: aquí también fue acogido con entusiasmo por el personal, con un abrazo afectuoso del padre y uno más frío del príncipe Juan. El 21 de septiembre de 1870 tuvo comienzo una nueva fase en la vida de Emanuele. Recibió un mensaje del anciano y competente duque Miguel Ángel Caetano, quien le convidó a palacio para comunicarle que había sido encargado por el gobierno italiano de formar una junta provisional de importantes ciudadanos para la administración de la ciudad. Por ello, Emanuele, con solo treinta y dos años, decidió dejar una prometedora carrera militar para iniciar una política que se reveló aún más rica de satisfacciones. Hombre de acción, ya conspirador por sus sentimientos democráticos liberales, oficial del ejercito italiano con una experiencia de diplomático, un matrimonio feliz truncado dramáticamente, puso una piedra sobre el pasado e inició la búsqueda de nuevos estímulos, porque su naturaleza le empujaba hacia los retos más difíciles.
Para controlar el traslado de la ciudad a la administración italiana, el gobierno decidió, en efecto, crear una junta provisional de gobierno para Roma, nombrando algunos eminentes ciudadanos, entre los cuales estuvo el príncipe Emanuele Ruspoli liberado de sus compromisos militares. La tarea principal de la junta fue la de asegurar el orden público y de convocar después un plebiscito popular para la adhesión de la ciudad al reino de Italia. No se perdió tiempo. La bandera italiana ondeó en el palacio del Quirinal  el 20 de septiembre. La junta tomó posesión el 24 del mismo mes y dos días después,  se enfrentaba con el espinoso problema de la enajenación de los bienes muebles e inmuebles pertenecientes a entes eclesiásticos. El 2 de octubre, por fin, se celebró el espléndido plebiscito que hizo latir de alegría cada corazón italiano, ya que casi todos los votos fueron a favor de la anexión. ¡Los votos negativos fueron menos de un uno por mil! Este éxito extraordinario fue la prueba que los tiempos ya eran maduros para el ocaso del poder temporal de los pontífices. El 8 de octubre, la junta promulgó su último decreto y acabó su mandato para ser sustituida por un comisario de gobierno. En solo doce días la junta desarrolló una labor extraordinaria, aunque Emanuele, más impulsivo que  analítico, lamentaba que no se hubieran tomado todas las medidas que el patriotismo de sus miembros le había inspirado. Para los que habían formado parte de la junta, fue el primera experiencia de gobierno de la ciudad en el momento históricamente más delicado, es decir que cuando el Vaticano se consideraba expropiado del poder temporal por el arrogante gobierno italiano, mientras que era necesario apaciguar los ánimos, imponiendo discreta-mente el nuevo curso. Emanuele empezó a estar convencido que en el futuro sería llamado para administrar su ciudad. Se puede afirmar que ningún afecto o atadura familiar le hubiera distraído de los objetivos políticos que anhelaba y que logró conseguir rápidamente y con la máxima determinación. Durante el mismo mes de octubre de 1870, una comisión romana se trasladó a Florencia para entregar al rey los resultados del plebiscito para la anexión de Roma a Italia. Dicha comisión estaba presidida por Miguel Ángel Caetani, duque de Sermoneta y compuesta por los príncipes Honorio Caetani y Emanuele Ruspoli, ambos jóvenes y gallardos. Cuando a continuación en palacio Pitti  se hizo entrega formal de los resultados del plebiscito romano a Su Majestad, la mu-chedumbre que abarrotaba la plaza pidió a viva voz que se asomara la comisión. El venerando Miguel Ángel Caetano rogó entonces a Emanuele, cuya voz era más estentórea que la suya, de saludar con unas palabras a la gente en la plaza. El discurso de Emanuele fue felizmente improvisado y suscitó varias veces aplausos ardientes. Con un estilo imaginativo y palabras vibrantes, el orador resumió los recientes acontecimientos de la historia de Italia, que habían obligado a la toma de Roma. Luego, cada vez más apasiona-do y acalorado por su fogosidad, remontó atrás en el tiempo, demostrando cuantos obstá-culos a la libertad de palabra habían interpuesto el poder temporal de la Iglesia, y esbozó las figuras de Savonarola, Arnaldo de Brescia y de otros mártires, que habían sufrido la muerte en la hoguera o en el patíbulo por su inagotable sed de libertad y amor de patria. Por primera vez en su vida Emanuele se arriesgaba con un discurso político y superó la prueba con la desenvoltura de un veterano. Sintió por primara vez vibrar el auditorio y probó un escalofrío de placer, en cuando se dio cuenta que los que le escuchaban estaban de su parte. Otro valor había nacido en él, le de una oratoria eficaz y cautivadora. Esta arma política la explotó con éxito cuando, tres años más tarde, fue elegido diputado de la XI legislatura en los distritos de Fabriano y de Foligno y reelegido en todas las siguientes hasta la XVII; alcalde de Roma unos años más tarde, cargo que conservó hasta la muerte y por último senador del reino  desde 1896.
Desde el final de los años ’70, doña Carolina, fue la abuela afectuosa y supo criar los cinco nietos con la sabiduría y la inteligencia que todos le reconocían, aliviando Emanuele de todas las preocupaciones de tipo familiar. Así él pudo dedicarse plenamente a librar sus batallas en el parlamento. La primera fue la del delicado problema de la supresión de de las corporaciones religiosas de Roma, extendiendo la ley de derogación ya vigente en el resto de Italia. La decisión era esperada ansiosamente no solo en Italia, sino también por las potencias extranjeras, que deseaban que las aclaraciones con el Vaticano llegaran cuanto antes.  ¿Por qué tanta espera? Pues porque de dicha ley hubiera dependido la posición jurídica nada menos que del Vaticano.  Las relaciones de la Iglesia con el poder civil italiano eran muy dificultosas. La ocupación de Roma frustraba las esperanzas del clero sobre el fracaso del movimiento del resurgimiento, de tal manera que habrían probablemente deseado con entusiasmo una intervención extranjera que activara un movimiento revolucionario. Italia había resuelto con la fuerza el problema de Roma, había denunciado las convenciones internacionales y había hecho prevalecer el interés y el derecho nacional. Sobre este tema de la supresión de las corporaciones religiosas el Parlamento mantenía una postura dudosa. El honorable  Ruspoli tenía las ideas muy claras al respecto, era un orador hábil, insistente y persuasivo. También por sus méritos, la ley fue extendida a la ciudad de Roma. Como dijo el hon. Pisanelli, defensor de las mis-mas ideas: « ¡Por la brecha de Porta Pía entran las leyes del reino de Italia! » En los debates parlamentarios Emanuele se mostraba intransigente y polémico. Un día que criticaba el gobierno por dejar a Roma, haciendo huir de la ciudad los mejores elementos de pensamiento liberal, fue interrumpido por el presidente del Consejo: « ¿Qué tendríamos que haber hecho? ¿Acaso no os hemos liberado? » La respuesta rápida del hon. Ruspoli fue: « ¡Vosotros debilitasteis la fe que había inspirado en el país el patriotismo de aquellos que regresaron del exilio y de las batallas patrias! » Expresaba clara-mente un sentimiento personal con amargura, habiendo constatado que la política borra paulatinamente los impulsos ideales. Y otra vez que el presidente del Parlamento se atrevió a murmurar al final de una intervención del hon. Ruspoli: « ¡Discurso tribunicio! » Obtuvo una réplica inmediata: « ¡Señor presidente, consiéntame contestarle que entre tantos pretorianos, un tribuno está muy bien! »
En el plano afectivo, sin embargo, el vacío dejado por el fallecimiento prematuro de Catherine había sido remplazado en cierto sentido por la fogosidad y hasta por la rabia que demostraba en su acción política. Sui madre, próxima a los ochenta, se preocupaba por el porvenir de los niños y pensaba que Emanuele necesitaría tener una mujer a su lado, sea para sustituirla el día que ya no estuviera, que para dulcificar su carácter que se estaba volviendo cada vez más rígido y duro con el pasar del tiempo. Así que le presentó a doña Laura Caracciolo, una hermosa y refinada señora de la aristocracia napolitana, entonces con veintitrés años. En los asuntos del corazón, Emanuele no parecía interesarse. Pero aceptó de encontrarse con doña Laura, solo que cuando trascurrían un poco de tiempo juntos, Emanuele se volvía ausente con el pensamiento y se despertaba de repente solo cuando la conversación vertía sobre Roma. No era el compañero ideal, algunas veces era hasta descortés. Pero su madre y doña Laura nunca se desanimaron. Doña Laura estaba fascinada por aquel guapo cuarentón, que frecuentaba la Casa Real y todos los principales hombres políticos, que se sentaba en los bancos de derecha en un Parlamento donde sus discursos eran a menudo apreciados por la izquierda. Su matri-monio fue en julio de 1878. Emanuele había adquirido un palacete en la calle de San Nicolás de Tolentino, cerca de la plaza y del palacio Barberini , donde se trasladaron todos sus hijos del primer matrimonio. Doña Laura tomó sabiamente las riendas de la familia y dado que en esta faceta Emanuele prefería hacerse guiar, sugirió de tener en casa a las niñas e ingresar los varones en el colegio. Fue así como Constantino y Mario entraron en el colegio Nazareno de Roma, mientras que Eugenio, de carácter rebelde e indisciplinado, ingresó por voluntad paterna en la Escuela Militar de Florencia.
Emanuele en aquel tiempo estaba concentrado en otra gran batalla parlamentaria. Hay que saber que la historia de Roma estaba marcada por decenas de desastrosas inundaciones causadas por el Tíber y registradas desde siglos en los anales de la ciudad. Estas inundaciones producían indefectiblemente daños materiales y pérdidas de vidas humanas, no solo por ahogamiento sino también por las exterminadoras epidemias que seguían después. Una de las crecidas más funestas se había producido durante el invierno 1870-1871, cuando las aguas habían sumergido todo el centro urbano. Justo como tres siglos antes, cuando una barca de pescador se había encallado en la plaza de España y el padre escultor de Juan Lorenzo Bernini, decidió inmortalizar el hecho creando la famosa fuente, llamada por esto “la Barcaccia” . El gobierno italiano propuso resolver en seguida el problema, dado que la nueva capital no podía estar sumergida cada vez que hubiera una crecida del Tíber. Este río no era querido por los verdaderos romanos, porque no había paseos a lo largo del río, sino que se asomaban al mismo las fachadas de servicio de casas y palacios. Se debatió entonces largamente un proyecto de ley denominado como el saneamiento higiénico de la ciudad de Roma y durante años muchos proyectos que fueron todos rechazados fueron sometidos a la comisión encargada. Al final fue aceptado el proyecto de la oficina técnica municipal, que preveía la demolición de todos los edificios a las orillas del río hasta una profundidad de veinte metros en ambos lados para crear dos avenidas arboladas a un nivel de 18 metros, tal para asegurar para siempre la protección de las inundaciones. El río quedaría cerrado por dos murallas de travertino, que habrían incorporado en la orilla izquierda la isla Tiberina , enterrando el histórico puente Fabricio . Este antiguo puente de veintitrés siglos, fue el primero construido en Roma para conectar la orilla etrusca, allí donde se estrechaba el curso del río. El hon. Ruspoli apoyó el proyecto con la condición que se salvara íntegramente la isla Tiberina. Curiosamente la mayoría parlamentaria se le opuso en este punto, demostrándose en cambio favorable al proyecto integral. Para Emanuele, la desaparición del puente romano, restaurado por un papa y por lo tanto admirablemente conservado, como también la supresión del brazo izquierdo del río con la desaparición de la isla, representaba una ofensa a la memoria histórica y arqueológica de la ciudad. Terco en su pensamiento, después de meses de batallas oratorias, ganó por fin también esta vez; a él por lo tanto se debe la conservación de un legado de la mayor categoría.
En casa, mientras doña Laura cuidaba cariñosamente las pequeñas Catarina y Margarita, pero estaba muy afligida por no ser capaz de dar a Emanuele un hijo de su propia sangre. Pasaba el tiempo y su vida se llenaba de encuentros mundanos, era famosa, apetecida, pero infeliz a causa de su esterilidad. Por fin, tres años después de casarse quedó embarazada. Pero fue un embarazo complicado y unos meses de guardar cama la permitieron de dar a luz un niño, pero ella no pudo sobrevivir. El sexto hijo de Emanuele, Camilo, nació pues huérfano de madre y de abuela que había fallecido el año anterior, y tuvo una niñera que venía de la Ciociaria, una provincia campesina que suministraba niñeras para las buenas familias romanas. Sus hermanas tuvieron una buena nanny  inglesa, miss Coleman, que se demostró óptima con las niñas y con el gobierno de la casa. Emanuele se había acostumbrado a comer en casa, pero por la tarde, mientras que no tuviera invitados, cenaba fuera.
Había sido elegido ya por primera vez alcalde de Roma y se preocupaba del escán-dalo de los especuladores edilicios en la ciudad. Convencido sobre la necesidad de regular adecuadamente el desarrollo de la construcción, convidó a Roma el Barón Haussmann, conocido artífice de los bulevares parisinos en calidad de prefecto del Sena.  Con una visión urbanística inteligente e increíblemente moderna el Barón declaró: « La vieja Roma ha mantenido un carácter histórico y artístico único en el mundo y todavía está protegida por una corona verde formada por viñas y jardines. Conservadla así como está: intervenid solamente en restauraciones conservadoras, haced que sea un museo viviente. La nueva capital, con todos los edificios públicos y las residencias de los funcionarios, construidla en la zona próxima más saludable, es decir sobre los altos del monte Mario.» La propuesta Haussmann fue debatida en el consejo comunal pero al final fue rechazada porque en una época de paseantes y de coches de caballos, ¿Quién hubiera escalado los cien metros de desnivel existentes entre los prados de castillo y la cumbre de monte Mario? Como alcalde, Emanuele en primer lugar reorganizó las oficinas municipales, que parecían escasamente eficientes. Tuvo buen olfato en rodearse de buenos colaboradores y el municipio empezó a funcionar convenientemente bajo su guía inflexible. Entonces pro-yectó un amplio programa de actuaciones que iba desde los hospitales a la asistencia para las clases más necesitadas, a las escuelas y colegios y a las grandes obras públicas, pero siempre con un ojo atento al balance y a los posibles ingresos financieros. Ocupando al mismo tiempo el cargo de diputado, llevó con autoridad la voz de Roma en el Parlamento, luchando para obtener ayudas del Estado a su programa y haciendo hincapié que el Ministerio del Interior impusiera a la ciudad unas obligaciones, sin preocuparse sobre como financiar los gastos relativos. Fue un grande e implacable adversario de todas las trabas y obstáculos que abierta o veladamente intentaron de mil maneras estorbar a su obra. La dureza que algunos criticaron estaba causada solo por su desprecio a los intrigantes, cabilderos, traficantes y especuladores. Pareció en un momento dado que estos últimos tuvieron ventaja cuando consiguieron excluirle de las elecciones administrativas, pero fue una victoria de corta duración y que se volvió favorable a Emanuele, porque consiguió volver a entrar mediante una espléndida votación en el consejo comunal, se quedó y fue elegido nuevamente como alcalde presidente. Desde entonces fue alcalde de Roma hasta su muerte.  Avanzaron por aquellos años las obras de encauzamiento del Tíber, mediante la construcción de unas murallas macizas. Todas las áreas de  los prados de castillo fueron así protegidas de las crecidas del río e incluidas como zonas de expansión urbana en la redacción del primer plan regulador urbanístico ciudadano, que sería aprobado finalmente en el año 1883. Emanuele fue un hombre integro, de una honestidad ejemplar. Era propietario de una amplia zona de los prados de castillo, que fue recalificada como área de expansión. Pues bien, unos meses antes que fuera presentado el nuevo plan al consejo comunal, vendió dichos terrenos por unos pocos centavos, diciendo: « ¡Si no lo hiciera, me arriesgaría a no decidir por lo mejor, al estar condicionado por un interés privado mío!»
A Víctor Emmanuel II le había sucedido el rey Humberto I  y con el pasar del tiempo, se había convertido en costumbre que los principales problemas de la capital fue-ran examinados y discutidos en el palacio del Quirinal entre el rey, el presidente del consejo y el alcalde de Roma.
Muchas iniciativas encontraron entonces su solución, porque sin la participación del estado, nunca se habrían realizado obras grandiosas como Corso Víctor Emmanuel  (que conecta Largo Argentina al Tíber, con un corte atrevido a los barrios más antiguos) o el paso muy elevado sobre el Muro Torto  (para dar acceso al Pincio desde Villa Borghese) o el paseo arqueológico ante las Termas de Caracalla  o el túnel que une la vía Nacional con la vía del Tritone. El rey Humberto temía que los anárquicos colocaran una bomba en el túnel, haciendo saltar por los aires el palacio del Quirinal que se encuentra encima del mismo. « ¡Lo siento Majestad, pero  antes de todo viene el interés de la ciudad de Roma! » fue la contestación de Emanuele a las dudas del rey. Diez años más tarde el rey murió por un atentado anárquico, pero no en Roma, sino en la ciudad de Monza.
En una época en que el gobierno italiano no mantenía relaciones con el Vaticano, el alcalde tuvo el gran merito de saber evitar desacuerdos entre la Santa Sede y el Municipio. Durante los últimos diez años, en caso de que hubiera un problema, enviaba la princesa a una audiencia con el papa, pero a la vez procuraba resolver el malentendido en su oficina del Campidoglio. Autoritario y con una voluntad de hierro, como ya dijimos,  hacía temblar a todos. Un día que la plaza del Campidoglio estaba repleta de gente vociferante por una acción de protesta, él no se descompuso, se puso el cilindro, encendió un puro y salió en medio de la muchedumbre. La aglomeración, silenciosa, abrió un pasillo y le dejó pasar sin un gesto hostil. ¿Y si hubiera sido pequeño de estatura y tímido, con un aspecto frágil? Era imponente y con aspecto solemne. La altivez, de por sí, es antipática, pero el orgullo en ciertos casos se puede convertir en virtud.
En 1889 se casó con Josephine Beers Curtis: fue su tercer matrimonio. Los Curtis, desembarcados del Mayflower en América,  el nuevo mundo de los pioneros, formaron parte de la upper class  de los Estados Unidos y se convirtieron en ricos banqueros. Des-pués de dos siglos decidieron volver para conocer al viejo mundo y se enfrentaron a una travesía del Atlántico unos padres con una hija de quince años, mientras que la segunda hija nacería al año siguiente. Dicha travesía fue tan borrascosa y la familia sufrió mareos tan atroces que al llegar a París, decidieron establecerse allí, renunciando a volver a Philadelphia. Josephine, nacida en París, debe ser considerada medio americana y medio parisina.  Los Curtis fueron orgullosos de pertenecer  a los Empires builders  porque habían contribuido a crear el gran imperio financiero americano. Representaban pues la aristocracia del trabajo que buscaba un ensalzamiento uniéndose con la aristocracia europea, rica de historia y de gloriosos recuerdos. La joven Elisabeth Curtis se casó en Paris con el duque de Talleyrand Périgord, descendiente del famoso ministro de Napoleón I. Fue una mujer inteligente y enérgica que mandaba en casa y fuera de ella, como una especie  de abeja reina. En su palacio de Paris recibió la mejor sociedad francesa, así como austriaca, rusa, inglesa y americana. Además tenía el empeño de arreglar matrimonios.
Después de la muerte prematura de Constantino, Emanuele se hizo acompañar en una misión parlamentaria en París por su hijo Mario de veinte años y dispuesto a iniciar una carrera diplomática. Elisabeth conoció entonces ese joven soltero, príncipe romano, le presentó a su hija Palma de  Talleyrand Périgord y consiguió que se casaran. Todavía insatisfecha, habiendo conocido en la ocasión a Emanuele , entonces viudo cincuentón, príncipe de Poggio Suasa, diputado del Parlamento italiano y alcalde de Roma, envió a su hermana Josephine con motivo de un viaje turístico y cultural, como es natural, huésped en palacio Ruspoli. Así pues consiguió arreglar este segundo matrimonio. Mario fue un poco trastornado porque se encontró con una madrastra de su edad y tía de su mujer. Emanuele, que nunca quiso escuchar la opinión de sus hijos, estaba encantado con una mujer joven de menos de la mitad de sus años, una gran señora internacional y de clase alta, que le permitía un nuevo comienzo y un regreso a los afectos familiares olvidados hace tiempo en el torbellino de su carrera política. Su carrera ya tan consolidad que le permitía tomarse alguna agradable diversión. La vida para él había sido muy generosa, le faltaba solo el título de senador que obtuvo en 1896, había visto duplicar en dos décadas la población de su ciudad en base a los eficaces programas dibujados por él mismo y había gozado de los años inolvidables de su gran pasión con Catherine. Era un hombre satisfecho, trabajador incansable, que seguía sin desviarse del camino que se había traza-do.
La princesa Josephine fue una mujer afectuosa y discreta detrás de la sombra de su gran hombre. Pero supo secundarle también con inteligencia en las relaciones públicas, contribuyendo con un toque de elegancia y de savoir-faire  que la permitieron alcanzar éxito y excelentes amistades en la sociedad italiana e internacional. Mientras, Emanuele conseguía reconocimientos y atestados también en el extranjero: incluso fue condecorado con la gran cruz de la Orden del Águila Blanca  por el zar de Rusia y también en aquella ocasión, Josephine estuvo a su lado. Una gran preocupación de Emanuele era su hijo Eugenio, inconstante e indisciplinado, quien había decidido encontrar a su destino en la exploración de las tierras de África. No dejó de llevarle el ejemplo de su hermano Mario e intentó disuadirle de todas las formas, hablándole de los peligros de estos viajes y de los muchos que no habían regresado de ellos. Pero Eugenio fue más testarudo que su padre y nada hizo que cambiara de idea. Así que al final Emanuele se rindió a la idea y le ayudó en la hazaña, también porque el joven habría podido encumbrar aún más el nombre de la familia, y a la vez haría un buen servicio a su País. En abril de 1891, justo cuando nació Francisco, primer hijo de Josephine, Eugenio partió para su primera misión en Somalia. Al año siguiente Josephine dio a luz a Victoria, mientras que su tercer hijo, nacido en 1894 después de la trágica muerte de Eugenio el explorador, se llamó con el mismo nombre en memoria del heroico pero desafortunado hermanastro.
La energía que Emanuele prodigaba en todos sus actos y su excelente aspecto físico no dejaron sospechar que fuera seriamente enfermo. En aquel tiempo no existían curas válidas contra la diabetes. Empezó rápidamente a  desmejorar. Siguió yendo a su oficina en el Campidoglio hasta el mes de octubre de 1899, pero luego se sintió tan débil que guardó cama durante el mes siguiente. La princesa Josephine estaba aterrorizada: todavía era joven y sabía que hubiera sobrevivido a su marido, pero no de cincuenta y tres años, como de hecho ocurrió. Ella dividía el tiempo entre los niños de ocho, siete y cinco años ignorantes de la tragedia en ciernes y la cama del marido. En el palacio reinaba una gran tristeza. Emanuele se encontraba prácticamente en coma, cuando en las primeras horas del 29 de noviembre su médico, el ilustre profesor Baccelli ordenó una sangría que pareció aliviar de momento al enfermo. Pero saliendo de la habitación dijo el profesor: «La situación es desesperada, el fin es inminente.» Cuando su sufrimiento terminó a las 9:15 horas, estuvo presente el párroco para darle la extremaunción y rezar las oraciones para los difuntos. En el cuarto adyacente se encontraban la princesa, el hermano Luís, el caballero Albertini, jefe de su gabinete y el caballero Bianchi, secretario general del ayuntamiento. Tras el aviso, se personó en seguida el pro-alcalde con un aspecto literalmente trastornado. El Campidoglio  expuso la bandera a media asta y los romanos honraron la memoria de su alcalde durante tres días de luto oficial.
El tres de diciembre una lenta procesión atravesó el centro de la ciudad entre dos tupidas alas del pueblo conmovido. A lo largo del recorrido se dispusieron en orden dos hileras de soldados en posición de presentar las armas. El coche funerario, con seis caballos enjaezados a luto, estuvo flanqueado por los dos lados por el servicio de la casa en librea, a continuación iba la princesa viuda con sus tres niños: Francisco, Victoria y Eugenio, los hijos: Mario, Catarina y Margarita con sus consortes, las más altas autoridades del Estado, el consejo municipal al completo, el cuerpo diplomático acre-ditado ante el Estado italiano y los representantes de todas las instituciones benéficas y asistenciales fundadas por el difunto. La procesión terminó ante la iglesia parroquial de San Bernardo, donde el cardinal vicario había autorizado el ingreso de los restos mortales de Emanuele para celebrar una misa para los difuntos. Sin esta autorización, los restos hubieran podido solo ser bendecidos ante el entierro. Este fue un postrero gesto de generosidad del Vaticano ante el primer funcionario de la administración civil romana, en un tiempo en que la Santa Sede no había todavía olvidado la ofensa recibida de Italia y máxime cuando la familia real de los Saboya todavía estaba excomulgada.

