viernes, 22 de julio de 2016

Alfonso de Puig y Pérez de Guzmán

Alfonso de Puig y Pérez de Guzmán




Esta noche, Alfonso falleció tras una larga enfermedad. Perteneciente a una destacada y noble familia, Alfonso era licenciado en derecho por la Universidad Complutense de Madrid y MBA (Master Business Administration) por el Instituto de Empresa de Madrid. Casado en 1975 con doña María Luisa Cañal y de Orozco, tuvieron dos hijos Almudena y Alfonso. Era Gerente en Refancon, S.L. una empresa de construcción con sede en Las Rozas de Madrid.  Fue para mí un honor ser su amigo, un ejemplo de fortaleza, de integridad, de sentido del humor y de generosidad. Pese a su encarnizada lucha contra el mal que le atormentaba, nunca dejó de actuar en el coro benéfico religioso en bodas y funerales.  Atrajo en sus actividades a mucho amigos, entre ellos yo mismo que formé parte de un grupo de jugadores de golf presidido por él y que estuve a punto de formar parte del coro donde se habían incorporado otros buenos amigos. Como arquitecto, colaboré en ocasiones y con excelentes resultados con la empresa Refancon que Alfonso creó. Le echaremos mucho de menos, porque Alfonso era el alma de nuestro grupo de amigos, era capaz de unir por medio de su ironía. Creaba una corriente de reacciones a sus mordaces comentarios alrededor suyo, cuyo único fin era el de consolidar la amistad del grupo. ¡Cuántas horas pasé con él hablando de nuestras experiencias!
Para despedirme de ti, mi gran amigo, tomaré prestadas las hermosas palabras de San Agustín que tal vez sirvan de consuelo para todos los que te quisimos: « No llores si me amas. ¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudieras oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos! ¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudieras contemplar, como yo, la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen! ¿Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras, y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades? Créeme: cuando la muerte venga a romper tus ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban, y cuando un día que Dios ha fijado y conoce, tu alma venga a éste Cielo en que te ha precedido la mía, ese día volverás a ver a aquél que te amaba y que siempre te ama y encontrarás su corazón con todas sus ternuras purificadas. Volverás a verme, pero transfigurado, extático y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando contigo, a quien llevaré de la mano por los senderos nuevos de la luz y de la vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios néctar del cual nadie se saciará jamás. Enjuga tus lágrimas y no llores si me amas. Cuando tenga que dejarte por un corto tiempo, por favor no te entristezcas ni derrames lágrimas ni te abraces a tu pena a través de los años. Por el contrario empieza de nuevo con valentía, con una sonrisa por mi memoria. En mi nombre vive tu vida y haz todas las cosas igual que antes. No alimentes tu soledad con días vacíos sino llena cada hora de manera útil. Extiende tu mano para confortar y dar ánimo y a cambio yo te confortaré y te tendré cerca de mí; ¡Y nunca, nunca tengas miedo de morir porque yo estaré esperándote en el Cielo!»

miércoles, 20 de julio de 2016

Bosch o el Bosco en España

EL BOSCO

 El jardín de las delicias

El triunfo de la muerte

La mesa de los Pecados Capitales


Jheronimus van Aken, llamado familiarmente Joen y conocido como Jheronimus Bosch, en España el Bosco (Bolduque, c. 1450-1516) fue un pintor del norte del Ducado de Brabante, en los actuales Países Bajos, autor de una obra excepcional tanto por la extraordinaria inventiva de sus figuraciones y los asuntos tratados como por su técnica, al que Erwin Panofsky calificó como artista «lejano e inaccesible» dentro de la tradición de la pintura flamenca a la que pertenece.

El Bosco no fechó ninguno de sus cuadros y son relativamente pocos los que llevan una firma que pueda considerarse no apócrifa. Lo que se conoce de su vida y de su familia procede de las escasas referencias que aparecen en los archivos municipales de 's-Hertogenbosch y, en especial, en los libros de cuentas de la cofradía de Nuestra Señora, de la que fue miembro jurado. De su actividad artística tan solo se documentan algunos trabajos menores no conservados y el encargo de un Juicio Final que en 1504 le hizo Felipe el Hermoso. Ninguna obra se le puede atribuir con absoluta seguridad y las características de su singular estilo se han podido fijar únicamente a partir de un reducido número de obras mencionadas en las fuentes escritas, posteriores todas ellas a la muerte del pintor y, en algún caso, de dudosa fiabilidad, al no distinguirse desde muy pronto las obras del Bosco de las de sus imitadores. El Bosco adquirió aún en vida fama como inventor de figuras maravillosas y de imágenes llenas de fantasía y no tardaron en salirle seguidores y falsificadores que harían de sus temas e imaginaciones un verdadero género artístico, difundido también a través de estampas —muchas de ellas firmadas por Hieronymus Cock— y tapices bordados en Bruselas.

