viernes, 22 de julio de 2016

Alfonso de Puig y Pérez de Guzmán

Alfonso de Puig y Pérez de Guzmán




Esta noche, Alfonso falleció tras una larga enfermedad. Perteneciente a una destacada y noble familia, Alfonso era licenciado en derecho por la Universidad Complutense de Madrid y MBA (Master Business Administration) por el Instituto de Empresa de Madrid. Casado en 1975 con doña María Luisa Cañal y de Orozco, tuvieron dos hijos Almudena y Alfonso. Era Gerente en Refancon, S.L. una empresa de construcción con sede en Las Rozas de Madrid.  Fue para mí un honor ser su amigo, un ejemplo de fortaleza, de integridad, de sentido del humor y de generosidad. Pese a su encarnizada lucha contra el mal que le atormentaba, nunca dejó de actuar en el coro benéfico religioso en bodas y funerales.  Atrajo en sus actividades a mucho amigos, entre ellos yo mismo que formé parte de un grupo de jugadores de golf presidido por él y que estuve a punto de formar parte del coro donde se habían incorporado otros buenos amigos. Como arquitecto, colaboré en ocasiones y con excelentes resultados con la empresa Refancon que Alfonso creó. Le echaremos mucho de menos, porque Alfonso era el alma de nuestro grupo de amigos, era capaz de unir por medio de su ironía. Creaba una corriente de reacciones a sus mordaces comentarios alrededor suyo, cuyo único fin era el de consolidar la amistad del grupo. ¡Cuántas horas pasé con él hablando de nuestras experiencias!
Para despedirme de ti, mi gran amigo, tomaré prestadas las hermosas palabras de San Agustín que tal vez sirvan de consuelo para todos los que te quisimos: « No llores si me amas. ¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudieras oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos! ¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudieras contemplar, como yo, la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen! ¿Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras, y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades? Créeme: cuando la muerte venga a romper tus ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban, y cuando un día que Dios ha fijado y conoce, tu alma venga a éste Cielo en que te ha precedido la mía, ese día volverás a ver a aquél que te amaba y que siempre te ama y encontrarás su corazón con todas sus ternuras purificadas. Volverás a verme, pero transfigurado, extático y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando contigo, a quien llevaré de la mano por los senderos nuevos de la luz y de la vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios néctar del cual nadie se saciará jamás. Enjuga tus lágrimas y no llores si me amas. Cuando tenga que dejarte por un corto tiempo, por favor no te entristezcas ni derrames lágrimas ni te abraces a tu pena a través de los años. Por el contrario empieza de nuevo con valentía, con una sonrisa por mi memoria. En mi nombre vive tu vida y haz todas las cosas igual que antes. No alimentes tu soledad con días vacíos sino llena cada hora de manera útil. Extiende tu mano para confortar y dar ánimo y a cambio yo te confortaré y te tendré cerca de mí; ¡Y nunca, nunca tengas miedo de morir porque yo estaré esperándote en el Cielo!»


De derecha a izquierda: Alfonso Puig, Carlo Ruspoli y César Álvarez



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