Y este es el enlace con la separata: Don Emanuele Ruspoli


viernes, 8 de enero de 2016

Hombres buenos, de Arturo Pérez-Reverte

Recomiendo la lectura de esta excelente novela. En la biblioteca de la Real Academia Española existe una colección completa de la Encyclopédie, ou dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers / par une societé de gens de lettres, mis en ordre et publié par M. Diderot … et quant a la Partie Mathématique, par M. D’Alembert. Son 28 tomos encuadernados en piel algo deteriorada, con el sello y el ex libris correspondiente, pertenecientes a la edición princeps que, con una tirada algo inferior a los 5.000 ejemplares, fueron apareciendo entre 1751 y 1772. Cuando la primera de estas fechas, la RAE tenía ya casi 40 años de vida, y los seis tomos de su Diccionario de autoridades se habían publicado entre 1726 y 1739. A partir de estos datos históricos, Arturo Pérez-Reverte escribe una novela que integra la mayoría de las claves literarias de su autor y constituye un cumplido homenaje no solo a la corporación de la que es miembro de número desde 2003, sino también —y esto es sin duda más importante— a la Ilustración y el racionalismo. Causas por las que muchos españoles, y no solo los académicos, lucharon en una batalla incruenta a lo largo de un siglo gris, decadente en lo épico, pero sumamente fructífero en una contienda no del todo perdida, pero tampoco suficientemente ganada. Me refiero a la de hacer una revolución para la que no harían falta otras armas que el libro y la palabra, según dice uno de los personajes históricos aquí presentes, el francés D’Alembert, frente a la otra opción, la de “un baño de sangre que preceda al baño de razón” defendida por otro de los protagonistas de Hombres buenos, esta vez ficticio: el abate Bringas.