Felipe II, entre los primeros y más insignes coleccionistas de sus obras, pudo reunir un importante número de ellas en el Monasterio de El Escorial. En su entorno surgieron también los primeros críticos e intérpretes de la obra del Bosco. El jerónimo fray José de Sigüenza, historiador de la fundación escurialense, resumió las razones de esa preferencia en su singularidad como pintor, pues, explicaba: la diferencia que a mi parecer hay de las pinturas de este hombre a las de los otros, es que los demás procuraron pintar al hombre cual parece por de fuera; este solo se atrevió a pintarle cual es dentro.

Si me preguntaran, que no lo hacen, en que momento me hubiera gustado vivir y de qué manera, les diría que una de la épocas y fórmulas elegidas hubiera sido la de ser monje en uno de los conventos rurales de la Edad Media. Vida ordenada, buenos alimentos cultivados en las propias huertas y cuidados en sus corrales, buen vino, cerveza y licores  y buena gastronomía y repostería. A añadir la estimulante vecindad de buenas mozas que se acercaban por el convento. Y, por si fuera poco, facilidades  para tener una buena muerte e ir derecho al cielo o a través de una breve estancia en el purgatorio.

Pero, además, buenas lecturas de los papiros antiguos, estudios e investigaciones científicas y… sobre todo, el ejercicio de la pintura en el adorno de los libros que, imparablemente, transmitían a la posteridad. Verdaderas maravillas que todavía no están suficientemente reconocidas, valoradas y popularizadas.

Tenía el propósito de ver la exposición de El Bosco, uno de los santos de mi devoción, pero he tenido ocasión de ver, en pantalla gigante, un reportaje impresionante, sobre sus cuadros y su vida, que me hace dudar ante la alternativa de verlos entre el bosque de cogotes de la exposición.
Que deseable sería poder ver más películas sobre obras maestras de artistas. Encuentro algún defecto como es que los comentarios en otros idiomas no estén doblados lo que obliga a mirar los letreros de la traducción sacando la mirada del cuadro. También la habitual pedantería de los “expertos” que se desviven buscando y explicándonos lo “que quiso decir”, lo literario.

Menos mal que allí estaba Barceló para decirnos que a él no le interesa la interpretación (el mensaje), sino lo visual, lo pictórico. Los “expertos” pretenden, siempre, hacer literatura de una obra de arte, buscan anécdotas, mensajes y símbolos, mientras que para Barceló, los artistas buscan lo visual, la creatividad, la poesía. De ahí que el Arte Conceptual, que los “expertos” aplauden, apoyan y venden es, como su nombre indica, un 90% conceptual y un 10% Arte. Pero amigos, el Arte es otra cosa.

Se tiene a El Bosco como un pintor misterioso y enigmático porque se conoce poco de su biografía, pero es probable que no la tenga. Simplemente, creo yo, fue un pintor, hijo y nieto de pintores, ensimismado y ocupado, rutinariamente, en su labor. También se le tiene como a un pintor aislado, sin influencias precedentes, pero yo no lo veo así. Yo lo veo inmerso en una época en que muchos artistas vertían su imaginación y creatividad en la representación de seres fantásticos en convivencia con los humanos, como podemos contemplar en las alucinantes gárgolas y las fantásticas tallas, en la piedra y en la madera, de las catedrales góticas.

Y volviendo al principio, a las milagrosas fábricas de Arte y sabiduría que eran los conventos medievales, podemos considerar a El Bosco influido, también, por las maravillosas ilustraciones que inundan los libros en que los monjes nos transmitían la sabiduría antigua.

