lunes, 13 de octubre de 2014

Carmen de Bizet

Tras haber asistido a la primera representación de la temporada del teatro de la Zarzuela y haber vuelto a ver la representación en la Dos este domingo, una representación con entrevistas a los directores artísticos, del teatro, y con visita a la exposición paralela del museo Thyssen, me atrevo a dar una opinión al respecto.


El por qué escenificar una Carmen en castellano en vez de en el francés original una vez superados los nacionalismos y romanticismos patrios de siglos pasados, es cuestionable, pero al fin y al cabo es una opción planteable para un teatro como el de la Zarzuela. Esta Carmen con traducción y versificación de Eduardo de Bray en 1890 y que insisto, mucho habría que discutir sobre si debería o no ser considerada como una zarzuela más; una vez que el público haya podido superar la falta de idiomatismo, de métrica y de sincretismo entre una música y una lengua, una sonoridad, una sintaxis, una forma de decir que fueron creadas la una para la otra, se encontrará con otro escollo: el nulo concepto escénico. El problema de la puesta en escena, del konzept de esta Carmen es, simplemente, que carece de él. Se quiere hacer ver a Carmen como una tragedia griega y para ello se aferra la directora de escena Ana Zamora a la nota que Merimée hiciera del misógino Páladas en su obra universal: “Toda mujer es hiel, pero tiene dos momentos buenos: uno en el tálamo, el otro al morir”. De aquí, se desprenden una serie de vídeos un tanto atroces con los que se pone imagen a los entreactos y la obertura, en los que en unas representaciones muy simples, Carmen nos va regalando nuestra libertad, todo ello mezclando citas en griego con otras de Pardo Bazán o de De Bray, en un sinsentido que desvirtúa y resta de contenido al drama de Carmen, del que cualquier público se verá, a la fuerza, distanciado.

En el escenario, una suerte de gradas con reminiscencias de teatro griego en el que se agrupaban unos pocos arcos de aspecto de piedra travertino que bien recordaban al coliseo romano, donde tal vez encaje mejor la tragedia tal y como sucedió, tal y como la Duquesa de Alba se la transmitió a Merimée y tal y como la ideó Bizet inspirándose en aquel. Errática la iluminación y un vestuario bastante pobre de Deborah Macías con toreros prácticamente iguales a los militares, en el que el mejor acierto fue el atisbo de la República en los vestidos de las cigarreras. Todo ello remachado con un telón que bien parece deberse al patrocinio que los bombones Ferrero hace de la exposición paralela que tiene lugar en el Museo Thyssen, Carmen en las colecciones españolas.

Las tres horas de música estuvieron plagadas de momentos escénicos que dejaron la sensación de estar presenciando ocasiones perdidas a través de un totum continetur que pretendía ser una evolución temporal en la que tan pronto estábamos en la República como en los años setenta. No hubo más que ver el muy mal planteado comienzo del segundo acto. Si no se es capaz de dar movimiento sobre el escenario a una música tan viva, tan sugestiva y dotar de unas mínimas líneas claras de lo que se pretende, entonces no se puede estar a la altura de la obra, haciendo prever el camino que se iba a continuar, terminando en un colofón pseudo-onírico con Carmen presentada como una deidad sociológica y muriendo de pie, atravesada por una luz blanca, rodeada por niños y con una corona de flores en la cabeza, en una escena de lo más naif en pleno verismo a la francesa, mientras la sociedad mira para otro lado. Menos mal que según Ana Zamora, Carmen es “el drama de los hombres que no saben como actuar frente a una mujer libre”. Bueno, pues ella tampoco.
 
La gran suerte que hemos tenido es que esta Carmen es cantada por una de las mejores defensoras e intérpretes de su historia, de su sensibilidad y su voz: María José Montiel. Cómo siempre no sólo dándole vida sino sumergiéndose en los porqués de Bizet y Merimée, y eso se nota, y se agradece.  La intervención de la mezzo soprano, al igual que la del resto del reparto, se vio algo lastrada por el castellano, que parecía obligar hacia la ralentización de los tiempos y algún cambio de paso al agudo para que todo chirriara menos al cantarlo en nuestro idioma. La Montiel hace y deshace a Carmen a placer, por algo es su papel fetiche.Quien no se encontró nada cómodo en la tesitura de Don José fue el tenor José Ferrero, de línea y emisión completamente perdidas, monótono hasta el desinterés, con apenas algunas frases bien colocadas y disfrutables. Sabina Puértolas dibujó una Micaela de lírica plena, que evoluciona y siente más allá del estático retrato que de ella hizo Bizet. Por su parte, la voz de Rubén Amoretti convenció con su rotundidad, oscuridad y robustez. Uno de los mejores momentos de la noche lo regaló el quinteto “Pues sabed que viene una partida” formado por la protagonista, la Frasquita de Isabel Rodríguez, la Mercedes de Marifé Nogales, El Donaire de Javier Galán y El Remendado de Mikeldi Atxalandabaso, todos ellos intachables. Bien también el Morales de Gerardo Bullón, con unas primeras frases algo frías y algo ingrato el timbre del Zúñiga de Francisco Tójar.