Pérez-Reverte es un hábil constructor de personajes, que se erigen ante nuestros ojos, convincentes, por lo que hacen y por los diálogos en que participan. Los dos mencionados lo son, así como otro protagonista que los asesora en sus pesquisas bibliográfico parisienses, el ya citado Salas Bringas Ponzano, un “español radical y sanguinario que acabó en la pandilla de Robespierre” y en la guillotina. Pero todo parece proyectar como héroe de esta historia a quien en la RAE llamaban “el almirante”, pero aparentemente es un personaje “de perfil bajo”, como se suele decir. Se trata del brigadier Zárate, que protagoniza algunas de las escenas más logradas; por caso, el ataque a los académicos por los salteadores de caminos en el viaje de ida, el duelo con un amante de Margot Dancenis, la escena amorosa con esta y la recuperación final de la Enciclopedia, robada, ya en el regreso a España, por otro personaje de una pieza, el mercenario Pascual Raposo, comisionado para que hiciera fracasar la operación bibliográfica por otros dos miembros de la RAE, el ultramontano Manuel Higueruela y el “figurón pedante” e ilustrado radical Justo Sánchez Terrón. Son todas criaturas ficticias, pero el brigadier lo es solo relativamente: en él luce la memoria de un académico no ha mucho fallecido al que el novelista dedica su obra junto a Antonio Colino, Antonio Mingote o Gregorio Salvador, al que también hace aparecer en la trama con su propio nombre.

miércoles, 6 de enero de 2016

El Contador Mayor Álvarez de Toledo, por Manuel de Parada y Luca de Tena

Es bien conocido el gran número de judíos convertidos a la fe cristiana que asistieron en las cortes de los Trastamaras. Alguno agraciado con título de Castilla, como el conquense don Andrés de Cabrera, primer marqués de Moya en la tierra de Cuenca desde 1480. Hermano de Alonso de Cabrera, regidor de la Ciudad y procesado en causa de judaísmo en 1489 por su tribunal del Santo Oficio, según índice del Archivo Diocesano. 
Y otros que aunque no alcanzaron tan alta dignidad, recibieron para sí y su descendencia privilegios de hidalguía, regimientos de ciudades y oficios cercanos a los Reyes. De sus Consejos incluso. 
De entre los que es obligado recordar al segoviano Abrahen Senor, Abraham ben Eliyau Senor, rabino mayor de las aljamas de Castilla. Recaudador mayor del Reino cuando judío y principal banquero de los Monarcas. Bautizado en 1492 con cerca de ochenta años en Guadalupe con gran parte de su familia y apadrinado por don Fernando, que en adelante sería conocido como Fernando Coronel. Del Consejo de doña Isabel, regidor de Segovia y contador mayor del príncipe don Juan, con numerosa descendencia en las alcarrias de Guadalajara y tierra de Huete, en Cuenca. 
De su misma raza, generación intermedia y similares al segundo en cuanto a  representación, fueron Alonso Álvarez de Toledo, Contador mayor de Castilla, regidor de Toledo y Cuenca , y en menor medida su hermano Pedro Álvarez de Toledo. Ambos caballeros de la orden de la Banda.
Nacidos por los años de 1390, quizá en Toledo, y parroquianos en Cuenca de la colación de San Salvador. Ascendiente aquel por varonía de los señores y condes de Cervera en La Mancha conquense, hoy Cervera del Llano, y de los marqueses de Villamagana, señores de Villafranca, en Italia y Madrid, y el segundo de los señores del lugar de Valdeloso, cercano a Huete , que de su primer matrimonio con la conversa Isabel de Villena tuvo al regidor de Cuenca y contíno de los Reyes Católicos Juan Álvarez de Toledo , penitenciado en Auto de Fe público el seis de enero 1514 por razón de judaísmo. Y de un segundo con María Álvarez, también conversa, a Pedro Suárez de Toledo , condenado en 1513 por la Inquisición a la hoguera en causa de judaísmo.  Bajo acusación de haber celebrado en su casa, con el rabino don Simuel Abenxuxen, físico de la Ciudad, y otros falsos cristianos de mucha representación, una ceremonia que por señas que dan los testigos del proceso parece fiesta de סֻכּוֹת, Sucot o de las Cabañas. Que negó, alegando era fiel a la Iglesia y que se había criado en la Corte con grandes señores . 
Cuyos sambenitos aún se veían a mediados del siglo XVII en la Catedral, encima de la reja de la capilla de don Luis de Guzmán . 

De la influyente familia hebrea de los Husillo, o Uziel, jurados de Toledo, descendientes de Moseh Fusillo  , que vivió en el siglo XIV y XV , fueron hijos según el testamento de Alonso de Garci Fernández, sin más señas de identidad, al que sin razón al parecer añaden de Toledo y señor de Casas Buenas autores posteriores , y de Mayor Fernández. 
Naturales de Toledo y ella, que en registros de la Inquisición resultará llamarse también Mayor o María Álvarez , condenada en memoria por el Santo Oficio bajo acusación de judaizar, con orden de exhumar sus huesos de la capilla mayor del monasterio cisterciense de San Bernardo, fundado por su hijo el Contador, para entregarlos al brazo seglar y quemarlos. Que negó repetidamente su descendencia, afirmando que su antepasada se llamó Mayor Fernández y no Álvarez.
Nietos paternos de Juan Álvarez según el privilegio de nobleza que otorgó en 1415 el infante don Fernando como regente de Castilla, confirmado por Juan II en 1428. Que para algunos se llamó Juan Álvarez Lozano . 
Por cuanto he sido informado que los de vuestro linaje, cuando eran judíos, eran habidos por Hljosdalgos entre ellos e porque pues vosotros sois cristianos, es razón que seades mas honrados. E otros por cuanto Yo he sido informado que Juan Alvarez vuestro aguelo en I320 se convirtiera a nuestra fe catolica, recibio la Orden de Caballería e fizo muchos e leales servicios al rey Don Enrique mi bisaguelo que Dios tenga en su santo Paraíso. Por ende es mi merced que seades habidos de aquí en adelante por mis fijosdalgo de padres, aguelos de solar conocido . 
Negado por los descendientes, para quienes su nobleza procedía de los señores de Cervera, sin más principio ni autoridad, según digo en nota 23, pero que dan por cierto muchos de los testigos que deponen en informaciones sobre la familia .
Muy conforme con lo que escribió sobre Alonso a principios del siglo XVI Diego Hernández de Mendoza en Linajes de España: ... notando cómo alcançaron los renonbres e ovieron dignidades y pudieron traer armas por sus merecimientos dadas por los reis…, llamándole baron muy virtuoso, y amigo de los nobles e hijosdalgo y de todos los buenos que jamas ningun de el partio descontento, el fue asi igualmente rico de bienes como de virtudes, y como le hizo el dicho señor rei don Juan de gloriosa memoria noble, por donde los hijos que de él proçedieron lo fueron y son, y que su escudo fue azul con una jarra blanca con unas azuzenas dentro eso mesmo blancas, las quales armas el alteza del ya dicho rei dio al padre de estos señores al tiempo que lo ennoblecio . A las que según dice el Contador en su testamento hay que añadir orla azul con cuatro estrellas .
Y de acuerdo respecto de sus orígenes con el memorial que el relator del Consejo doctor Fernán Díaz de Toledo, Mose Hamomo cuando judío,  dirigió al obispo de Cuenca don Lope Barrientos en 1449, haciendo defensa de su raza: …. no solo por mi, mas por toda esta pobre corrida nación del linaje de Nuestro Señor Jesé Christo, segun la carne, recordando que los nietos de mi primo, el señor Alfonso Alvarez, eso mismo algunos de ellos Sson de Sandoval, e de los Carrillos, é otros de Cervantes, e otros de Alarcon, e otros de Viellos -¿por Coellos?-, e anssi de otros linajes e solares . Que recoge en su totalidad Fermín Caballero en Noticias de la vida, cargos y escritos del doctor Alonso Diaz de Montalvo…Madrid, 1873. 
También con la advertencia del cardenal don Francisco Mendoza y Bobadilla  a Felipe II sobre ascendientes moros, judíos, bastardos y sacrílegos en las principales familias del Reino. Que impresa se dio en llamar Tizón de la Nobleza, o de España.
Del contador Alonso Alvarez de Toledo descienden Luis Martinez,  - en lugar de Núñez por abreviatura mal interpretada, señor de Villafranca, nieto del Contador y materno de los conversos segovianos Arias Dávila- ,  que es su nieto ó biznieto, que se convirtió de judio; ...Del doctor Hernando Diez de Toledo, que fue relator en tiempo de Juan II, y su consejero, - el mismo ya citado Mose Hamomo -, hay tres o cuatro mayorazgos, unos en el obispado de Cuenca, que son el de Cervera y Olivares.
Y con los testimonios de vecinos de Cuenca ante el Santo Oficio de la Inquisición en los procesos de parientes cercanos, cuando recuerdan que: …estando enfermo el Contador y solo en un aposento con un criado suyo, dijo, “¿Quién está ahí?” y el criado respondió que ninguna persona estaba y que, entonces, dos o tres veces llamando a Dios, dijo:”Adonai, Adonai, en tu ley muero”. 
Similares a deposiciones recogidas en los autos de la ejecutoria en pleito de hidalguía que ganó el vecino de Huete don Gonzalo Carrillo de Toledo en 1614, y en las pruebas de su nieto el regidor don José Carrillo de Toledo para obtener hábito de la orden de Santiago, admitidas en 1648 después de varios meses de detención. Citados en notas 3 y 13.
Tachas que al fin no se tuvieron en cuenta por razón de antigüedad, no encontrarse dentro del grado de parentesco incluido en las Definiciones, y sin valor después que Reales decretos, siguiendo creciente opinión generalizada, las dejaran sin efecto en casos parecidos.     

Si de Pedro, armado caballero de la Banda en 1427 y escribano de cámara del Rey, carezco de noticias fuera de su actividad en Cuenca, dedicado al cuidado de su hacienda y al arrendamiento por su cuenta y de terceros de rentas municipales de localidades cercanas , no ocurre lo mismo con su hermano Alonso. Citado en las crónicas de los Reyes y bien  documentado por diversos autores en cuanto a sus empleos.
Entre otros, antes y después de alcanzar la contaduría mayor de Castilla, los de regidor de Cuenca desde 1421 o 1422, recaudador de sus alcabalas por entonces y alcalde mayor de su Casa de la moneda, regidor de Toledo antes de 1433, escribano mayor de las rentas del obispado de Cartagena desde 1431, escribano de rentas de Almansa, tenedor de los Reales Sellos a partir de 1445 y escribano mayor de Cámara desde 1456.

También conocemos que sus casas principales en Toledo quedaban en el extremo de la judería, calle del Mármol con vuelta a la bajaba del puente de San  Martín. Que compraron los Reyes Católicos por los años de 1476 o 1477 a su hijo Pedro Núñez y nieto Luis Núñez de Toledo, para levantar allí el monasterio franciscano de San Juan de los Reyes . 
Y que las de Madrid, muy espaciosas, estaban junto a su parroquia de Santiago, con capilla bien dotada, y al convento de Santa Clara cuando su viuda Catalina Núñez de Toledo fundó ese convento para franciscanas . Con tribuna que daba a las iglesias y permitía asistir a los oficios. 
Donde nació el primogénito del condestable don Álvaro de Luna en 1435, y posó en alguna ocasión la reina Isabel cuando princesa y eran ya de aquella estando viuda. Allanadas cuando José I remodeló el barrio. 
También que desde su juventud se ocupó en empleos relacionados con arrendamientos de rentas municipales, episcopales y de la Corona, alcanzando con anterioridad a 1433, por entonces regidor de Toledo, a ser uno de los contadores mayores de Juan II. Y el primero del príncipe don Enrique cuando el Rey le puso casa en 1440. 
Sirvió al infante don Fernando, quizá como paje o doncel asistiera a la conquista de Antequera en 1410, y fue de la mayor confianza de su sobrino el Rey, - que según su crónica le armó caballero de la Banda en 1407- , como se infiere del poder que recibió en 1444 para que en su nombre concertara treguas con los embajadores de Navarra . 
E igualmente de su hijo el Príncipe, de quien siendo contador mayor llevó voz al Rey en favor de la elección de don Álvaro de Luna como maestre de la orden de Santiago, y en otra ocasión para tratar se entregasen ciertas villas a su valido don Juan Pacheco. 

Respecto de sus armas, fueron la insignia o divisa de la orden de la Jarra, que digo arriba anotó Diego Hernández de Mendoza en su nobiliario,   concedidas según las crónicas por Juan II de Castilla en 1453 al hacerle caballero de ella, - lo era ya de la Banda -, cuando los compromisos con  Aragón y Navarra, Que en su testamento mandó fueran las de los mayorazgos que fundara sobre los primogénitos de sus dos matrimonios.


Presentes en la casa que levantaron sus descendientes en Cervera 
pero olvidadas en la heráldica de su parroquia, de principios del siglo XVII y que recojo en Apéndice 2º, en dos muy principales de Cuenca, con escudos del XVIII ,  y en  los miniados de la ejecutoria que cito en nota 13. 
En las que en un primer cuartel, también en la de Cervera, al margen, aparece unicamente en el primer cuartel el jaquelado de los señores de Valdecorneja, condes de Oropesa y duques de Alba. 
Con quienes no tenían parentesco alguno según testimonio de don Gonzalo Carrillo de Toledo en las diligencias de su ejecutoria , que cito en nota 13.
Por mote, aquí en la cinta, el antiguo y devoto No quiero bien que no dure, ni temo mal que se acaba, ¿acabe?, también en otros linajes y que desconozco cuando pudieron adoptarlo.   
Falleció en 1457 según la mayoría de las fuentes consultadas, para otras algún año después, bajo extenso  testamento otorgado en Madrid el 18 de abril de 1456 ante el escribano público Rui Diaz, y codicilos del diecisiete de mayo y diez de junio inmediatos ante el mismo . 
Todos con numerosas mandas para fundaciones religiosas, parientes, criados de a caballo y de a pie, mozos de cámara y espuela y criadas. Más cinco esclavos para repartir entre los hijos que indica. 
Contador mayor del Rey y de su Consejo, regidor de Toledo según escribe, ordena se le dé tierra en la capilla del altar mayor de la iglesia del monasterio toledano de San Bernardo, que fundara bajo advocación de Santa María del Monte Sión y hoy desaparecido. A donde se deberían llevar los restos de su difunto padre y los de su madre cuando falleciera. 
Patronato luego de los descendientes del segundo matrimonio, y Donde estan fhos los monumentos de alabastro para mi sepultura y de Catalina Nuñez mi mujer.
 Su prima o sobrina según memoriales de la Casa e hija del jurado de Toledo Francisco Nuñez, secretario de Juan II, que le armó caballero y dio armas, - de los influyentes conversos que llamaron de la Gallinería, cuya sangre no la limpiaba ni toda el agua del Tajo a decir de entonces -, y de Mencía Núñez, que dicen fue hermana del obispo Pablo, ilustrado rabino burgalés que tomó apellido García de Santa María cuando se bautizó, titular de la mitras  de Cartagena y Burgos, Canciller mayor de Castilla.   
Fallecida en Madrid en 1472 y que dejaría vacío, pues quedó en el monasterio francisco de monjas de Santa Clara que levantó allí en1460 . 
En el suyo, soportado por cuatro leones, se veía esta inscripción en letra gótica: ESTA SEPULTURA ES DE ALFONSO ALVAREZ DE TOLEDO CONTADOR DEL REY EL CUAL FUNDO E EDIFICO ESTA IGLESIA Y SEPULTURA E SE ACABO EN EL AÑO DE MIL E CCCCXXXIII E FINO EN EL AÑO DE MIL E CCCC E .....  .
Y escudo en su cabecera con un florero o jarra de dos asas con cinco azucenas y cuatro estrellas de ocho puntas en su bordura, según se ve en fotografía que recoge el autor citado en nota 26. 
Semejante al que se dibuja en manuscrito de la Real Academia de la Historia, colección Don Luis Salazar y Castro, signatura 9/292, folio 40, pero con estrellas de seis puntas. 