No cabe duda de que el tiempo, en aquellos recintos, debía tener otra dimensión pues aquellos maravillosos e incógnitos artistas no se limitaron a copiar y traducir los antiguos escritos que custodiaban, sino que inventaron nuevas caligrafías cuyas letras eran, ya, verdaderos hallazgos pictóricos y hacían de cada página, adornada de miniaturas de gran minuciosidad e inventiva, una obra maestra.

 Vemos, en ellas, infinidad de pinturas, ejecutadas con atractivas tintas, dando vida a motivos, desde la más exigente figuración a la más delirante abstracción, pasando por el surrealismo más imaginativo.

Nunca conoceremos los nombres de estos artistas a los que debemos tanto, pero sus obras, tan ignoradas, son comparables a las de los grandes maestros que se expresaron en lienzos, paredes y maderas.

El Bosco fue, sencillamente, uno más de ellos, que escapó saltando, artísticamente, la tapia del convento.

miércoles, 13 de julio de 2016

Gracias, Torero.


Los animalistas radicales pretenden igualar una vida animal a una vida humana, de modo que el toro tenga los mismos derechos que una persona. El planteamiento es sencillamente brutal, no solo porque el humanismo se da de bruces contra el animalismo, sino porque nos llevaría al absurdo de defender que comerse una vaca es igual que comerse a un recién nacido, tesis defendida por un «pensador» que atiende al nombre de Peter Singer y que escribió un libro, «Animal Líberation», que en su afán por colocar en un mismo plano de igualdad a un niño y una vaca -con el argumento de que comparten el mismo sistema nervioso- terminó por obrar la aberración de que haya cabezas presuntamente humanas que celebren la muerte del torero Víctor Barrio y eleven a la categoría de mito al toro que le arrancó la vida de una cornada. 

Los hijos de Peter Singer han emergido en las redes sociales para dejar constancia de su maldad, perfidia y vileza, cualidades que describen la bajeza moral de quienes no son hombres ni animales, sino pura bazofia. Es mil veces más digno en su animalidad el toro que le arrancó la vida a Víctor Barrio que estos destiladores de odio a los que otorgamos la condición de humanos y dotamos de derechos, precisamente por lo contrario que defendía el «pensador» Peter Singer, padre espiritual de todos ellos... 

Los animalistas radicales se conmueven ante la muerte de un toro y festejan la muerte de un torero. Uno, en su infinita candidez, pensaba que sufrían por ser personas dolientes (con sentimientos), pero dada su reacción en las redes está visto que no es la condición humana la que les lleva a impostar aflicción ante la suerte del animal. No tienen condición -ni humana ni animal- y son simplemente despojos. 

Los animalistas radicales pretenden que el toro tenga los mismos derechos que una persona. El planteamiento es brutal, pero dadas las circunstancias les propongo una alternativa: que quienes han celebrado la muerte de Víctor Barrio en las redes pierdan sus derechos como persona y pasen a ser tratados como «animales no humanos», categoría sugerida por el «pensador» Peter Singer en su libro «Animal Liberation». Así estarían en un plano de igualdad con ese toro al que han elevado a la categoría de mito. 

Víctor Barrio que estás en los cielos: no sé si te servirá de consuelo, pero les has desenmascarado. Gracias, Torero.

martes, 12 de julio de 2016

Escribe tu biografía

Escribe tu biografía 

Los géneros de la memoria existen desde tiempos inmemorables, pero quizás a partir del siglo XVIII es que toman un protagonismo mayor. Así, el diario, el testimonio, la biografía, las anotaciones, la crónica de viaje, forman parte de uno de los corpus más importantes del siglo XX y, cada vez más, del siglo XXI.
¿Qué podemos, realmente, recordar? Aquello que escribimos, que retratamos, que dejamos como constancia en la página. Cada historia personal es única, y merece ser contada desde la historia mínima de cada quien: cada recorrido que has acometido, cada instante central y fundamental de tu vida, y que solo tú sabes reconocer. Narrar tu recorrido vital como forma de reflexión, de visita desde la memoria hacia el pasado, a lugares centrales en tu vida, de recorrido por medio de la palabra, de esos tiempos fundamentales. Es por medio de la palabra que el tiempo pasado puede ser recobrado: por la palabra y su capacidad de regeneración de lo olvidado; por la palabra y su capacidad de recorrer cada paso que damos.