En el foso la joven directora china Yi-Chen Lin, quien sin lograr una gran lectura, ha sabido domeñar a los atriles de la ORCAM. No hay mucho lirismo ni muchas dinámicas en esta Carmen de, como decía, tiempos lentos y rotundidad en las cuerdas, que fueron lo mejor de la noche. Acertado una vez más el Coro del Teatro de la Zarzuela e impecables y muy bien dirigidos los Pequeños cantores de la JORCAM.



domingo, 12 de octubre de 2014

Romance del mus

ROMANCE DEL MUS

Escuchadme fijosdalgo,
escuchad lo que pasó,
entre un Conde castellano
y don Sancho de León.
El tal Conde era un gran Conde,
mas que Conde, era un condón;
de don Sancho, ¿qué deciros?,
un don Sancho del montón.

Los dos amaban a Aldonza,
doña Aldonza de Quirós.
Ambos se la disputaban
con denuedo, con pasión.
En vista de que con luchas
ninguno la consiguió,
acordaron resolvello
jugándosela los dos.

Escuchad lo que dijera
el don Sancho de León:
-“Si vos quisierais, buen Conde,
hoy la pelea acabó,
faríamos que la suerte
decidiera ya entre nos,
pues si vos os atrevieseis,
al mus la jugara yo
y bendijese San Pedro
a quien se la diese Dios.”-

Así respondióle el Conde,
bien oiréis lo que fabló:
-“Aunque el mus es villanía
y no es juego de honor,
ya que en él siempre se miente
igual que miente un felón;
y aun teniendo cuatro reyes,
con el mas tierno candor,
se callan todos a grande

para cazarte mejor;
y hacen ridículas muecas
sin el mínimo rubor,
acciones todas malvadas,
indignas de gran señor...,
¡Vive Dios!, Que no se diga
que ha de faltarme el valor.
Dejaos ya de monsergas
y presto, sin dilación,
barajad naipes, don Sancho,
que he de repartirlos yo.”-

Y sentándose a la mesa,
la partida comenzó.
Treinta fidalgos había
de la timba en derredor.
Los congojos en el cuello
y la su faz sin color;
amarillos los semblantes,
temblor morado en la voz,
pues nunca al mus se jugara
lo que en aquesta ocasión:
nada mas y nada menos
que a doña Aldonza Quirós,
cuando, lo mas, apostaban
un cafelito los dos.

Barajadas ya las cartas,
el Conde las repartió
mencionando al terminar,
como es de tradición,
que aquel que cortara el mus
era mano en la ocasión.
Don Sancho fabló primero
y, ladino, mus se dió;
el Conde miró sus cartas
y, sin dudar, lo cortó.

-“Soy mano y paso a la grande”-
-“A la grande envido yo”-,
(musitó con voz velada
el que naciera en León).
-“No puedo querer ni una”-
-“Pues me apunto el por que no”-
-“¿Qué hay de la chica, donSancho?”-
-“A esa también echo dos”-
-“Un envite es un querite
y le quiero, ¿porqué no?”-
-“Yo llevo pares”--“Y yo”-
-“También os envido dos”-
-“En fin, dos..., voy a quererlas.
Pasemos a otra cuestión”-

-“Yo tengo un fermoso juego”-
-“Y yo también, ¡vive Dios!”-
-“Entonces, van diez al juego.
¿Qué haceis, las quereis o no?”-
Al oir esto don Sancho,
dos amarracos tomó
y con voz clara y tonante,
de esta guisa le fabló:
-“Agora verá Castilla
de sus condes el valor.
Yo juego diez mas al juego,
aunque seais mano vos”-

El Conde quedóse blanco,
la su pupila tembló,
el corazón dióle un vuelco
y casi perdió la voz.
Él era mano, en efeto,
sus treinta y una miró
y pensando en doña Aldonza
órdago al juego le echó.
Un silencio espeso, tenso,
a la parroquia envolvió
y con voz atrompetada,
con nítida entonación:

-“¡No me echa atrás ni mi padre!”-
dijo Sancho, el de León.
-“Treinta y una llevo y quiero,
¡El juego lo gano yo!”-
-“¿Qué vos ganasteis el juego?,
Sancho, sois un tontorrón;
si vos llevais treinta y una,
treinta y una tengo yo,
¡pero gano por la mano!”-
el Conde le contestó.
Y levantándose, ufano,
las cuatro cartas tiró,
mientras muy fijo, a los ojos,
le mira Sancho, burlón.