Declara haber casado primero con Aldonza Fernandez, enterrada en la capilla que levantó en la claustra de la catedral de Cuenca, para la que deberá labrase tumba de alabastro como las del monasterio de Toledo. Y semejante para su madre, de quien no dice nombre, y para su padre. El también converso Juan Fernández de Valera , regidor de la Ciudad, en cuya plaza sucedió su yerno por renuncia en 1421 o 1422,  y dueño del término de Villaverde, caserío de Cuenca y de su jurisdicción, que pretendió quedara de su propiedad . 
Y después con la citada Catalina Núñez. Antes de 1440 según se infiere del Real Privilegio que ambos ganaron para fundar mayorazgo. 
De aquella tuvo por primogénito a Juan Alvarez, y de esta a Pedro Nuñez , sobre cuyas cabezas y descendientes fundó por ese testamento dos mayorazgos muy bien dotados. Con imposición del apellido Toledo y las armas que van referidas, que mandó se esculpieran y pintaran en la capilla.
En Pedro, con el oficio de Contador mayor si al Rey pareciera y la escribanía de rentas de Cartagena, vinculó casas y heredades en Madrid con los señoríos de Cubas, Griñón , y Villafranca, (castillo de Aulencia, o Villafranca del castillo). Antepasado de los marqueses de Villamagna, con estado en Nápoles conocido como Villamaina, cuyo primer titular en 1624 fue don Alonso de Toledo y Mendoza, señor de Villafranca.
Y en Juan, ascendiente de la casa de Cervera, la escribanía de Rentas de Almansa, sus armas de guerra, varios juros, fincas urbanas en Cuenca , rústicas en pueblos cercanos, y los lugares comarcanos de Cañada del Manzano y La Aldehuela, conocida luego como Villanueva del Palomar, con su torre y libertad de pechos para quince vasallos que concedió Enrique II a los anteriores poseedores.


Dos poblados de escasa vecindad bajo señorío territorial en coto cerrado de 1.172 y 496 hectáreas que compró en 1432 a Juan de Salazar, hijo Pedro ¿Frco? García de Salazar, y en 1426 a Teresa Fajardo, hija de Alonso Yañez Fajardo y mujer de Iñigo López de Mendoza, hijo de Pedro González de Mendoza. 
Cuyas jurisdicciones civil y criminal, que pertenecían a la ciudad de Cuenca, adquirió por tres mil ducados cerca del año 1564 su biznieto el cuarto poseedor Juan Álvarez de Toledo, tercer señor de Cervera. Según se infiere del codicilo que otorgó en 1614 su sobrino don Alonso Álvarez de Toledo, cuarto señor de Cervera, dueño de las tercias y alcabalas de aquellas bajo servicio de 801.090 maravedís desde 1596, y por matrimonio de parte del pueblo de Olivares, cercano y cuya porción quedó durante algunas generaciones en los titulares del vínculo principal, luego en línea segunda .
Cervera quedó agregado al mayorazgo del Contador por su hijo Juan Álvarez, luego de recibir el lugar el 16 de agosto de 1456 del obispo de Cuenca don Lope Barrientos, muy favorable a los conversos y amigo de su padre por haber estado también al servicio de don Fernando de Antequera, que la compró para él a don Alonso de Cárdenas, hijo de Garcí López de Cárdenas, el ocho de junio anterior por cuatro cientos mil maravedís . 
Cuya jurisdicciones alta y baja negaron sus vecinos por los años de 1600, pero que no obstante quedaron incluidas en el vínculo cuando el  discutido titular terminó ajustándose con la Real Hacienda. 
Deslindadas todas con la ciudad de Cuenca en 1672 por don Cristóbal Álvarez de Toledo , sexto poseedor según se ve en el árbol genealógico que sigue al inmediato. 

Judío principal. Primero convertido al   Juan Álvarez. ¿Juan Álvarez Lozano?                                                                                                                cristianismo. Ennoblecido por privilegio          (  ) 
                                                                ¿--------------?
                                                                               l 
Según el testamento de su hijo Alonso.   Garcí Fernández.      
 en 1456. Traslado autorizado en 1646.               (  )  Vecinos de Toledo           
Según el testamento de su hijo Alonso     Mayor Fernández. 
En procesos de la Inquisición de Toledo Mayor o María Álvarez. 
Condenada en memoria  por judaísmo                  l
               l------------------------------------------------------------l--------------------------------------------------------------l 
Alonso Álvarez de Toledo   Caballeros de La Banda  Pedro Álvarez de Toledo
Contador mayor de Castilla                                         Escribano de Cámara del Rey
Caballero de la orden de La Jarra                                                 Vecino de Cuenca                                                        
Regidor de Toledo y Cuenca                                                                                  (  )
Señor en Cuenca de Aldehuela (Villanueva del Palomar) y Cañada del Manzano. (  )
                       (  )  1º  matrimonio                                                             1º matrimonio  (  )
Aldonza Fernández de Valera.         Conversas de judíos          Isabel de Villena
                       (  )  2º matrimonio                                                               2º matrimonio (  )
Catalina Núñez de Toledo        Conversas de judíos      María Álvarez o Suárez
                              l                                                                                                                                                l
Juan Álvarez de Toledo. Del 1º.                   Del 1º.  Juan Álvarez de Toledo
Primer señor de Cervera.                 Regidor de Cuenca y contino del Rey                                                                                  
Ascendiente por línea de varón de los      Penitenciado por la Inquisición en causa                
demás, que se verán en el siguiente     de judaísmo. Abuelo paterno del primer                                   árbol genealógico.                                  señor de Valdeloso, y ascendiente por línea                        
                      l                                                         de mujer de los señores de Cervera.
Pedro Núñez de Toledo. Del 2º.                             Del 2º.  Pedro Suárez de Toledo
Señor de Cubas, Griñón y Villafranca          Condenado a muerte en la hoguera por 
en Madrid, por sucesión a su padre.                la Inquisición en causa de  judaísmo
Casado con doña Leonor Arias Dávila, conversa de judíos.                                            
                 
                                                         
SEÑORES DE CERVERA          Juan Álvarez de Toledo.  Primer señor. Segundo de
                                                                      (  )                          Villanueva del Palomar y
Hija de los señores de Montalvo, en   Doña Leonor Coello de Guzmán              Cañada del 
Cuenca y Huete                                                                  l                                                           Manzano.
                                                                            Alonso Álvarez de Toledo.  II señor desde 1479
                                                                                     (  )
Hija de los señores de  Altarejos. Cuenca.  Doña Guiomar Castillo.  Conversa de judíos.            
                           l----------------------------------------------------------------------------l                    
Juan Álvarez de Toledo  III señor    Diego de Guzmán. Murió antes de suceder.  
                     (  )                                                      (  )
Doña María Carrillo de Albornoz        Doña María de Quiñones.   Hija de los señores de 
Señora en parte de Ocentejo.                                 l                                Montalvo.
                                                          Don Alonso Álvarez de Toledo.  IV señor desde 1579 
                                                                                                   (  )
Nieta por varonía del segundo señor   Doña Guiomar Coello de Toledo. Señora en parte de    
de Cervera.                                                      Olivares, incorporada al mayorazgo de Cervera.
                                                                                                     l
                                                              Don Juan Álvarez de Toledo. Murió antes de  
                                                                                                   (  )                               suceder.
Hija de los marqueses de Albayda       Doña Blanca Milá de Aragón
                                                                                                     l    
Caballero de la orden de Santiago        Don Juan Álvarez de Toledo.  V señor.  
                                                                                                    (  )                                                       
Hermana de padre de la anterior         Doña Tiburcia Milá de Aragón
                                                                                                      l
Caballero de la orden de Santiago      Don Cristóbal Álvarez de Toledo.  Vl señor. 
                                                                              Regidor perpetuo de Cuenca ¿en plaza de su suegro?
                                                                                                     (  )
¿Señora  de Valdeloso yLa Parra?      Doña Florencia Carrillo de Toledo                                                                 ¿Murió antes que su padre, señor   Hija de don José Carrillo de Toledo, citado en nota 3, y
de lo mismo?                                    cuarta nieta por varonía del segundo señor de Cervera 
                      l-------------------------------------------------------------------------------------l                                                                                        . 
Don Juan Álvarez de Toledo            Don José Álvarez de Toledo.     Regidor perpetuo de
VII señor       (  )                                                                   (  )      Huete en plaza de su suegro.  Murió 
Doña Manuela Valterra                       Doña Mariana de Parada.                  antes de suceder.
                                         Hija del caballero de Santiago don Jerónimo de                                                                   
                                        Parada, regidor  perpetuo de Huete, y de doña María de Salcedo 
                                                                                  l    
Regidor perpetuo de Cuenca y Huete D. Juan Manuel Álvarez de Toledo. VIII señor
                                                                                                     (  )                                        
                                                              Doña Petronila de Borja .  
                             Hija de los señores de La  Zarzuela y Villalva de la Sierra, en Cuenca. 
                                                                                                       l
Primer conde de Cervera en 1790.  DON JUAN NICOLÁS ÁLVAREZ DE TOLEDO. IX señor

Primer conde. DON JUAN NICOLÁS ÁLVAREZ DE TOLEDO Y BORJA. 
Nacido en Cuenca el diez de septiembre de 1725, y bautizado en su parroquia de San Salvador el día quince inmediato. Con asistencia del obispo de la Diócesis don Juan de Lancaster,  y del Corregidor.

Sin duda la persona de mayor representación social de la Ciudad en su tiempo, Con importante patrimonio urbano centrado principalmente en su calle San Juan y aledaños, y en Madrid . Ganadero trashumante con cabaña ovina superior a las cuatro mil cabezas.
Señor de la villas de Cervera , La Parra, Villanueva del Palomar, Cañada del Manzano, en parte de Olivares, despoblado de Valdeloso, y por derecho de su madre de Villalva de la Sierra y casería de Valquemado, con sus tercias y alcabalas. Poseedor en Huete de los vínculos de los Salcedo Beancos por su abuela Mariana de Parada y Salcedo , e importante hacienda rústica libre y vinculada en los pueblos de Langa, Carrascosa del Campo, Valparaíso, los tres en la tierra de Huete, Villar de Cañas, Villar del Saz de Don Guillén, Mota del Cuervo, Las Mesas, Valdemoro, alguna en Aragón, quizá por su primera mujer, etc. Con renta superior 5.000 ducados.
Patrono de sangre de la capellanía que fundó don Francisco de Espinosa y su mujer doña Catalina de Hervías  en la colegiata de Belmonte el año 1584 bajo advocación de Santiago, de la que tomó posesión el 24 de octubre de 1782. Por derecho de la citada doña Mariana y ascendencia Amoraga, de Huete. 
Regidor perpetuo de Cuenca, oficio en el que sucedió a su padre por Real Carta otorgada en Buen Retiro el quince de octubre de 1748, recibido en la sesión de municipal del nueve de noviembre , y alcaide de la fortaleza de Enguídanos, propiedad de la Ciudad y cuya tenencia estaban encomendada por entonces a los regidores. 