En mi caso escribí una biografía irónica orientada hacia mi infancia, a anécdotas de mi vida profesional de arquitecto y otras, y sobre todo, hacia mi familia. Sin embargo opté por no publicarla de momento y dejarla en un cajón para que mi hija decida en el futuro qué hacer con el libro. El título es: La Comunidad de Propietarios, Anécdotas de vida y de profesión de un arquitecto.


Sin embargo he escrito varias biografías (24) de hombres y mujeres personajes importantes de las familias de mi mujer y de la mía, durante un periodo de doce siglos de historia, en mi libro Retratos, Anécdotas y secretos de los linajes Borja, Téllez-Girón, Marescotti y Ruspoli, que fue publicado por la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía. La primera edición del libro se agotó, pero hay una versión digital que se puede conseguir en Amazon.




Por último señalo otro libro, por el momento solo en versión digital, titulado Los Bellegarde de Saint Lary, un linaje de Saboya repartido por el mundo, un libro dedicado a mi hermano Roger y a sus hijos Gabriela y Alejandro. Está pendiente de publicar por la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía.






El poder curativo de la nutrición

Interesante libro que recoge treinta y dos dossieres de salud relativos a treinta y dos enfermedades con consejos para su prevención o curación por medio de homeopatía, un sistema curativo que aplica a las enfermedades, en dosis mínimas, las mismas sustancias naturales que, en mayores cantidades, producirían al hombre sano síntomas iguales o parecidos a los que se trata de combatir. Más abajo hay un enlace para poder acceder al texto en formato pdf.