(Bien oireis como, burlando,
del Conde así se burló):
-“Si sois mano o no sois mano,
se me importa a mi un coxón,
que aunque lleveis treinta y una
no cambia la situación,
pues la mía es la REAL.
Miralla bien, ¡vive Dios!,
los tres sietes y la sota,
¡fabeis perdido, señor!”-
Un taco gordo escuchóse
y una horrible imprecación,
seguida de otras lindezas
el Conde a Sancho espetó:

-“¡Felón, mal nacido, paria,
cerdo, tramposo, follón,
hijo de zorra sarnosa,
soplapitos, maricón!
¡Leonés de baja estofa,
fementido, bujarrón!
¿Cómo te atreves, cornudo,
a decir que pierdo yo?”-
Entonces, rojo de ira,
de un arcón la tapa abrió;
sin dudar un solo instante

una gran maza sacó
y esgrimiendo el artefato
golpeó con tal ardor,
que al atónito don Sancho
la cabeza le aplastó.

Los fijosdalgos presentes,
mudos, plenos de estupor,
sacudiéronse la sangre
que sus ropajes manchó.
El Conde, Fernán González,
a todos ellos miró
y recogiendo las cartas,
de este modo les fabló:
-“Ya vieron vuesas mercedes
lo que ligó el de León,
¡los tres sietes y la sota,
siendo, además, mano yo!.
En mi puñetera vida
me topé con un felón
como el que yace a mis plantas
con el suelo de almohadón;
y aunque hacer la Reconquista
tarde un siglo mas..., o dos,
León se quedó sin rey,
como sin abuelo yo.
A ver quien le echa bemoles
y en cualquiera otra ocasión
repite la faenita
que pretendió este mamón,
para lograr los favores
de doña Aldonza Quirós,
hija del Conde Rodrigo
y sobrina de Albornoz”-

Tras la dicha perorata,
el bigote se atusó,
compúsose la armadura,
el yelmo se ladeó
y montando su caballo,
sin decir siquiera adiós,
picó duro las espuelas
y hacia sus tierras partió.
Al tiempo que se alejaba,
una campana dobló;
y oíase, tras el viento,
esa fúnebre canción,
que en las fiestas veraniegas
hubo de moda en León:
“Bien muriéredeis, don Sancho,
bien pagasteis vuestro error,
que en las tierras castellanas,
do se juega al mus mejor,
para sacar la REAL
hace falta hablar con Dios;
y el que la liga se expone,
como os expusisteis vos,
a que le partan el cráneo
de mazazo superior,
por chulo, por engreído,
por bellaco y por ligón.”

Y es de todos conocido
y desde entonces sabido,
que, en vista de lo ocurrido,
para evitar nuevo mal,
en Castilla se ha prohibido
LA TREINTA Y UNA... REAL.


jueves, 9 de octubre de 2014

El Profeso y la masonería

Queridos Amigos:
Con gran satisfacción os comunico que mi última obra
El Profeso y la masonería, décimo quinta novela histórica de la serie El Profeso, será una realidad en el mes de noviembre de este año. ¡Tengo delante mío el contrato de edición! Estamos trabajando contra reloj para la campaña de Navidad.





Portada, contra portada, solapas y lomo del libro.

El Profeso y el opio

Esta mañana me ha comunicado la editorial Sial Pigmalión haber firmado el contrato de venta con el Corte Inglés, por lo que el libro estará por fin disponible en sus librerías. Para los que vivís en Madrid, en la zona Vallehermoso del barrio de Chamberi, os tengo una sorpresa. En el kiosko de Paco, delante de la Clínica La Luz, el libro se vende con un descuento de tres euros sobre el precio de venta del Corte Inglés y hay disponibles una docena.



lunes, 6 de octubre de 2014

Genocidios de la Humanidad

Genocidios de la Humanidad

Los párrafos relativos a la rebelión Taiping y a las guerras del opio, que aparecen más abajo en letra cursiva, son objeto de mi novela titulada El Profeso y el opio, publicada por la editorial Sial Pigmalión.