Como Decano de ellos y por falta de Alférez Mayor levantó el pendón en la solemne ceremonia de la proclamación de Carlos IV. Detallada con extensión en Noticia de las funciones ejecutadas en la M.N.y M.L, Ciudad de Cuenca, con motivo de la Real Proclamación del Señor D. Carlos IV, (que Dios guarde) en los días desde el 20 al 28 de Mayo de 1790 . 
Fue director de la Sociedad económica de amigos del país de la ciudad de Cuenca y su provincia, y como tal presidió las brillantes jornadas que organizó el Instituto con el mismo motivo. Corriendo a su cargo algunas funciones religiosas y premios a los niños destacados de la escuela que se examinaron ante el público . Conociéndose también que cuando vicedirector en 1786 elevó extenso informe al Consejo de Castilla, respondiendo a la circular en que pedía opinión sobre el decaimiento de las Sociedades. Que firmó su hijo don Pascual como secretario .
Representó a la provincia en las cortes de 1789 en la clase de regidores, acompañado de don Lucas Crisanto de Jaques, del estado de Guisados de a Caballo, exentos de pechos pero ajenos al estamento noble,         = resultado del sorteo entre ellos y el Cabildo de Caballeros y Escuderos en proporción de dos a tres =, y fue elegido con otros tres procuradores para pasar al Sitio y besar la mano al Rey e Infante en nombre del Reino por el día de su santo .
En agradecimiento al servicio, obtuvo título de Castilla con denominación de conde de Cervera por Real despacho del tres de octubre ¿marzo? de 1790 .  Con el vizcondado previo de La Parra, cancelado.
Bajo obligación de pago por Lanzas sobre ambas dignidades por escritura otorgada en Madrid del día 23 de noviembre de 1789 . 
Como cuarto nieto de doña Blanca Milá, hija de los marqueses de Albaida, pretendió judicialmente sucesión al estado y título por los años de 1780, con autos en Archivo Histórico Nacional, sección Consejos.
Contrajo segundo matrimonio en el palacio episcopal de Cuenca el 26 de enero de 1784, con velaciones en su parroquia de Santa Cruz el 19 de abril de 1784, con doña Tomasa de Aliaga, nacida en Villaescusa de Haro. Hija de don Juan Leandro de Aliaga, natural de allí,  y de doña Antonia Julia de Moya y Carrillo, de Belmonte. De quienes no hubo descendencia . 
Y primero en Ródenas de Albarracín el ocho de septiembre de 1751 con doña Ramona Sanz Merino, natural de Riaza, en Segovia . Hija de don Manuel Sanz Merino, vecino del mismo pueblo y de familia que parece relacionada con cabaña ganadera, y de doña Teresa de la Torre, de Milmarcos, en Sigüenza. Con capitulaciones en Albarracín el 25 de noviembre de 1750, y declaración de lo que don Juan Nicolás recibió de su padres cuando casó ante escribano de Cuenca el uno de abril de 1740.
Sucedió su hijo el  
                        
Segundo conde. D. PASCUAL ÁLVAREZ DE TOLEDO Y SANZ MERINO
      Titulado desde al menos 1804 , y último señor jurisdiccional de las referidas villas. Patrono de la capellanía de Belmonte y por sentencia de 1821 de un segundo mayorazgo de los Salcedo Beancos en Huete. 
Nació en Cuenca el 29 de enero de 1762, y fue bautizado en su parroquia de Santa María de Gracia el uno de febrero. 
Fallecido en Cervera el 31 de enero de 1827, y enterrado en la capilla mayor de la parroquia. 
Regidor perpetuo de Cuenca en plaza de su padre, y hermano de la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad desde 1784, con sede en la parroquia conquense de El Salvador y fundada en 1565, en la que ingresaba unicamente la nobleza. Celebre y venerable hermandad de caballeros distinguidos con la advocación de Nuestra Señora de la Soledad y del Santo Sepulcro, de la que fue secretario y a la que pertenecieron sus ascendientes. Hoy Muy Ilustre Cabildo de Caballeros y Escuderos de Cuenca.  
Ilustrado corbata en escritos de su padre , fue secretario de la citada Sociedad económica casi desde sus inicios, si es que no el primero, quizá director después, y académico correspondiente de la Real de la Historia desde el tres de febrero de 1804.
Publicó en octavo, Elogio del señor don Antonio Palafox, obispo de Cuenca. Madrid, 1805. Y algún otro impreso menor. 
Héroe de la guerra de Independencia por su comportamiento durante la ocupación francesa de la Ciudad, de la que entonces era cabeza de ayuntamiento, padeció grandes calamidades en su hacienda cuando la entrada en julio de 1808 de las tropas del general Caulincourt, con saqueo de sus casas principales de la calle San Juan, y pérdida de importante efectivo, alhajas, plata, biblioteca y archivo . Y prisión desde el 17 de enero de 1810 , después de nuevo saqueo, por no querer jurar obediencia a Napoleón cuando la del mariscal Victor. Que le obligó a seguir a su ejército, con posterior encierro en el Retiro de Madrid durante varios meses, 
Es de recordar que en gesto de buena voluntad ofreció su casa al mariscal Moncey en junio de 1808, despreciada por no parecerle suficientemente espaciosa pero que más tarde, a falta de mejor, ocupó durante su estancia. Y su intervención para que no bombardease la Ciudad como tenía anunciado. Hasta que no quedara edificio en pie  
Contrajo matrimonio ¿en Cuenca? con su prima hermana doña Ramona del Castillo, fallecida en Cervera el quince de diciembre de 1818. Hija de su regidor perpetuo don Baltasar del Castillo y Frías, señor de Hortizuela y El Palmero en aquella jurisdicción, importante propietario de rústica y urbana, ganadero trashumante de numerosa cabaña de lanar, y de doña  Maria Ana Álvarez de Toledo . 
Sucedió su hijo el

Tercer conde. DON BALTASAR ÁLVAREZ DE TOLEDO Y CASTILLO.
Titulado por Real carta del año 1826, ¿once de agosto?, según resulta de la de pago fechada el trece de julio de 1827 por el servicio de Media anata y Lanzas anejo a su título, con sus atrasos .
Bautizado en parroquia conquense de San Juan el siete de enero de 1785. 
En los primeros años de los mil ochocientos treinta aparece como regidor de Cuenca en algunos documentos. Y desde 1806 como miembro de de la ilustre cofradía nobiliaria que digo arriba, en la que ingresó junto con su hermano don Leandro . 
Sucesor inmediato de la Casa durante muchos años, y a quien por las leyes desamortizadoras correspondieron las que fueron vinculaciones de los Salcedo Beancos en Huete, traspasados por concordia y venta entre ambos en 1847. Que no sería ajena  a la intención de don Baltasar de casar al poco tiempo y legitimar a su hija natural María Luisa, como luego se dice.  
Confirmada en 1851 ante el escribano de Cuenca don Isidoro de Escobar entre los hijos de don Leandro y su prima. Que sería cuarta condesa por haber cesado su impedimento al haber contraído matrimonio sus padres en 1848. Sobre lo que no obstante siguieron largos pleitos .
Por razones que desconozco, vivió retirado en Cervera casi toda su vida. Quizá por quiebra de fortuna ocasionada por las pérdidas habidas durante la guerra de la Independencia sobre lo que escribo en APÉNDICE, o por el obligado pago del impuesto por Lanzas cada año y Media anata por sucesión a que estaba sujeta su dignidad nobiliaria .
Donde cerca ya de su fallecimiento, el diez de febrero de 1849, - con sepultura en el cementerio de la villa y testamento ante el escribano don Clemente Ortega, numerario de Paracuellos, en Cuenca -, contrajo una desigual unión según escribe el autor citado en nota 35.  
El 22 de julio de 1848 a la para entonces elevada edad de sesenta y tres años con Nicolasa Sánchez, natural de allí y de cincuenta, hija de Juan Manuel Sánchez y Gertrudis Navarro, naturales y vecinos de Cervera. De quien en 1826 había tenido a su citada hija.  
Celebrado después recibir Real Gracia de ese mismo año, consecuente con la súplica que elevó a Isabel II. 
... que en su madura edad y arrastrado de una pasión cariñosa hubo relaciones amorosas con Nicolasa Sanchez, también soltera que dieron por resultas una niña, que criada al pronto en secreto aunque bajo especial cuidado del exponente creció esta después en conciencia necesaria reconociola como hija suya en solemne declaración, siendo al efecto presentada al cura parroco de Villares del Saz, distante una legua de esta villa de Cervera para que en la partida de bautismo de la dicha niña, se estampase la correspondiente nota, como se realizó, según aparece en la certificación legalizada que acompaña esta reverente exposición. Hace tres anos Señora, que la referida hija del exponente contrajo matrimonio con Dº Marcelino Saiz de Albornoz, cuya unión ha vendecido el cielo con dos niñas , que aunque reconocen al que expone por su abuelo materno y llevan su apellido, como su madre, según consta igualmente en las partidas de su bautismo... . Cervera, 25 de mayo de 1847.
Sucedió su hija la
                       
Cuarta condesa. Dª MARÍA LUISA ÁLVAREZ DE TOLEDO Y SÁNCHEZ
Titulada por Real carta del siete de septiembre de 1855. 
Nacida en Cervera en 1826 y bautizada en la parroquia de Villar del Saz de Don Guillen de Arriba, cerca de Cervera, bajo apellido Expósita y con esta advertencia en el asiento: … una niña que fue hallada en las puertas  de la casa de Francº de Paula Monreal Essnº Real y vecino de esta villa de… a las tres de la mañana de este mismo dia veinte, de padres desconocidos con una papeleta que dice bautizada no estoy, Maria Luisa alto vale me llamará…
Que sería reconocida por su padre como hija natural en 1831 por escritura otorgada en Cuenca ante el escribano Cano.
 Estando aún solteros sus padres, contrajo matrimonio a los diecisiete años en Cervera el 19 de noviembre de 1843 con el arriba citado don Marcelino Saiz, natural de Villar de Cañas, lugar cercano a Cervera. 
Perteneciente a familia lugareña ajena a la nobleza, e hijo de don Simón de Rojas Saiz, boticario del lugar , y de doña Librada Albornoz, o Ruiz Albornoz . Nieto paterno de Juan Saiz y San Pedro, cirujano del mismo , con oficios de alcalde y regidor por los de su estado general pechero según documentación municipal, y de María Josefa Sosa. Y materno del teniente retirado de los R. R. E. E. don Agustín Ruiz Albornoz y de doña María de Mariana, naturales de Palomares y de la ciudad de Cuenca. Ambos de poca consideración social. 
De una de las mejores familias de su pueblo según informe de la Audiencia de Albacete cuando se otorgó Real licencia de matrimonio a don Baltasar. 
Posiblemente cierto en cuanto a posición económica como hijo del boticario, dueño de viñedos y con industria de cera y miel,  pero no por su ascendencia de varón, de humildes labradores del estado llano en los lugares en que se avecindaron anteriormente . 
Que si bien carecía en ese tiempo de interés en Derecho, pues los privilegios por razón de nacimiento habían quedado sin efecto hacía casi dos décadas, seguía teniéndose en cuenta para cuestiones relacionadas con la posesión de título del Reino. Máxime cuando en la siguiente generación recaería en linaje llano. 
Falleció en Madrid en 1870 bajo testamento otorgado el 11 de julio de 1865 ante su notario Claudio Sanz y Barca.
Sucedió su hijo el 

Quinto conde. DON JESÚS SAIZ Y ÁLVAREZ DE TOLEDO.
Titulado por Real carta de sucesión del 27 de noviembre de 1876. 
Que obtuvo después de lograr indulto por Despacho de Alfonso XII del día 24 de octubre anterior por no haber solicitado su madre Real Licencia para contraer matrimonio . Innecesario entonces en atención a que no sucedería en la Casa por falta de legitimidad, pero que pasado el tiempo fue preciso.
Quedó bautizado en la parroquia de Cervera el 16 de septiembre de 1850, y falleció en Madrid el año 1906.
Licenciado en Derecho por la universidad Central en 1872, fue jefe provincial en Cuenca del partido Liberal Democrático , progresista bajo ideario de Sagasta, por el que consiguió acta de diputado en la legislatura de 1898-1899 y de senador en las de 1886, 1891-1893, 1893-1894 y 1901-1902.  
Dedicación que según sus descendientes fue principal causa del grave quebranto de fortuna que sufrió. Por cuya razón, y las particiones hereditarias con sus hermanos y enajenaciones de padres y abuelos, quedó a su muerte muy mermada la hacienda histórica de la Casa. 
Vendida al poco por los hijos y nietos, salvo algunas casas y huertas en Cervera y Olivares, que no tardando corrieron la misma suerte. 

Vivió hasta que contrajo matrimonio en el domicilio madrileño de sus padres, calle Trujillos número dos. Casa propia del extinguido mayorazgo que fundó en Huete el citado obispo de Astorga don Diego de Salcedo, por haberla comprado sus albaceas en 1645.


Casó en Madrid el 28 de septiembre de 1872 con doña María del Carmen López de Tejada, su natural. Hija de don Ramón López y Hernández de Tejada, también don Ramón López de Tejada, alto funcionario de la Administración, y de doña Mariana Martínez y Torres. 
Sucedió su hijo el

Sexto conde. DON JOSÉ MARÍA SAIZ Y LÓPEZ DE TEJADA.
Titulado por Real carta de sucesión del año 1911.
Nacido en Madrid el diez de diciembre de 1876, falleció allí el 29 de mayo de 1918, con entierro en su cementerio de la Almudena.
Licenciado en Derecho y funcionario de Hacienda, con negocios relacionados con la madera durante su residencia en Tánger.
Contrajo matrimonio en la parroquia de San Salvador y San Nicolás de Madrid el 30 de octubre de 1907 con doña Clotilde López Valdemoro, hija de don Felipe López Valdemoro, conde de Cazalla del Río,  y de doña Clotilde Fernández de las Cuevas.
Sucedió su hijo el 

Séptimo conde. DON ILDEFONSO SAIZ Y LÓPEZ VALDEMORO.
Titulado por Real carta de sucesión del 25 de octubre de 1922.
Nacido en Madrid el 19 de septiembre de 1917 , y casado con doña María de los Dolores Muñiz, natural de Santa Lucía, en León. Hija de Silverio Muñiz y de María Dolores García y del Busto.
Padres de la actual y             
                          
Octava condesa. DOÑA DOLORES SAIZ Y MUÑIZ. 
Titulada por Orden del ministerio de Justicia publicada en el Boletín Oficial del Estado del trece de junio de 2003.
Nació en Valencia el 11 de enero de 1939, y casó en Cangas de Onís, residencia de sus padres, en 1965 con don Manuel o Miguel Irigoyen y Prieto, secretario del ayuntamiento de Sunbilla, merindad de Pamplona . Avecindados en Elizondo, Navarra, y de quienes nacieron doña Patricia, funcionaria, don Marcos, funcionario transportista, y don Asier, empleado, que falleció joven en accidente de tráfico.
                          