lunes, 11 de julio de 2016

El verano de los nuevos ricos, por Miryam Satrústegui

 EL VERANO ESTRESANTE DE LOS NUEVOS RICOS


No existe época del año que se comporte de forma más cruel y estresante para  con un grupo social que el verano para con los nuevos ricos.  
En cuanto se pone en marcha la fatídica operación bikini anunciando la llegada de los calores estivales, -que reducen drásticamente la posibilidad de echarse encima esa  cantidad de ropa y accesorios de marca que uno puede ponerse e otras estaciones-, los nuevos ricos empiezan a ponerse muy nerviosos.
La globalización también ha globalizado a los de esta especie, que ya no se conforman con pavonearse localmente.  Antes, los recién llegados al mundo del dinero, se quedaban en sus zonas.  Por ejemplo si eran americanos iban al Caribe, si eran chilenos a Valparaiso, que eran griegos, pues a Mikonos.  Pero ya no. Ahora todos se mueven por todas partes, y esto tiene sus consecuencias.
Llegan los nuevos ricos rusos, chinos, árabes y demás procedencias de allende los mares y Urales para poblar nuestras costas, consiguiendo dejar a los nuevos ricos españolitos a la altura del betún.  ¡Hombre, esto no es justo! ¡Ya está bien de que esos millonetis extranjeros vengan aquí a hacer sombra!
Y claro, nuestros nuevos ricos, frente a competencia tan desleal, se agarran a las pocas cosas a las que pueden agarrarse. Todo nuevo rico nacional tiene que poseer o alquilar, por narices, un yate. De acuerdo, los árabes son capaces de venir con sus "trasatlánticos" y jorobar, pero los chinos y los rusos aún no lo hacen, y los nacionales aprovechan ese resquicio.
A bordo de un yate, al nuevo rico  se le distingue perfectamente por ese dubitativo aplomo en sus movimientos, esa pose "casual" que adopta en el lugar más visible de cubierta y ese escoger fondeadero en las zonas más abarrotadas frente a los chiringuitos más de moda.
Además se ven en la obligación de otear el horizonte para comprobar que a su alrededor haya alguien que les reconozca. Y aquí caben dos posibilidades: saludar a otro -con un barco peor- haciendo grandes aspavientos, que podrían llegar a confundirse con llamadas desesperadas de auxilio;  o por el contrario,  enfrentar la cruda e hiriente realidad de que otro nuevo rico nacional, conocido de él, tiene un barco más grande o más moderno. ¡Qué vergüenza! ¡Qué apuro!
A nuestro personaje le acaban de arruinar el día complicándole los planes de ahí en adelante.  Tendrá que pensar en fondear, en el futuro, lo suficientemente lejos del otro como para que no sea demasiado evidente la diferencia.  Vete tú a hacer eso tal y como está el tráfico en los fondeaderos de moda.  
¿Y si el conocido del barco mejor ha tomado el atraque inmediatamente seguido al de ellos?. Uffff!!!! 
Personalmente el plan del barco me gusta para bañarme en mar abierto disfrutando de un entorno idílico en soledad, navegar viendo paisajes bonitos o  ir a pescar con la esperanza de encontrarme con algunos delfines durante la travesía. Y , si acaso, trasladarme frente a alguna playa, siempre que el siguiente barco guarde una distancia mínima que respete un especio vital suficiente. Pero he observado que, nada de lo que a mí me puede resultar atractivo en el hecho de embarcarme,  se ajusta a los planes de estas gentes de los que hoy se ocupa el escrito.
Porque esta obsesión de los nuevos ricos por tener todos yate o alquilarse uno, habrá salvado a muchas navieras,  pero también ha venido a chingar muchos planes. Y a los que antes disfrutaban de una cierta privacidad frente a la costa, y se daban sus chapuzones tranquilamente desde su barco, les han convertido esa costa en un campo de concentración.  
¡Hala! Allá van todos en un indiscriminado pelotón, que ya no distingue entre los "de siempre" y los "recién llegados",  a fondear entre una nube de embarcaciones.   Se juegan la  vida intentando dar unas brazadas en medio del denso tráfico de motos acuáticas y zodiacs, que da un miedo espantoso porque los pilotan gentes muy inexpertas  que,  si te descuidas, te pasan por encima y te llevan un brazo con una hélice. Esos baños de antes, en aguas transparentes, se han visto reemplazados por baños de alto riesgo, cuya única virtud reside en que si te has quedado con hambre, puedes tragarte los restos de alguna paella que cualquier vecino "nuevo rico"  ha tirado por la borda.
Ahora, que los que más penita me dan son los que se han comprado  o alquilado los yates más absurdamente enormes y carísimos, y se ven forzados a pasar sus vacaciones dentro de ellos.  Porque es sabido que cuando un nuevo rico hace un gasto considerable, necesita que se note continuamente.
Ahí los tienes cenando a bordo, a la vista de todos los transeúntes de los paseos de puertos deportivos. 
Los ricos  de toda la vida no pernoctan a bordo salvo que sean auténticos lobos de mar o estén haciendo algún viajecito náutico que les obligue a  fondear al abrigo de alguna cala.  ¿Cuándo se ha visto eso de dormir en un barco atracado permanentemente en el mismo sitio? Este punto me resulta particularmente incomprensible.
¿Podrían explicarme qué tiene de maravilloso dormir en un camarote que es más pequeño que la habitación de un hostal, con un techo tan bajo que te recuerda a cuando te tienen que hacer un TAC?¿Puede ser estupendo el hecho de "disfrutar" de un cuarto de baño diminuto cuya ducha es multiusos cual vaporeta? ¿Cuál es el tremendo atractivo de saborear algo cocinado en un  hornillo de camping gas?¿Eh?
Nada, nada. No me convence.  Por mi parte, mantengo que el plan es cualquier cosa menos elegante. De hecho solo puedo asemejarlo al veraneo a bordo de roulotte en algún camping. 
Y con todo esto, dígame usted querido lector: ¿Podrán los nuevos ricos pensar alguna vez que el verano es maravilloso o que se descansa un montón?

sábado, 9 de julio de 2016

Los antiguos chiringuitos levantinos, por Miryam Satrústegui

VERANO : LOS ANTIGUOS CHIRINGUITOS  LEVANTINOS (DE LOS QUE YA QUEDAN POCOS)