“La muerte de una persona es un hecho trágico, pero la muerte de un millón es simple estadística”. Joseph Stalin, uno de los mayores genocidas de la Humanidad…

Masacres en la Historia de la Humanidad

Prehistoria
Hace 24.000 años, los Homo Sapiens causaron probablemente la extinción de los Homo neanderthalensis al compartir las mismas regiones cuando las condiciones climáticas eran benignas. Los Neandertales, que llevaban unos 190.000 años evolucionando en el continente europeo, se extinguieron en tan sólo 10.000 años por el asedio del hombre moderno, que propició la endogamia de su reducida población, y con ello su agotamiento genético.

Imperio Romano
En el año 52 a.C. concluyó la Guerra de las Galias, en la que Julio César conquistó 800 ciudades, subyugó 300 tribus celtas y germanas y un millón de personas fueron vendidas como esclavos y otros 3 millones muertas en el campo de batalla y en múltiples incursiones. El Imperio Romano, durante siete siglos, exterminó y esclavizó a millones de personas. Miles de estos esclavos fueron obligados a luchar a muerte en los juegos públicos, convirtiéndose así en gladiadores.

La Revuelta de An-Lushan
Entre 755 y 763 el líder militar An-Lushan, étnicamente de origen centroasiático, que vivió durante la dinastía Tang en China, instigó una rebelión contra el poder imperial. Como consecuencia de la represión murieron 35 millones de personas. El propio An Lushan fue asesinado por su propio hijo cuando contaba con 54 años.

Las Cruzadas
Entre 1096 y 1444, la Europa católica lanzó múltiples expediciones armadas denominadas cruzadas con la excusa de recuperar Tierra Santa pero motivadas por los intereses expansionistas de la nobleza feudal, el control del comercio con Asia y el afán hegemónico del papado sobre las monarquías y las iglesias de Oriente. En ellas se marchó contra los musulmanes, pero también contra los cristianos orientales, rusos y bizantinos, contra el movimiento de los cátaros en el sur de Francia y contra los judíos. Se calcula que las diversas matanzas y guerras llevadas a cabo por los cruzados produjeron 5 millones de muertes a lo largo de tres siglos y medio.

Las Masacres de los Mongoles
Durante el siglo XIII, las distintas y múltiples invasiones llevadas a cabo por los mongoles al mando de Gengis Khan y Hulagu en el Asia Central produjeron la cifra de al menos 30 millones de muertos, en su mayoría musulmanes, aunque algunas fuentes cifran en 60 millones. La población de la región, originalmente de sesenta millones, se redujo a diez millones, debido a las muertes y a los refugiados que huyeron a otras comarcas. Desde mediados del siglo XIV hasta principios del siglo XV, las sucesivas masacres llevadas a cabo por Tamerlán Timur en el mundo musulmán oriental acabaron con la vida de 17 millones de personas.

La Conquista de América
La conquista de América (1492) por los europeos y la expoliación de ésta por sus herederos criollos ha provocado, aproximadamente, la muerte de alrededor de 100 millones de personas hasta la actualidad, entre matanzas, represiones y las múltiples enfermedades derivadas del encuentro intercultural.

Las Guerras de Religión en Francia
Las guerras entre católicos y los protestantes franceses de doctrina calvinista o hugonotes, entre 1562-1598, causaron la muerte de al menos 3 millones de seres humanos. Entre las masacres más recordadas se encuentra “La noche de San Bartolomé” (el 24 de agosto de 1572) en París cuando una gran cantidad de hugonotes fueron asesinados por los bandos católicos. Las rebeliones se extendieron por varias ciudades francesas, muriendo más de diez mil personas en todo el país en sólo una noche.

La caída de la dinastía Ming
La dinastía Ming reinó entre los años 1368 y 1644. La conquista manchú de China (1618-1644) produjo la muerte de no menos de 25 millones de personas.

Rebelión Taiping
La Rebelión Taiping fue una guerra civil con grandes connotaciones religiosas y sociales, que ocurrió en China entre los años de 1851 y 1864, en las que se enfrentaron las fuerzas imperiales de la dinastía Qing y el Reino Celestial de la Gran Paz, un estado revolucionario teocrático gobernado por un místico cristiano autodefinido como Mesias (inclusive declarándose hermano menor de Jesucristo y enviado de Dios para erradicar el culto al demonio). Las fuentes más fiables establecen en 20 millones las muertes provocadas por esta confrontación.