Perdida la varonía Saiz en la línea primogénita, permanece hoy en la descendencia del segundo hijo del sexto conde.
Don Jesús Saiz y López de Tejada, nacido en Madrid en 1878. Oficial del cuerpo Jurídico Militar, que durante su destino en Sevilla casó en 1912 con doña María Fernández, natural de Sevilla. 
Acaudalada hija del riojano don Juan Antonio Fernández y de la Riva, natural de Nieva de Cameros, comerciante que emigró en su juventud a Sevilla y fundó allí en 1879 el que sería muy próspero almacén de telas, El Duque, en la plaza de su nombre y donde hoy El Corte Inglés, y de doña María Escobar y Barrón.
Padres de doña María Saiz, profesa del convento de Santa Paula de Sevilla, de dos mujeres casadas en esa ciudad, con numerosa descendencia , y del varón que sigue. Naturales de Sevilla.
Don Jesús Saiz y Fernández. Para sus hijos Fernández de Tejada en extravagante suposición, pues no corresponde a su genealogía materna documentada. Apellidada Fernández y asentada en el citado Nieva y lugares cercanos desde siglos, del estado general pechero según padrón de vecindad formados en 1753 para el catastro de la Única contribución. 
Nacido en Sevilla en 1916 y licenciado en Derecho por su universidad. Teniente de Aviación durante la Guerra Civil y piloto de caza en la escuadrilla de don Joaquín García Morato. 
Contrajo matrimonio en Madrid con doña Carmen Luca de Tena en 1941. Hija de don Fernando Luca de Tena y doña Carmen del Toro. Con descendencia avecindada en Madrid que se escribe en este árbol genealógico.



CONDES DE CERVERA. 

Primero. DON JUAN NICOLÁS ÁLVAREZ DE TOLEDO.  Regidor perpetuo de Cuenca.
                                                  (  )
                   Doña Ramona Sanz Merino
                                                 l
Segundo. DON PASCUAL ÁLVAREZ DE TOLEDO.   Regidor perpetuo de Cuenca.                       
                                          (  )
                   Doña Ramona del Castillo
                                                 l
Tercero.  DON BALTASAR ÁLVAREZ DE TOLEDO.  Regidor de Cuenca. 
                                                (  )
                        Doña Nicolasa Sánchez                       
                                       l                                                                                 Bautizada bajo apellido 
Cuarta.     DOÑA MARÍA LUISA ÁLVAREZ DE TOLEDO.        Expósita. Legitimada                                                                
                                                 (  )                                                                por posterior matrimonio
                        Don Marcelino Saiz. Del estado general pechero.    de sus padres.                                                        
                                        l-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------l
Quinto.    DON JESÚS SAIZ.  Diputado y senador  por Cuenca.   Hermanas mayores con 
                                                      (  )                                                                   descendencia citada en
                         Doña Carmen López de Tejada    Varonía actual                       nota 58
                                        l--------------------------------------------------------------------------------------------l---------------------------------------------l
Sexto.       DON JOSÉ MARÍA SAIZ       N. 1878 Don Jesús Saiz                  Hermanas                
                                                 (  )                             Madrid.                         (  )                            menores con         Doña Clotilde López Valdemoro         Doña María Fernández                     descendencia                      
                                        l                                                          l----------------------------------------------l
Séptimo.   DON ILDEFONSO SAIZ      N. 1916 Don Jesús Saiz Hermanas mayores          
                                                      (  )                              Sevilla.                         (  )               con descendencia                       
Doña María de los Dolores Muñiz       Doña Carmen Luca de Tena    citadas en nota 68                                       
                                        l                                                           l           
Octava y   DOÑA MARÍA DE LOS DOLORES SAIZ                 l                                                          
 actual                                      (  )                                                                                    l                  
                  Don Manuel o Miguel Irigoyen                             l               
          .l-----------------------------------------------l-------------------------------------------l                              l
Doña Patricia           don Marcos          don Asier                                 l
                                                                                                                                  l
          l-----------------------------------l---------------------------l----------------------------l------------------------------l-------------------l-----------------------------------------l
D. Jesús,  Dª. Carmen,   Dª. María,   D. Fernando,   Dª. Dolores,    D. Juan,   y   Dª. Macarena
Nacido en Madrid el diez de enero de 1942. 







A P É N D I C E

1º. Anselmo Gastón de Gotor en revista Aragón. Número 277. Zaragoza, 1965.

EL REY
Mi Corregidor de la Ciudad de Daroca o vuestro lugarteniente en dicho oficio: saber que por parte de Don Baltasar Alvarez de Toledo y Castillo, Conde de Cervera y vecino de la Villa de este nombre en la Ciudad de Cuenca; y Don Leandro Alvarez de Toledo, su hermano, sucesor a los mayorazgos de que es poseedor el primero, se me ha representado que, al fallecimiento en treinta y uno de Enero, próximo pasado, de su padre, Don Pascual Alvarez de Toledo, Conde que fue de Cervera y poseedor de los indicados mayorazgos y vinculaciones y vecino de la Ciudad de Cuenca, quedó en descubierto de varios créditos contra particulares y algunos contra mi Real Hacienda, dejando, además de los exponentes, tres hijas en estado de solteras en que se hallan y sin otro recurso para su subsistencia que la generosidad del hermano mayor; que éste, en el momento, satisfizo lo que se estaba adeudando por razón de lanza y contribuciones Reales ordinarias y extraordinarias, en términos: que en el día la Casa del Conde de Cervera nada debe bajo ningún concepto a mi Real Hacienda; que no le ha sido posible hacer lo mismo con sus acreedores particulares o créditos que dejó su padre porque. además de ascender a cantidades de consideración, la mayor parte de los productos de los Mayorazgos, o casi todos, consisten en granos de arrendamientos cuyo precio es muy ínfimo, según es público y notorio, de modo que apenas alcanzan para sostener las cargas ordinarias y la decorosa subsistencia de los exponentes y sus hermanas; que en esta posición les ha sido necesario tratar, del mejor modo y medio, de cumplir con el pago de los créditos, por ser muy justo y conveniente a lo distinguido de su clase, y han creído que con el producto que den en venta los bienes sitos y raíces en los pueblos de Poyo y Odón, en este mi Reino de Aragón, pertenecientes a las vinculaciones que fundó, en el año de mil seiscientos setenta y cuatro, Don Francisco Latorre y de que es actual poseedor el Conde de Cervera, recurrente, cuyo producto o valor podrá ser de ciento treinta mil reales vellón, se ocurrirá a ambos objetos que en su favor consideran tener la causa más justa; que los créditos contraídos por el padre de los exponentes traen su origen, uno de la reedificación que fue necesario hacer de la casa, plazuela del Clavel, de Madrid, perteneciente a otra de las vinculaciones del Conde recurrente, cuya finca es una de las más productivas y dicen lo será mucho más, satisfecho que sea este crédito, que excede en el día de cuarenta mil reales por el que se pagó en interés legal; que los otros créditos proceden de la atroz persecución que sufrió dicho su padre en tiempo de la guerra de la Independencia, pues, además de haber sido conducido al Retiro, como prisionero, desde Cuenca, en dieciocho de Enero de mil ochocientos nueve, y permanecido así hasta dos de Agosto del año siguiente, se hicieron en su casa de Cuenca saqueos que no tuvieron otra causa que la constante y declarada adhesión de dicho su padre a mi Real Persona y a mis legítimos derechos, y que le hicieron perder más de trescientos, mil reales, incluso cuantas alhajas preciosas y de plata había, y el ganado trashumante que se extravió, siendo éste el origen de que se empeñase y contrajese obligaciones que al fin no pudo ver cumplidas y lo que le causó la pérdida de su salud porque la delicadeza de su carácter no podría mirar con indiferencia la falta de cumplimiento a las personas que le habían auxiliado en sus urgentes y perentorias necesidades, con el mayor esmero y generosidad; que precisamente estas circunstancias que tienen todos los créditos y el deber dejar puesta la memoria de su difunto padre en el lugar que merece, les obligaría aun cuando no hubiese otra razón para solicitar mi Real Facultad de enajenación de los bienes raíces vinculados, que se hallan sitos en los lugares de Poyo y Odón, porque carecen de otros libres; que estos bienes distan de la residencia de los interesados más de treinta leguas, por lo que se ven precisados a tenerlos en arrendamiento, y como los de mayor valor son un molino y casa, los reparos son continuos y les produce una pequeña suma anual; y finalmente que en su concepto esta venta puede considerarse, en el resultado o aplicación de la cantidad que dé de sí, como una subrogación, pues se extingue el crédito indicado que igualmente por sus intereses graba sobre la casa en Madrid, plazuela del Clavel, con lo que quedará sin este gravamen y con conocidas ventajas de la vinculación y sus poseedores; en cuya atención me han suplicado los mencionados Don Baltasar Alvarez de Toledo y Castillo, Conde de Cervera, y su hermano Don Leandro que, en vista de los documentos que para justificar los hechos referidos han presentado y se acompañan a este mi Real Cédula, fuese servido concederles mi Real Licencia y facultad para enajenar y vender los bienes sitos en los pueblos de Poyo y Odón, pertenecientes a la expresada vinculación, para, con el valor de ellos o su producto en venta, pagar a los acreedores que contra sí tienen, en especial el de los adelantos hechos para la reparación de la referida casa vinculada de la plazuela del Clavel o Truxillos, en Madrid, y atender a los demás objetos indicados o como la mi Merced fuese.                                           Y porque quiero saber qué vínculo es el referido, quién lo fundó y si con facultad Real o con la que el Derecho permite, en qué sitios y parajes están, qué valen en venta y renta, qué cargas y obligaciones tienen sobre sí y a dónde la de vivir sus poseedores, quién las impuso, para qué fines y efectos y en virtud de qué facultad, con qué cláusulas, condiciones y llamamientos, cuántos son y de qué clase los bienes que se quieren enajenar, dónde se hallan situados, qué valen en venta y renta y si de concedérsele la facultad que se solicita se seguirá algún perjuicio, cuál, a quién y de qué manera; Os mando que llamada y oída la parte del inmediato sucesor en el expresado vínculo, hagáis información de todo lo referido y demás que tengáis por útil y conveniente a sus poseedores, la cual, con vuestro dictamen, firmado de vuestra mano y traslado de las escrituras originales de su fundación; cerrado, signado y autorizado de Escribano, en manera que haga fe, la entregaréis a la parte del nominado Don Baltasar Alvarez de Toledo, Conde de Cervera, para que la presente ante Mí y en su vista se provea lo que convenga ; que así es Mi voluntad. Fecha en Zaragoza a nueve de Mayo de mil ochocientos veintiocho. YO EL REY.                                          Por mandato del Rey Nuestro Señor, José de Cafranga. Para que se hagan diligencias a instancia de Don Baltasar Alvarez de Toledo y Castillo, Conde de Cervera, y su hermano Don Leandro, según aquí se expresa.
Nota: Es de observar que la fecha de la prisión de don Pascual no coincide con la que escribo en el texto. Quizá hubo varias, y que aquí solamente se recuerde una.
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2º. Escudo de armas en la que fue capilla mayor de la parroquia de Cervera. 

Descritas en el expediente de pruebas formado a su sexto señor don Cristóbal Álvarez de Toledo, para lograr hábito de la orden de Santiago. Año 1680. Archivo Histórico Nacional, expediente número 367.
Folio 64v. A la letra: …allamos en ella en los quatro angulos o esquinas arriba de la cornisa cuatro escudos y otro en la superficie dela media naranja los cuatro iguales sobredorados y en lo alto de ellos sus coronas y en el quarto de mano derecha ay unos quadricos o escatas en campo açul y en el de mano izquierda igual a este un leon sobre campo açul y en los dos quadros de abajo en el de mano derecha un castillo y en el que corresponde a mano izquierada las barras de aragon con estas letras que se dividen en ellas AVE MARIA.    
Con similar composición al de la fachada de la casa de Cervera ya presentado, corresponde el de arriba a los Álvarez de Toledo por los cuadradicos  del primer cuartel, y a los Coello, señores de Montalvo, por el león. Y los de abajo a los señores de Altarejos por su castillo, y las barras, que no aparecen en el de la casa, a los marqueses de Albaida, apellidados entonces Milá y Aragón. A quienes pertenecieron la madre y abuela paterna del citado sexto señor de Cervera, quizá quien ordenó ponerlas.
3º. Pretensión de don Jesús Saiz y Luca de Tena al marquesado de Peraleja. Recogido en páginas anteriores por ser biznieto del quinto conde de Cervera

No obstante su lejano enlace colateral, conocerse existen en la actualidad numerosos descendientes del primer titular como se ve en el inmediato árbol genealógico, que lo reclaman, y de su posición en el de la citada página y correspondientes, donde figuran una prima hermana de su padre y varios primos hermanos, segundos y terceros suyos con mejor derecho por mayor edad, más propincuos al quinto y anterior marqués don Carlos García y Mon. Bajo apellidos de Uhagón, Fernández del Pino, de Corral, García Lomas, Saiz, Farrán y Bores. 