  El chiringuito de Pepe, serie televisiva 
             
En los años de la explosión turística de la costa levantina española, allá por los sesenta y principios de los setentas, proliferaron los chiringuitos de playa.
Al frente, paseando entre las mesas de la terraza, un avezado hombre de negocios, con pocos estudios pero un finísimo sentido para detectar nichos de mercado y, tras la barra, su mujer/socia/cómplice, especializada en hacer croquetas, tortillas, arroces y guisos varios.
Las mesas las servían camareros sin edad mínima. Y no era raro ver a un chiquillo, que levantaba del suelo lo que una taza de café con leche, corriendo entre las mesas con las comandas.
El empresario en cuestión, se asomaba a la terracita   y  hacía una perfecta disección de la clientela del momento: nacionales o guiris. 
Era de suma importancia tener en cuenta la franja horaria, que imponía siempre un descalabrante movimiento en los números. A la una del medio día el 99% eran guiris y a las tres de la tarde nacionales. 
El menú estrella de todo chiringuito levantino que se preciara era, y creo que aún  es, la paella acompañada de sangría.  La elaboración, tanto de este plato tradicional de la cocina española como de tan patriótica bebida,  admite muchas variaciones. Y aquellos linces de las finanzas lo sabían perfectamente.  
En las cocinas hervían lo pucheros con el fumet de pescado reservado para las paellas de los españoles.  Los pescados y mariscos se seleccionaban también por tamaños, estados de "entereza", frescura etc.; al igual que el azafrán quedaba separado del colorante "carmencita" o las verduras frescas de las de bolsa.  Para la sangría existía la posibilidad de  usar vino de botella de cristal con corcho, o de botella de plástico con tapón a rosca- que venía directamente desde la bodega clandestina de algún pariente o amiguete de fiar.
En la primera franja horaria, esa que iba desde la una a las dos, los guiris ocupaban las mesas.  Esos turistas nórdicos de piel del color de la de  los carabineros. Si apretabas un dedo contra su brazo, aparecía una marca blanca que tardaba un poco en volver a ponerse del mismo color casi "púrpura" del resto de su epidermis.
Llegaban, se sentaban a las mesas y esperaban a que el "jefe" les ofreciera: Paella y Sangría.  Quizá quisieran comer otra cosa, pero como no entendían ni las cartas ni mucho menos al "jefe", asentían, siempre sonrientes, y dejaban hacer.
Primero salía la Sangría.  Los guiris, deshidratados bajo este sol nuestro que no está hecho para termostatos humanos tan sensibles, se bebían las dos primeras jarras del tirón, sin tan siquiera esperar al cesto de pan ni a las aceitunas- invitación de la casa- ni a ningún otro sólido.
Pasados veinte minutos, cuando los nórdicos ya estaban cocidos como mirlos  y sus carcajadas habían sustituido por completo aquella jerga diabólica en la que se entendían, el "jefe" salía de cocinas con la paella siguiendo una escrupulosa puesta en escena que discurría, más o menos así:
Portando la paella en alto, cual preciado trofeo, voceaba: "A la rica paella. Qué viva España".  Esto solía coincidir con otro detalle nada despreciable: en el radio casete del local sonaba "Una lágrima cayó en la arena", de nuestro universal cantante Peret.
 A la altura de la mesa de los incautos guiris, el tremendamente profesional "jefe-camarero",  bajaba la paella con un movimiento de swing circular describiendo un arco perfecto, hasta presentarla a los clientes con una inclinación de unos 30 grados. 
Las paellas "especiales"  para guiris eran dignas de verse. Ningún nacional jamás les hubiera hincado el diente. Claro que los guiris no se daban cuenta de nada.  Porque la ignorancia en materia culinaria española unida a la euforia del momento vacacional, el pedal que se cogían con las dos primeras sangrías- que se les habían  subido a la cabeza como los ciclistas colombianos (escarabajos) suben el Tourmalet-, y el principio de insolación, eran los perfectos aliados del dueño del chiringuito.
El arroz estaba muy muy amarillo, salpicado de guisantes de un verde casi fosforescente y textura tan tersa y compacta como los balines de una chimbera de feria. Trocitos de pimiento rojo,  cachos gruesos de choco, alguna gamba descuartizada y un par de cigalas maltrechas.  
Las cigalas siempre estaban enfrentadas una a la otra en el centro de la paella, con el cuerpo curvado, cabezas levantadas y la única pinza que les quedaba alzándose amenazante contra su contrincante. Porque las cigalas que participaban de las paellas para guiris más que cigalas parecían aparcacoches.  Lo de los aparcacoches de antaño lo tendré que comentar en algún post futuro (baste decir que no había ni uno que no fuese cojo, manco, torcidito o algo peor).
Bueno, a lo que iba.  El jefe servía los platos con aquello y a los guiris se les hacía la boca agua mientras pensaban para sí: "el verano es maravilloso, y se descansa un montón"