Guerras del Opio
Como consecuencia del aumento del consumo de opio en China (entre 100 y 150 millones de personas a comienzos del siglo XIX) monopolizado su comercio por el Imperio Británico, el gobierno chino lo prohibió, desembocando así la Primera Guerra del Opio (1839-1842) que perdería China y por la que ésta cedía Hong Kong a los ingleses. La Segunda Guerra del Opio (1856-1860) tuvo lugar después de que los chinos se negaron a ceder ante la presión británica de legalizar el opio y permitir el acceso a puertos en el interior. Se calcula que en 1880 las importaciones chinas del opio pasaban de las 6.500 toneladas al año y la población adicta en más de 15 millones. Según estimaciones de historiadores, en este período murieron cerca de 60 millones de chinos.

Leopoldo II en el Congo
Leopoldo II, entre los años 1835-1909, dictó normas por las que expropiaba a los pueblos congoleños de todas sus tierras y recursos, e incitaba a su ejército privado, la Fuerza Pública, a someter a la población a los trabajos forzados. Si no cumplían eran asesinados, violados o en otros casos les cortaban las manos, orejas, narices, senos y los decapitaban, matándolos igual que a sus familias. Se calcula que al menos 10 millones de personas perdieron la vida en estos años. Leopoldo murió en el 1909, pero durante su reinado, la población del Congo se redujo de 30 a 9 millones de habitantes.

Primera Guerra Mundial (1914-1918)
Se estima que el coste humano de esta guerra fue de 23 millones de muertos, 9 millones de los cuales eran militares y el resto civiles. En esta cifra se incluye el millón y medio de armenios que fueron masacrados por orden del gobierno turco laico liderado por Enver Pashá a partir de 1915 en Anatolia y Siria. También se incluyen los 10 millones de civiles rusos que murieron.

Joseph Stalin
Joseph Stalin, dictador de la Unión Soviética entre 1924-1953, fue responsable de la muerte de 40 millones de personas, entre purgas, hambrunas, colectivizaciones forzosas y limpiezas étnicas de ucranianos, chechenos, etc. Otros 4 millones de rusos murieron por la paranoia del “zar rojo” en autotitularse “estratega militar” y tratar de conducir las operaciones en los primeros meses de la invasión nazi a la Unión Soviética. Entre 1932 y 1933 provocó la muerte de 7 millones de personas por hambruna al cortar los suministros de elementos básicos con el deseo de erradicar el espíritu de independencia del estado georgiano.

Segunda Guerra Mundial (1939-1945)
La Segunda Guerra Mundial resultó en aproximadamente 60 millones de muertos en el mundo, 25 millones de los cuales eran militares y el resto civiles. La Unión Soviética tuvo 23 millones de muertos por efectos de la guerra con la Alemana nazi y Japón. El Holocausto, o persecución y asesinato sistemático organizado, provocó la muerte aproximadamente 6 millones de judíos por el gobierno nazi y sus colaboradores. La bomba atómica lanzada por EE.UU. sobre Hiroshima produjo la muerte de 120.000 causó otros 70.000 heridos. La lanzada sobre Nagasaki causó 40.000 muertes y 25.000 heridos. Entre 1940 y 1945, los aliados descargaron sobre Alemania un millón trescientas cincuenta mil toneladas de bombas. En la ciudad alemana de Dresden se produjo la mayor concentración e bombardeos. En total, los aliados arrojaron sobre Dresden en menos de 14 horas de bombardeo un total de 4.000 toneladas de explosivos y bombas incendiarias.

Masacre Francesa en Argelia
Entre 1956 y 1962 las fuerzas armadas de Francia y sus servicios de inteligencia asesinaron a un millón doscientos mil argelinos durante la Guerra de Liberación de ese país norteafricano.

La Guerra de Vietnam (1964-1975)
La guerra de Vietnam enfrentó a los EE.UU. y el gobierno de Vietnam del Sur por un lado, contra Vietnam del Norte y las guerrillas comunistas que actuaban en Vietnam del Sur por otro. Esta guerra supuso la muerte de 58.000 americanos (según cifras oficiales) y 224.000 survietnamitas. Del otro bando, 6 millones de vietnamitas, entre civiles, la mayoría, y soldados.

Mao Zedong
En 1949, bajo el liderazgo de Mao, el Partido Comunista se hizo con el poder en la China continental. Con ello se introduce el comunismo en China, donde los planteamientos del marxismo-leninismo se caracterizan por intensas campañas de reafirmación ideológica, que provocarían grandes conmociones sociales y políticas en China, como el Gran Salto Adelante y especialmente la Revolución Cultural. Las cifras estimativas del número de muertes que ocasionaría a consecuencia de hambrunas y represiones varían entre 10 y 70 millones de personas.