.                                                                            D. Sebastián de Parada. Regidor perpetuo de Huete
                                                                                     (  )
                                                                    Dª Ana Graciano
                            l---------------------------------------------------l---------------------------------------------------l
D. Juan Antonio de Parada.                  Caballeros de la orden de Santiago                    D. Jerónimo de Parada
                   (  )                                Regidores perpetuos de Huete                                                 (  )                                         
Dª Francisca de Olivares                                                                                                           Dª. María de Salcedo                        
                             l                                                                                                                                        l                                                                                                                                                                                                                                                                                      D. Juan José de Parada.   Primer marqués de Peraleja en 1712                   Dª Mariana de Parada
                           (  )                     Regidor perpetuo de Huete. Caballerizo de S.M.                                  (  )                                                               
Dª Antonia Baraez                                                                                Regidor perpetuo   D. José Álvarez de Toledo
                             l                                                                                   de Huete.                                     l                                              
D. Juan Antonio de Parada. Regidor perpetuo       Señor de Cervera. D. Juan Álvarez de Toledo
                           (  )                                     de Huete.                    Regidor perpetuo de Cuenca y Huete (  )                                                                                                                                                                          
Dª Antonia Gómez de Hinojosa                                                                                    Dª Petronila Vicente de Borja
                      l-------------------------------------------l                                                                              l                                                                                                                                                                     
Dª María Gertrudis de Parada  Hermana menor   I conde de Cervera D. Juan Álvarez de Toledo
                           (  )                                Cuarta abuela de don    Regidor perpetuo de Cuenca             (  )                                                                                                                                          
D. Antonio Díaz Pimienta.  V marqués  de         Carlos García,                                      Dª Ramona Merino                                                                                           
                            l       Villarreal de Burriel         quinto marqués       II conde                                           l                                                                                                                                                                                    D. José Díaz Pimienta. VI marqués   de Peraleja.         de Cervera.  D. Pascual Álvarez de Toledo                      
                           (  )    de Villarreal de Burriel                                     Regidor perpetuo de Cuenca        (  )                                                                                                                           
Dª Margarita de la Fuente                                                                                                      Dª Ramona del Castillo
                         l                                                                                                                                        l                                                                                                                                                                      
D. Mariano Díaz Pimienta. VII marqués de                      III conde  D. Baltasar Álvarez de Toledo                                        
                    (  )                      Villarreal de Burriel.                de Cervera.                                    (  )                                                                                                                                                                                                                      
Dª Dolores Ramírez de Arellano                                                                                          Dª Nicolasa Sánchez                                                                                  
                          l--------------------------------l      NOTA          Bautizada bajo apellido Expósita.           l                                                                    
Dª Inés Díaz Pimienta          Hermano menor       IV condesa  Dª María Luisa Álvarez de Toledo
                            (  )                  Con descendencia hasta el día    de Cervera.                                         (  )               D. Pablo de Rada.  Del estado noble.                                           Del estado general pechero. D. Marcelino Saiz 
                              l                                                                                                                                       l                                                                                                                
D. Fernando de Rada                                                             V conde de Cervera. D. Jesús Saiz
                            (  )                                                                                                                                   (  )                                                                                                                                                              
Dª María Ramona Martínez de Bujanda                                                                           Dª Carmen López de Tejada
                              l                                                                                                                                     l                                                                                                                                                             
D. Carlos de Rada                                                                                                    D. Jesús Saiz
                           (  )                                                                                                                                   (  )
Dª María Patrocinio Luengo                                                                                                          Dª María Fernández 
          l--------------------------------l                                                                                           l                                                                                                                                                                    D. Pablo de Rada                    Hermanos                                                                     D. Jesús Saiz
                           (  )                   Con descendencia hasta el día                                                            (  )                                          
Dª Isabel Gallego                                                                                                                   Dª Carmen Luca de Tena
                             l------------------------------------------l                                                                              l                                                     
Dª Isabel de Rada. Magistrada.           Hermana                                                 D. Jesús Saiz
Con descendencia hasta el día.               Con descendencia hasta el día  

NOTA: El marquesado de Villarreal de Burriel quedó sin titular a raíz de la muerte de su hermano mayor el VIII poseedor don Luis Díaz Pimienta, fallecido sin descendencia en 1886. Vacante hasta que en 1915 fue rehabilitado por don Felipe Morenés, descendiente de una hermana del quinto marqués don Antonio Díaz Pimienta, citado arriba.      