Camboya y Pol Pot
Este país, de 8 millones de habitantes en 1975, se convirtió en un campo de concentración, en el que todas las actividades eran planificadas por el Partido, dirigido por Pol Pot. Los sentimientos humanos eran despreciados y considerados un pecado de individualismo, el canibalismo se convirtió en costumbre por la hambruna. En solo tres años y ocho meses, más de 2 millones de muertos para una población total de 8 millones.

La Masacre de Ruanda
En 1994, el gobierno hutu de Ruanda temía una invasión de los tutsis que habían sido antes exiliados, por lo que distribuyó garrotes, machetes y azadas entre los habitantes, que aniquilaron en sólo 100 días a 800.000 tutsis, el 75% de su población. Este genocidio terminó cuando los tutsis tomaron la capital, que en represalia mataron, al menos, a 25.000 hutus…

Referencias:

domingo, 5 de octubre de 2014

Presentación en Córdoba de El Profeso y el opio


Buenas tardes señoras y señores, quiero expresar mi agradecimiento a mi buen amigo Fernando Alcaraz por haber organizado este acto en el Real Circulo de la Amistad de Córdoba, con la colaboración de Eduardo Cadenas, a mis acompañantes Federico Roca de Torres, presidente del Real Circulo de la Amistad, a  Helena Cosano, diplomática y escritora ganadora del premio literario Rubén Darío, al historiador y escritor Javier Bahamonde que organizó a finales de julio un espléndido evento similar en el Real Club Náutico de La Coruña, a mi editor Basilio Rodríguez Cañada, presidente del grupo editorial Pigmalión Ediypro, así como a todos los asistentes. 

Hace unos años, cuando todavía era joven y aventurero, investigué a una persona que cambiaría el rumbo de mi vida. Cuando escribí mi primer libro Retratos, publicado por la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, mi antepasado el conde Galeazzo Marescotti, héroe de Bolonia llamó fuertemente mi atención. Decidí entonces escribir mi primera novela histórica El Confaloniero, basada en su figura y en los sucesos del feudo de Bagnocavallo, otorgado por el emperador Carlomagno al primero de aquel linaje: Mario el Escocés, a principios del siglo IX. Tras esa primera novela, escribí un libro de antropología titulado Orientalia, basado en mis numerosos viajes a Oriente, pero pensaba como continuar con las novelas históricas, aprovechando los exóticos paisajes que había conocido. Fue entonces cuando me surgió la idea de crear un antepasado de ficción, Giangaleazzo Ruspoli, tomando ejemplo de ese predecesor. Luego me pregunté: ¿Qué características tendría el personaje? Teniendo en cuenta mis largos años de colaboración con la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, pensé en convertirlo en un caballero de Justicia o Profeso de la Orden, el grado más alto, con los tres votos de obediencia, castidad y pobreza. Mi personaje se denominó desde ese momento fray Giangaleazzo. Además, tenía que definir las virtudes, capacidades y especialidades de fray Giangaleazzo, lo cual fue fácil, porque le atribuí las facultades que a todos nos gustaría tener. Fray Giangaleazzo fue seduciéndome con cada una de sus aventuras, hasta ejercer en mí el hechizo que despiertan los grandes detectives de la literatura, como Hércules Poirot o Sherlock Holmes. ¿Saben Ustedes que la fecha de la primera edición del Profeso y el opio concuerda con el aniversario del nacimiento de Sir Arthur Conan Doyle? 

Gracias a las investigaciones de Fray Giangaleazzo, el lector puede profundizar en su universo, en su carácter peculiar, en su exquisita cultura, en su círculo familiar, cargado de luces y sombras. Mi protagonista nació en 1137 en Siena, en el seno de una noble y adinerada familia y creció junto a sus seis hermanos. A los diez años de edad, dos lamas tibetanos se presentaron en la residencia familiar de los Ruspoli y le examinaron por ser la posible reencarnación del lama Shiakamuni, padre de la medicina tibetana. Más tarde, cursó sus estudios universitarios en Florencia y Roma. A los veinte años ingresó en la Orden de San Juan de Jerusalén donde estudió medicina, cirugía, derecho canónico, esgrima, arquería y defensa personal y se convirtió en caballero Profeso a los cinco años, con votos solemnes. Sin embargo en un momento de pérdida de memoria tuvo una relación con una noble franco-egipcia de la que nació́ su única hija Ginebra. Tras ejercer durante años la medicina y la caballería en Tierra Santa, sus inquietudes fueron llevándole hacia otros terrenos, centrándose sobre todo en la investigación que poco a poco se convierte en su principal actividad, por la que es llamado a resolver los casos más difíciles. El pasado fray Giangaleazzo, héroe de la antigüedad, se transforma en un asombroso investigador de otras épocas, porque viaja en el tiempo y en el espacio y puede estar en cualquier parte, gracias a la técnica de meditación trascendental cuántica aprendida de los lamas tibetanos. Su aspecto, en casi todas las novelas, recuerda al triste hidalgo Don Quijote de la Mancha de Cervantes, es decir un hombre que ronda los cincuenta años, de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro; gran madrugador, amigo de la oración, de la meditación, de la caza, de las artes marciales y de la buena condición social. Como todos los genios, Giangaleazzo tiene enemigos que le han marginado y perseguido, e incluso le han maltratado, torturado, apresado, esclavizado, condenado, emparedado, por suerte sin lograr quitarle la vida. Sus amigos o enemigos comprenden de inmediato que se encuentran ante un ser sorprendente, un investigador superdotado, una mente única, compleja y clarividente al servicio de los necesitados y de la justicia.

El Profeso y el opio es una novela muy especial para mí porque denuncia de los estragos de la droga y la tragedia del narcotráfico en el siglo XIX, así como relata el mal comportamiento de los ingleses contra los chinos. El empresario estadounidense Warren Buffet dijo una vez que: « sólo cuando baja la marea se sabe quién nadaba desnudo.» Por mi antigua ascendencia escocesa, me avergüenzo de los ingleses por las dos guerras del opio y los millares de muertos chinos por ese motivo. Inglaterra se aprovechó descaradamente de su superioridad militar para imponer sus intercambios comerciales, centrados esencialmente en te chino a cambio de opio indio, en lugar de la plata que pedían los chinos. Las dos guerras se desarrollaron al principio para asegurar el control del mar de China y luego de sus vías de comunicaciones fluviales. Los dos factores que determinaron la superioridad inglesa fueron su artillería y sus buques de guerra de vela que ya habían incorporado la navegación a vapor. En lo referente a la artillería, uno de los principales cambios, además del aumento progresivo tanto de los calibres como de los alcances de los disparos, fue el reemplazo de balas macizas de plomo cargadas por las bocas de los cañones, por obuses explosivos cargados por las culatas de los mismos. Aunque reducidas en número, estas piezas fueron siendo cada vez de mayor tamaño y mayor alcance. Los chinos no disponían de estos avances militares, así que desde un buque de guerra inglés se podía bombardear una fortaleza china, sin que su artillería alcanzara los buques de guerra británicos. La flota china compuesta por juncos de vela no tuvo ninguna oportunidad, sus cañones nunca llegaron siquiera a inquietar a los ingleses. Por ello, Inglaterra se apropió, sin oposición, de territorios como Hong Kong, Kowloon y Lantau, con la excusa de apoyar su lucrativo comercio. Pero también, tras aniquilar la flota china y sus defensas en tierra, su ejército saqueó y quemó parte de la Ciudad Prohibida de Pekín y del Palacio de Verano, del siglo XV, unos actos de expoliación graves e injustificados. Los historiadores calculan que entre las dos guerras del opio y la importación ilegal del opio británico, murieron cerca de 60 millones de chinos. Giangaleazzo participa en estos sucesos situándose al lado de los emperadores de la dinastía Qing, para ayudarlos en la lucha contra los ingleses y los sediciosos Taiping. Estará acompañado esta vez por su mujer Ileana, su hija Ginebra y su fiel mayordomo, el señor Gordon. Todos asumirán unos papeles como personajes de la dinastía Douglas. La gran labor de Giangaleazzo será finalmente premiada con el título de Mandarín de la corte imperial y con el monopolio del comercio en sus plazas principales. 

El libro El Profeso y el opio forma parte de la colección El Profeso, una serie de quince novelas históricas, cuyos epítomes pueden encontrarse en mi blog. Os anuncio con gran satisfacción  que se publicará en noviembre la última y tal vez más compleja novela de la serie: El Profeso y la masonería. 

Giangaleazzo, su hija historiadora Ginebra, su mujer profesora catedrática de historia Ileana y su leal mayordomo y ex agente del FBI el señor Flash Gordon han participado, intermitentemente, en las múltiples misiones ejecutadas por el Profeso en los cinco continentes, y en diferentes épocas que van desde el siglo III, Bajo Imperio romano, hasta la Contemporánea, pasando por la Edad Media y el Renacimiento. 