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1  J.P Molenat en L'Oligarchie municipale de Toledo au XVe siécle.  Y Linda Martz en A Network of Converso Families in Early Modern Toledo:… Universidad de Michigan, 2003.          
2  Hoy en Guadalajara, que compró al monasterio de Monsalud  sobre el año 1575 el regidor perpetuo de Cuenca don Francisco Álvarez de Luna, biznieto primogénito del citado en el texto Pedro Álvarez de Toledo. Notado de converso en los registros de la Inquisición de Cuenca, cuyo hijo segundo don Alonso Álvarez de Toledo, tercer señor de Valdeloso casó con doña Catalina de Inestrosa, señora de La Parra, en Cuenca. Bisabuelos paternos de doña Florencia Carrillo de Toledo, casada  con el sexto señor de Cervera don Cristóbal Álvarez de Toledo, según se verá en el árbol genealógico.                                                                  
3  Llamándole Juan Álvarez y Juan Álvarez de Toledo, recibió cartas de los Reyes para comunicarle la victoria de Zamora de 1476, encargarle administración de rentas municipales, 1476, concederle diez mil maravedís en adelante por sus servicios, 1511, y dándose por enterado de su ofrecimiento para acompañarle, 1512. Con traslados en Archivo Histórico Nacional. Órdenes Militares. Pruebas para obtener hábito de Santiago el regidor perpetuo de Cuenca don José Carrillo de Toledo, señor de Valdeloso y la Parra, Año 1648. Por otras fuentes se conoce fue capitán de Infantería española, familiar del Santo oficio, gentilhombre de boca de S.M.,  gobernador de Llerena y corregidor de Chichilla. Detenidas por su ascendencia conversa y finalmente resueltas a su favor. Tío y suegro del  sexto señor Cervera don Cristóbal Álvarez de Toledo, recogido en el árbol genealógico. 
4  José Antonio Jara Fuente en Concejo. poder y élites La clase dominante en Cuenca de Cuenca en el siglo XV. Madrid, 2000, recoge carta del duque de Escalona don Diego López Pacheco al concejo de Cuenca en 1479, ofreciendo treguas por recomendación de Pedro Suárez de Toledo, mi pariente, quizá refiriéndose a criado de confianza. Añade era marido de doña María Álvarez de Mendoza, deuda de los Mendoza, que parece error. Pues Sebastián Cirac en Registros de los documentos del Santo Oficio de Cuenca y Sigüenza. Barcelona, 1965, recoge en el expediente 785: Molina, Leonor de, mujer de Pedro Suárez de Toledo. Cuenca. 1514. Judaísmo. Penitenciada. Según otras fuentes, María Álvarez o Suárez, sin apellido Mendoza, fue su madre, segunda mujer de su padre Pedro Álvarez de Toledo. La primera fue Isabel de Villena, madre de Juan Álvarez de Toledo. Sobre los procesos, véase Miguel Martínez Millán en Los hermanos conquenses Alfonso y Juan de Valdés. Ayuntamiento de Cuenca, 1976.            
5  Casó con Leonor de Molina, penitenciada por el mismo tribunal en 1514 por judaísmo. 
6  Archivo Diocesano de Cuenca. Inquisición. Legajos 47, 50 y 53. Y en A. H. N.. Órdenes. Pruebas para obtener hábito de Santiago de don José Carrillo de Toledo, en nota 3. Que anotaron con DISIMULO los caballeros informantes.
7  Francisco Cantera Burgos en Judaizantes del arzobispado de Toledo, habilitados por la Inquisición en 1495 y 149. Madrid, 1969. Citado como suegro de  don Juda, ascendiente de Alonso Álvarez Husillo, primo del Relator y cuyos nietos fueron Sandoval, Carrillo, Cervantes, Alarcón y otros, refiriéndose al Contador Mayor de quien trato. Es de interés, Sefarad, año 1976, nº 36, 1º. GÓMEZ MENOR, J. en La progenie hebrea del padre Pedro de Rivadeneira, S.I: que fue hijo del jurado Álvaro Fusillo, por otro apellido Ortiz de Cisneros. 
8  Francisco Narváez de Velilla recordando a esta familia en Diálogo intitulado el Capón, finales del siglo XVI, escribe que durante una conversación: ACUDIÓ EL SEGLAR QUE PARECÍA EN LAS NARICES MAYOR JUDÍO QUE EL OTRO, Y DIXO: FUSILLO ES.  
9  Entre otros muchos, Jerónimo Román de la Higuera, Jerónimo de la Quintana, José Antonio Álvarez Baena y Augusto de Burgos en su Blasón de España, Madrid, varios volúmenes sobre 1850. Y páginas web, como Ancestry. Que hacen hijo a Garci Fernández de un segundo matrimonio de don Fernando Álvarez de Toledo, señor de Oropesa, con Beatriz Fernández de Toledo. Es de interés, Mateo López en Memorias históricas de Cuenca y su obispado. De principios del siglo XIX, en edición de Ángel González Palencia, Madrid, 1949-1953. Con error, escribe desciende de Hernando Álvarez de Toledo, caballero principal de Alfonso XI, de quien proceden los señores de Valdecorneja. 
10  Así debería figurar en el testamento original, modificado en los traslados como se conoce en otros muchos casos para evitar  memoria. Se tiene a la vista copia autorizada del año 1646.
11  Según testigos que depusieron en las pruebas de don José Carrillo de Toledo. En nota 3.
12  Entre otros, con pequeña diferencia en el texto, Ventura Leblic García en Sepulcros góticos  en el monasterio cisterciense de Montesión. Y María Ángela Franco Mata en La familia de D. Alonso Álvarez de Toledo, el monasterio de Monte Sión, de Toledo y el desaparecido monasterio de Santa Clara, de Madrid. Abrente, número 44, año 2012.
13  Recogido en las pruebas del citado don José Carrillo, nota 3, y en la ejecutoria que ganó en pleito de hidalguía en 1614 ante la Real Chancillería de Granada su abuelo paterno don Gonzalo Carrillo de Toledo, natural de Cervera y vecino de Huete. Original en Biblioteca Nacional. Manuscrito 19.083 y declaraciones en Porcón Cª 482 nº 41. Con queja del fiscal sobre que ha desaparecido de autos. También en el expediente del conquense don Alejandro Justiniano, caballero de Santiago en 1627, descendiente de los señores de Valdeloso,  con testimonio sobre que el privilegio, que se copia, lo ha presentado a la Justicia de Cuenca su vecino el escribano Juan de Rábago, aunque luego dijo en su testamento era falso Y Pedro Luis Lorenzo Cadalso en Esplendor y decadencia de las oligarquías conversas de Cuenca y Guadalajara. Hispania, 1994. Con algún error en las genealogías. que presenta.
14  Biblioteca del Palacio Real, manuscrito 1/86. Véase Pedro Blas Valverde Ogallar en Manuscritos y heráldica en el tránsito a la modernidad: el libro de armería de Diego Hernández de Mendoza. Madrid, 2001.
15  Así en Miguel de Riquer. Heráldica castellana en tiempo de los Reyes Católicos. Barcelona, 1986  Recogiendo a García Alonso de Torres en Blasón d´armas, manuscrito de 1496. … TRAEN POR ARMAS LOS D’ESTE LYNAJE UN ESCUDO DE AZUL CON UNA JARA COMO DE NUESTRA SEÑORA DE PLATTA CON SUS LYSES SALYENDO DÈLLA; Y ORLADO EL ESCUDO DE ORO CON CIERTAS ESTRELLAS DE AZUL.  
16  Apellidos de algunos de sus nietos. Su primogénito Juan Álvarez de Toledo casó con Leonor Coello, hija de los señores de  Montalvo, vecinos de Huete, en Cuenca; doña Aldonza con Juan de Cervantes, de la guarda del Rey, de quienes se ha escrito repetidamente fueron tatarabuelos de Miguel de Cervantes, autor de El Quixote; doña María con Juan de Sandoval, vasallo del Rey y de su guarda, primogénito de los señores de la Ventosa, en Huete, de quien desciende la Casa; y doña Mencía, mujer de Pedro de Alarcón, señor de Buenache, en Cuenca. Sobre la descendencia y tachas por condenas del Santo Oficio, es de interés aunque contiene errores, la declaración de Eugenio de Zúñiga, en Real Academia de la Historia, colección Don Luis de Salazar y Castro, R- 49, folios 399 a 404.  
17  Hijo de los marqueses de Cañete, guardas mayores de la ciudad de Cuenca. Converso por  nieto materno del citado primer marqués de Moya y de su mujer doña Beatriz de Bobadilla.
18  Debió morir con mucha edad, pues está documentado fundó capilla el año 14¿80? en la parroquia de San Salvador donde quedó enterrado. Luego de  sus descendientes los señores de Valdeloso. José Antonio Jara Fuente en Concejo, poder y élites La clase dominante de Cuenca en el siglo XV. Madrid, 2.000, recoge era recaudador de moneda forera de Cuenca en 1428, y de sus alcabalas con su hermano Alonso en 1420. Ambos con heredades en Coliguilla, Piqueras, Cañamares, Cañamarejos y en los sexmos de Altarejos y Chillarón.    
19  Es de interés, Jean Passini en El urbanismo de Toledo entre 1478 y 1504. El convento de San Juan de los Reyes y la judería.
20  Manuel Montero Vallejo en Propiedad, alquiler y especulación en Madrid a mediados del siglo XV: Alfonso Álvarez de Toledo. Instituto de Estudios Madrileños. Nº 55, año 2005  
21  Sobre cuyas jornadas escribe citándolo Luis de Salazar y Castro en la página 238 de  Historia Genealógica de la casa de Silva. Volumen primero. Madrid, 1685.  
22  Calles San Pedro y San Juan, donde hoy el edificio de la Audiencia y que parece fue la que utilizaban en ese tiempo. Cuyo vistoso escudo de mármol blanco que hubo en la fachada principal, coronado y con numerosos cuarteles, puede verse en una puerta lateral.
23  B. N.. Porcón Cª 482, nº 41. Su nobleza la trae de los señores de Cervera, SIN MÁS PRINCIPIO NI AUTORIDAD.  
24  Expediente del caballero de Santiago don José Carrillo de Toledo según nota 3. Traslados de 1646 ante escribanos del Castillo de Garcimuñoz, que me hace dudar sea auténtico. Para algún autor, con error,  en 1440.
25 Gil González Dávila en Teatro de las grandezas de la villa de Madrid. AQUI YACE LA NOTABLE SEÑORA D. CATALINA NUÑEZ DE TOLEDO, MUJER QUE FUE DE ALONSO ALVAREZ DE TOLEDO CONTADOR MAYOR DE  CASTILLA. FINO AÑO M. CCCC. LXXII. 
26  Con año sin determinar, como advierte Ventura Leblic García, en Sepulcros góticos en el monasterio cisterciense de Montesión. Destruido el monasterio, se conserva alguna parte en el museo parroquial del cercano pueblo de Polán. Cita Real Academia de la Historia. Signatura H, 9.292, fol. 48. V. Manuscrito de la colección Don Luis de Salazar y Castro.
27  Según crónica de Juan II, fue armado caballero en 1407 por el infante don Fernando durante el sitio de Setenil. En el de Zara fue encargado de la conducción y custodia de los petrechos y alquitrán. Por distintas fuentes se conoce que de una segunda hija casada con el judío converso maese Alonso Chirino, físico de Juan II y vecino de Cuenca, nació entre otros hijos el conquense Diego de Valera. Literato, justador y diplomático. Que hace  defensa de los conversos en escrito de 14¿58? dirigido al obispo de Cuenca don Lope de Barrientos, que en 1449 recibió el memorial del relator del Consejo sobre la familia y descendencia de su primo el Contador mayor, recogido en páginas atrás. Es de interés Federica Accorsi en Huellas de una obra de Valera en defensa de los conversos. 2009. 
28  José Antonio Jara Fuente en Concejo, poder y élites La clase dominante de Cuenca en el siglo XV. Madrid, 2.000. 
29  Los nobiliarios, con diferencias, dan por hijos del primer matrimonio, todos con apellido Álvarez de Toledo, a Juan, García, obispo de Astorga, Alonso, Aldonza, María y Mencía. Y del segundo a Pedro, Gonzalo e Isabel, con el de Núñez de Toledo. Gonzalo fue padre de Juan Álvarez de Toledo, que pudo ser el bachiller de su nombre a quien su tío Pedro Núñez encargó la traducción del latín al castellano del Tractatus de insignias et armis, de Bartolus de Sssoferrato.
30  Lugares de Madrid que compró a Luis de la Cerda, oficial de cuchillo de Juan II.
31  Francisco A. Chacón: El primer registro de Simón Fernández de Moya, escribano público de Cuenca. 1423.  Espacio, Tiempo y Forma. Serie III. Medieval. 2005. Recoge compra de una en el Alcázar a Gutierre de Sandoval y su mujer Catalina Díaz en 1423.  
32  A. R. Ch. G.. Pleitos. Caja 275, pieza 1ª. Litigó propiedad en 1507 con la villa de Alarcón y don Diego López Pacheco, marqués de Villena, de cuya Casa había sido y se vendió generaciones atrás a Diego del Castillo, de quien traían derecho los señores de Cervera. También en A. H. N., fondo del ducado de Frías. Similar en cuanto a jurisdicción y propiedad al que mantuvieron su padre Diego de Guzmán y tío el tercer señor de Cervera Juan Álvarez de Toledo en 1554.  
32  Escrituras originales de compra de los tres lugares en el que fue archivo de la Casa. Adquirido en parte por Fernando Saiz y Luca de Tena a mi instancia en los años 1980 al librero anticuario Antonio de Guzmán, calle de Los Libreros, de Madrid.
33  A. R. Ch G. Pleitos. Caja 14.578, pieza 12. Que también había pleiteado el año anterior por la heredad en Villar del Saz de Don Guillén, del mayorazgo que fundó el Contador. Caja 2.637, pieza 59.
34  Vicente de Borja en realidad por su ascendencia paterna. Originarios de la ciudad de Borja en Aragón y asentados en Cuenca a principios del siglo XVII, que José Torres Mena confunde en Noticias conquenses. Madrid, 1878, con el de los duques de Gandía, dándoles parentescos inexistentes con ellos y con los reyes de Italia.
35 Es de interés: A. H. N., Consejos, legajo 4.822, año 1727, mayo 4. Y 13.423, año 1784, número 5. 
36  Noveno según escribo en el árbol genealógico y sexto en el autor que cito en nota 35. Quizá por numerarlos desde que confirmaron con la Corona su jurisdicción civil y criminal.  
37  Ascendencia y familia en mi Títulos nobiliarios austracistas concedidos durante la guerra de Sucesión en la tierra de Huete (Cuenca). ANALES de esta Real Academia, volumen XV, año 2012.   
38  Y su padre por Real Cédula del 19 de septiembre de 1726. Véase Jesús Moya Pinedo en Títulos Reales otorgados por los Reyes de Juan II a Carlos IV a los corregidores y regidores de la ciudad de Cuenca desde 1400 a 1800. Cuenca, 2002. 
39  En Memorial literario instructivo y curioso de la corte de Madrid. Tomo XX. Año 1.790. Con invitación en su casa con refrescos y música para más de mil personas.
40  Extensa relación en Mercurio de España. Septiembre, de 1790.  
41 A. H. N.. Consejos. Legajo 3.658. Recogido por José María Barreda en Ilustración y reforma en La Mancha. Madrid, 1981. 
42  Es de interés Testimonio de las Actas de Córtes de 1789 sobre la sucesión en la Corona…  Madrid, 1833.  
43 Con anuncio en Mercurio de España. Diciembre de 1789. Sobre que ha tomado denominación de conde de Cervera.
44 Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Número 20,502, folio 75. 
45   A. H. N. Consejos. Legajo 13.423, número 5. Año 1784. Aseguramiento de bienes para renta de viudedad con memorial de bienes de su marido, con intervención de su hijo y nuera. También en leg. 13.440, 45, 1795.  
46  Es de interés para el estudio de esta familia, Juan de Vera en Los González de El Salvador y su capilla en la iglesia segoviana del mismo nombre. Segovia, 1958. 
47  El dos de septiembre de 1807 según el autor que nombro en la nota 35. Que es error.
48  Entre los libros de su biblioteca, Andrés Merino, Escuela paleographica: ó de leer letras antiguas, desde la entrada de los godos en España hasta nuestros días. Madrid, 1780 
49 Véase APÉNDICE. También Gazeta de Madrid del 9 de septiembre de 1808, anuncia en Avisos que con motivo del saqueo se habían extraviado cuarenta y cinco acciones del banco de San Carlos propiedad de su mujer doña Ramona del Castillo. Con ruego de dar noticia en Huete, donde reside. También en acta de la citada cofradía del diez de mayo de 1810, informando que los franceses habían robado su archivo. Y en contestación del año 1819 a oficio de la  Real Academia de la Historia, excusándose por no poder atender su encargo de enviar noticias de las antigüedades de la provincia por la misma razón. Entre otros menores, hubo también saqueo en junio de 1810 por el general Lucote.
50 Fecha según José Luis Muñoz en Crónica de la guerra de la Independencia Orgullo y sufrimiento en Cuenca,… Cuenca, 2007. Sobre actas municipales. Distinta de la que se dice en APÉNDICE, por lo que habrá que añadir otras prisiones.
51  Trifón Muñoz y Soliva en Noticias de todos los Ilmos. Señores Obispos que han regido la diócesis de Cuenca. Cuenca, 1860. Y Pedro Pruneda en Cronica de la provincia de Cuenca. Madrid, 1869. 
52  Padres también del doctor en Derecho, alcalde de la cuadrilla de La Mesta e importante hacendado don Vicente del Castillo, firmante como diputado por Cuenca de la Carta de Bayona. Acte Constitutionnel de l’Espagne. Siete de julio de 1808.
53  Archivo General del Ministerio de Justicia. Sección Títulos nobiliarios. Legajo 215, expediente 1.920. Expediente del título. 3.600 reales por LANZAS correspondientes a 1826, y 8.262 de Media-anata por sucesión en línea a su difunto padre. Con referencia a escritura otorgada para seguridad de futuras Lanzas anuales. 
54  Vecino de Huete y casado con doña Isidora Aguilar y Granero, natural de Cuenca. Padres de doña Ramona, don Francisco, doña María Luisa, don Pascual y doña Ramona, casada con don Juan Álvarez de Lara y Millán, coronel de Infantería y natural de Alcázar de San Juan, con descendencia hasta el día de hoy. Y en segundo matrimonio con doña Juana Sánchez y Rivera, natural de Cervera,  padres de al menos un segundo don Pascual. Con asientos de bautismo en Archivo Eclesiástico de Huete, parroquia de San Pedro.
55  Es de interés la sentencia del Tribunal Supremo de fecha diez de enero de 1880, por la que se desestimó la demanda interpuesta el dieciocho de mayo de 1849 por la viuda e hijos de don Leandro, con anterior en 1877. Sobre sucesión de la Casa y anulando transacciones con devolución por cada parte de lo entregado, que al final no tuvo efecto por lo costoso que resultaba para ambas.
56  A. H. N.. Consejos. Legajo 4.379, año 1831 Consecuencia sería quizá la enajenación con Real facultad de casas en Madrid, calle de La Cruz número 31, procedente del vínculo que fundó en Cuenca el racionero don Francisco Cortinas por su testamento en 1629. Y el préstamo hipotecario por 44.000 reales sobre casa en la calle Trujillos en 1846 ante el escribano de Madrid Felipe de la Puente. En la que vivió su hija la cuarta condesa, y que en 1867 cargó con hipoteca de quinientos mil reales a devolver en cuatro años e intereses del ocho por ciento anual, ante el escribano de Madrid José García. y Lastra. Declara superficie de 467 metros cuadrados. A. H. de P., número 27.968. 
57  Doña María del Carmen, nacida en 18 44, que contrajo matrimonio con don Juan Manuel Fernández del Pino y Tavira, con sucesión hasta el día de hoy, y doña María Eulalia, nacida 1845, que falleció soltera.     
58 Referencia en nota 54.
59 Según la página web de Javier Sanchíz, de la universidad de Méjico, y correspondiente de esta Real Academia Matritense, y Fernando Saiz y Luca de Tena. Sobre el apellido Saiz. en Villar de Cañas. … CRIADO DESDE SU NIÑEZ POR RAMÓN BONO CABALLERO, BOTICARIO DE VILLAR DE CAÑAS QUIEN CASÓ CON SU ABUELA MATERNA. RAMÓN BONO EN CARTA ESCRITA EN 1805 MANIFESTÓ “SER MUY VIEJO, SIN VISTA Y QUE LA CARTA SE LA ESCRIBIÓ UN NIETO AL QUE CRIÓ Y TIENE EN SU COMPAÑÍA”. TODO PARECE INDICAR QUE HEREDÓ DE AQUEL LA BOTICA DE VILLAR DE CAÑAS.
60  Descendiente por varonía de Alvar Ruiz, vecino de Los Hinojosos, en Cuenca, a quien Juan II concedió privilegio de hidalguía en 1451 por sus muchos y buenos servicios. Cuyo biznieto casó a mediados del siglo XVI con María Reillo, hija de Miguel de Reillo, natural de La Parrilla, y de María de Albornoz, con apellido topónimo originado en la cercana aldea de su nombre, ajeno en todo al de los señores Torralba y Beteta, Albornoz y Carrillo de Albornoz, tan conocidos en Cuenca y ascendientes de numerosa nobleza principal.  
61  BOTICARIO Y CIRUJANO en los asientos parroquiales. No siendo Juan Saiz de los latinos o de los romancistas, ni de los facultativos licenciados en cirugía médica, pues no figura entre ellos en la numerosa documentación consultada, habrá que tenerlo por de los llamados entonces de tercera o cuarta clase, habituales en los pueblos de poca vecindad. Sangradores y barberos según estaban oficialmente considerados, que tanto podían atender a las personas como a las bestias. Así entre otros muchos el contemporáneo Fernández de Moratín en su correspondencia, para quien cirujano y barbero era un mismo oficio, y Richard Ford en sus viajes por la España de los años 1.830.
62  Bajo apellidos Sainz y Saiz en las cercanas localidades de Villar del Saz de don Guillén,  Castillejo del Romeral, y Cuevas de Velasco, según la citada página web de Javier Sanchíz  y Fernando Saiz. Nota 60. Con ascendencia villana que alcanza los finales del siglo XVII. 
63  A. H. N.. Consejos. Legajo 8.970, Año 1876. nº 15.    
  Su fotografía y nota biográfica en el número 6, trece de marzo de 1903, de El Demócrata. Órgano oficial del partido en la Provincia. Y arenga en el del 17 de febrero de 1904. 
64  En la citada página web de Javier Sanchíz y Fernando Saiz, nota 61, se recoge a sus hermanas doña María del Pilar, casada con don Blandino García y Ascot, afamado dibujante diseñador e introducido en el comercio de Arte en Méjico. Exiliados en Francia y  luego allí después de la Guerra de Civil de 1936-1939. Doña María de Jesús, también expatriada en Méjico, que contrajo matrimonio con don Serafín Arcas y Echebarría, sargento del ejército de la Republica, propuesto para Mayor por méritos de guerra. Y doña Clotilde, casada con Walter Voser. Todas con sucesión hasta el día.
65  Homónimo o la misma persona que recoge el diario El País en su edición del 26 de mayo de 1976: EL TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO HA DICTADO SENTENCIA POR LA QUE CONDENA A OCHO MIEMBROS DE ETA POR ASOCIACIÓN ILÍCITA Y A DOS DE ELLOS POR DEPÓSITO DE ARMAS DE GUERRA….  EL MISMO TRIBUNAL HA ABSUELTO A MANUEL IRIGOYEN PRIETO.   
66  Doña Carmen, primogénita, casada con don Casimiro Farrán, licenciado en Medicina, con descendencia hasta el día, que no figura en la citada página web de Javier Sanchíz y Fernando Saiz, nota 60, y doña Pilar que le siguió, marquesa de Ariño por su matrimonio con don Matías Bores, militar. También con sucesión hasta el día. 
67  Doña Cristina, nacida en 1879 y casada con don Tomás de Corral. Y doña Esperanza, nacida en 1890 y casada con don Pedro Uhagón. Ambas con sucesión hasta hoy.
68  Con hermanas mayores en nota 66.  
69  Hermana mayor de doña María Jesús Saiz.