Espero que lean con fruición este libro y, si les ha gustado, que disfruten de otras obras de la serie como por ejemplo de la novela que se va a estrenar, El Profeso y la masonería, sin olvidar que el constante esfuerzo de Giangaleazzo, a favor de la paz y de la justicia, intenta hacer realidad las estrofas que dedicó en 1671, como cántico, Pedro Calderón de la Barca, en el certamen poético en honor de la canonización de San Francisco de Borja, decimocuarto abuelo de mi mujer:

           Que el blasón heredado
           es un tesoro hallado
           sin el heroico timbre de adquirido,
           pues sólo lo merece
           el que a ser más de lo que nace, crece.

Precisamente hoy, tres de octubre se celebra la festividad de  San Francisco de Borja, cuarto duque de Gandía, patrono en España de las ciudades de Gandía, Valencia y Bonares, de la nobleza española y de la cetrería. Muchas gracias por escucharme.





PRESENTACIÓN DEL LIBRO ‘EL PROFESO Y EL OPIO’. El duque de Plasencia y escritor Carlo Emanuele Ruspoli presentó en el Círculo su libro El profeso y el opio. 
Intervinieron la diplomática Helena Cosano, el historiador Javier Bahamonde y el editor Basilio Rodríguez Cañada.  (Diario Córdoba, 4/10/2014, pag. 22)
















lunes, 29 de septiembre de 2014

Premio Internacional Rubén Darío





Conocí a Helena Cosano en Túnez, en la embajada de España de la que su padre era jefe de misión. Se estableció entre nosotros en seguida una corriente de simpatía que se mantuvo desde entonces. Fue precisamente allí donde Helena nos entregó su libro Almas Brujas, mariposas, otros cuentos y poemas alados, en el que pude profundizar en el conocimiento de su asombroso carácter y de su señal espiritual que queda como efecto de experiencias importantes, de su sensibilidad y propensión natural a dejarse llevar por los afectos de compasión, humanidad y ternura, de su capacidad de desvelar las perturbaciones anímicas, tristezas, depresiones, abatimientos, desconsuelos de sus personajes y de su asombrosa pluma capaz de ofrecer una visión mágica de sus relatos y sus prosas poéticas. También me impacta su faceta de traductora, en este caso del alemán, del libro Fama de Daniel Kehlmann, nueve historias que se relacionan con el móvil, el desasosiego de nuestra época, ya que nos obliga a estar siempre localizables. Solo leí la traducción de Helena, pues no domino aquel idioma,  una versión que alcanza un tal grado de refinamiento, como si el texto original estuviera escrito en castellano. 
Gracias a Helena contacté con Basilio Rodríguez Cañada, presidente del grupo editorial Sial Pigmalión, y lógicamente pedí a Helena que fuera madrina de mi primer libro publicado en esa empresa, una novela histórica. En la presentación de la novela, que se hizo precisamente en esta misma sala, Helena estaba a mi derecha y pude descubrir el secreto de la elaboración de su discurso. En un folio, Helena había escrito a mano con una letra diminuta, pulcra, sin errores ni tachaduras, y a doble espacio, los distintos capítulos de su discurso. El resultado fueron diez minutos de una oratoria fluida y brillante. Espero que me perdone por esta confidencia.
Sial Pigmalión convoca ese prestigioso Premio Internacional de literatura Rubén Darío 2014, y me brindó el honor de ser miembro del jurado que ha fallado a favor de Helena Cosano, una revelación literaria ya consolidada. 
¡Mil enhorabuenas Helena por tu óptima literatura! Espero seguir disfrutando de ella durante mucho tiempo, pues como dijo Adolfo Bioy Casares, escritor argentino, Premio Cervantes en 1990: 

«La eternidad es una de las raras virtudes de la literatura.»

Como tributo a Helena, quien en Galicia es denominada la brujita mariposa, 
en la obsesión de uno de sus personajes, la pintora que acaba apuñalando 
en la bañera al hombre que marcó su vida, citaré estos versos del gran poeta 
y académico sueco del siglo XIX Per Daniel Amadeus Atterbom, extraídos de 
su gran obra La isla de la felicidad.

Ahora, muerto digno de plañido, 
Céfiro te brindará 
su último tributo; tu amistad lo merece. 
Alto sonará tu amargo destino 
en mis notas 
cuando la luna despunte, cuando el sol todo lo dore... 

Y más de su obra La Rosa: 

Tan sólo un corazón late en toda la eternidad. 
Tan sólo una ley obedezco: la que éste ha ordenado. 
En una infinidad de manifestaciones bate su sangre, 
y todos extinguen su sed en ese gran río de existencia. 
Así comparto conmigo, para que se consuma el tiempo, 
esa corriente que fluye llena del encanto de la vida; 
si esa ola de lo que pasa y decae forma espuma, 
¿no es tan sólo eso el ritmo, en la procesión apurada de las horas?